Vivir juntos, morir solos

Un salvavidas entre las dunasLa desaparición del permiso de 7 días por enfermedad terminal de un familiar sería una incorrección, una falta de respeto al duelo de muchos funcionarios asturianos.

Si no acontecen mayores desgracias, los primeros contactos con la muerte en la vida del individuo suelen ser abuelos o bisabuelos. De niños primero y en nuestra edad adulta después, aprendemos que la vida tiene una última estación. Llorar la pérdida, sobreponerse a la misma y llegar a superarla forman un rito tan antiguo como el tiempo.

En la cultura asturiana, funerales, pésames, velatorios, entierros y cabos de año son una pieza más de ese rompecabezas que conforma nuestra identidad. Recuerdo acompañar a mi abuela a esas aburridas reuniones -eso me parecía siendo niño- donde parientes y amigas acarreaban la pérdida y llevaban la cuenta de quienes se quedaban en el camino. Antes de la primera ausencia consciente, la muerte era para mí un lugar donde las paredes tenían papel pintado y las señoras hablaban de ella entre taza y taza de café.

Cuando mi abuela materna murió, yo ya rondaba la treintena. No puedo escribir más de tres líneas sobre el tema sin que el frío se me agarre a las entrañas. El suceso me sirvió para reconocer la verdadera función de todas aquellas convenciones sociales: una educación en el adiós que ninguna escuela puede enseñar.

“Todas las criaturas de este mundo mueren solas”, le susurra Roberta Sparrow a Donnie Darko en esa obra maestra de Richard Kelly. Es lo primero que me pasa por la mente cuando leo en La Nueva España que, entre los recortes a la Función Pública que contempla el Principado de Asturias para este otoño, figura la supresión de los 7 días por enfermedad terminal de un familiar.

La discusión no se ciñe únicamente al plano cuantitativo. A buen seguro que este recorte no impedirá a los trabajadores acompañar a sus seres queridos en el tramo más terrible que puede sufrir una persona. Sin embargo, hay algo profundamente erróneo en la supresión de este derecho como tal; muy similar a la severidad con la que se castiga esa costumbre tan poco decorosa de yacer enfermo. Es una incorrección, una falta de respeto a una cultura silenciosa que acompaña a los asturianos. Imponer el trabajo sobre la desgracia es menospreciar, también, la vida misma.

“Vivir juntos, morir solos”, dicen en Perdidos. No creo que sea ese el legado que hemos de transmitir a nuestros hijos, tampoco lo más justo para aquellos que se quedan atrás. Sin embargo, parece que la crisis hace suyo el lema de La Muerte, uno de los mejores personajes en la saga cómica del Mundodisco: “La justicia no existe. Sólo existo yo.”

Imagen: Flickr | Dan Brady

Anuncios

2 pensamientos en “Vivir juntos, morir solos

  1. Y qué pasa con el resto de trabajadores, no funcionarios, que no disponen de siete días libres cuando sus familiares están enfermos? Nadie entonces se dio cuenta de que no tenían esos días hasta que los perdieron los funcionarios? Qué pena que no todos los trabajadores estén regulados por el mismo convenio… el de los funcionarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s