Dos noches y un amanecer: sobre periodismo, despidos y protestas

Entre los días 25 y 29 de septiembre, noches de golpes y miedo. Entre 2007 y 2012, ocaso de la prensa y despidos de periodistas. Necesitamos un pronto amanecer.

Prensa y revistas

La noche de los palos

El 25 de septiembre era de noche en el periodismo. El programa que aparecía en mi televisor era La Noche en 24 Horas; el tema, la protesta masiva en Neptuno y lugares aledaños. Adornaban la mesa un selecto grupo de tertulianos cuya orientación ideológica oscilaba entre el centro mareado y la derecha más recalcitrante. Mientras tanto, en el streaming de la web de RTVE, la cámara apuntaba impasible a los furgones de la Policía y el hueco artificial que generaban los antidisturbios. Durante el programa, Ana Ibáñez anunció la posibilidad de seguir los acontecimientos del 25-S a través de una ventanita durante la emisión del debate. No aguantó demasiado.

No relataré los pormenores del programa ni el argumentario esgrimido. Baste decir que, a pocos minutos de finalizar el bloque dedicado a la protesta, la presentadora del programa  recordó, con esos gestos que indican una revelación a través de pinganillo, que la concentración era “ilegal”. Desesperado, rastreé todo el mando a distancia para encontrar un punto de vista más ecuánime, pero no lo había. En toda la Televisión Digital Terrestre Española, ningún canal emitía las protestas.

Llegó el día después y las portadas incendiaron las redes. “La protesta ante el Congreso acaba entre cargas policiales”, decía El País. “La Policía protege el Congreso y carga contra los asaltantes”, glorificaba el ABC. “La Policía, obligada a proteger el Congreso empleando la fuerza”, se resignaba El Mundo. “25-S: Golpe a la Democracia”, vociferaba La Razón. Todo ello acompañado de una salsa de cifras tan sabrosa que a servidor de ustedes le costaba distinguir el caviar de la panceta.

Quedaban Twitter, Youtube y los medios digitales. Rivendel tecnológico en el que nos refugiamos para intentar despejar la niebla, cada vez más pegajosa, de portadistas y opinadores profesionales. Fue en éste último valle donde supimos de la tenebrosa actuación en Atocha, los arrestos con incomunicación, los policías sin identificación visible y la iluminación de personas mayores por obra y gracia del toletazo.

Muchos fueron los que llegaron al 29-S con la lección aprendida. Telecinco y La Sexta se pegaban por ganarse a la audiencia con encendidos debates y extensas coberturas en directo. El País ofrecía una emisión por streaming y todo parecía un poco más periodístico. Pero allí estaba Delegación de Gobierno para chafar, en la medida de lo posible, la cobertura.

La noche de la prensa

Fue vergonzoso presenciar las agresiones a periodistas y la justificación de Cristina Cifuentes ante las mismas. Siempre se puede empeorar, claro está; tomemos como ejemplo a Paco Marhuenda, que mostraba su extraordinaria placidez ante los golpes y destrozos de material en Al Rojo Vivo, programa al que acude como un Gargamel de los tiempos modernos.

Pero no se vayan todavía, aún hay más. Mientras las cifras de los diarios y Delegación de Gobierno resistían con valentía al invasor, un nuevo tsunami de despidos se cernía sobre trabajadores de Prisa y Unidad Editorial. Los diarios de ambos grupos, por supuesto, no dejaron que la realidad les estropease una buena noticia. Así titulaba El País un cambio muy significativo en su estructura:

"El País integra las noticias locales en un periódico más global y coherente"

Las traducciones a la lengua común no tardaron en aparecer a través de las redes sociales:

En cuanto a Unidad Editorial, tampoco le fue a la zaga a su competidor más directo. Tras la noticia de otro ‘hachazo’ que afectaría a 200 trabajadores del grupo y el pasado ERE de junio que recortó 113 puestos en El Mundo, Pedro J. Ramírez entonaba un Aleluya por su muro de pago bajo el título Hacia una nueva edad de oro de los periódicos. Entre otras perlas, Ramírez le pega un amistoso tirón de orejas a Tim Berners-Lee por no inventar junto a la World Wide Web una vía de escape a los modelos tradicionales de negocio. Como toda ocasión es poca, también lanzó puñal a la prensa gratuita en internet, acusándola de “huir hacia adelante”.

Camuflar ERE’s, cierre de delegaciones y recortes de plantilla bajo la apariencia de mejoras en la estructura y buenas noticias para el sector no es una maniobra muy diferente de la empleada en el Consejo de Ministros al hablar de “medidas” para dinamizar la economía en lugar de “recortes”. El tránsito es doloroso, según el director de El Mundo, y nos recuerda al Via Crucis que nos anuncian De Guindos y Montoro todos los viernes. Los periodistas llevan tres años ahogándose en medidas de austeridad, sueldos de miseria, presiones de políticos y una conciliación prácticamente inexistente.

El amanecer de un nuevo periodismo

Tal vez quede cerca esa Edad de Oro que nos prometen, pero antes el periodismo debe emerger de la Edad Oscura en la que leva sumergida los últimos cinco años. Si los diarios quieren renacer como Cuarto Poder, deben recuperar ideales largo tiempo olvidados. Deben buscar la verdad, en lugar de aceptar falsedades; deben ejercer vigilancia sobre los poderes públicos y privados, en lugar de intentar ejercer influencia o ser influenciados por ellos; deben luchar por su independencia, en lugar de rendirse a la mordaza, y deben defender a su trabajador, el periodista, contra cualesquiera abusos que se intenten cometer para impedir el libre ejercicio de su trabajo.

En este último aspecto se encuentra, por supuesto, el respeto por la labor periodística. Un respeto que se pierde arruinando la información recogida con un titular o portada tendenciosos, manipulando en exceso el texto ya redactado o eliminando el mismo por motivos ajenos al código deontológico y la búsqueda de la verdad. Todas ellas prácticas que, en mayor o menor medida, vician el sector y sirven de cómplices a la crisis estructural que atraviesa.

Pensarán que todo esto es difícil de acometer, tal y como está el patio. Sin embargo, existen dos grupos que tienen, en sus manos, la posibilidad de cambiar el rumbo del navío de papel, que surca las aguas directo a la gran catarata.

El primer grupo lo conforman los directores y directivos de medios. Si bien son ellos los últimos responsables de un periodismo a la deriva en sus valores, también se hallan en una posición privilegiada para corregir la misma, guiando y protegiendo a sus empleados, ejerciendo de augures y mediadores ante accionistas y grupos editoriales. Si cualquier director levantase la cabeza y mirara a su alrededor, descubriría decenas o cientos de periodistas que solo necesitan luz verde para confeccionar una información atractiva, independiente y orientada a buscar la verdad.

El segundo grupo lo conforman periodistas y lectores. Los primeros, agrupándose para conseguir un cambio de rumbo por parte del statu quo actual o, en su defecto, buscar nuevos modelos y fundar proyectos basados en los ideales que, anteriormente, se han descrito. Los segundos, blandiendo el arma más poderosa de la que disponen actualmente: la economía de la libre oferta y demanda, comprando una prensa que les ofrezca información y renuncie a la manipulación e influencias externas. Solo entonces estaremos cerca de esa Edad de Oro que tanto ansiamos quienes trabajamos con la información y quienes la consumen.

El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.

-Mariano José de Larra

Imagen: Flickr | Thomas Leuthard

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