Carlos Muñíz: “La exclusión no es solamente falta de dinero”

Desde el año 2000, la Asociacion Mierense de la Cocina Solidaria (AMICOS) ofrece, en el número 8 de la calle Clara Campoamor en Mieres, un lugar al que cualquier persona en situación de pobreza, vulnerabilidad o exclusión social puede acudir para disfrutar de una comida caliente, así como ayuda y orientación. Carlos Muñíz Fernández, presidente de AMICOS, charló con Periodismo Asturiano sobre el funcionamiento del Comedor Solidario, sus necesidades en la lucha contra la pobreza y la gran respuesta ciudadana en una crisis donde, cuanto más desciende el apoyo de las instituciones, más aumenta el de las personas.

Carlos Muñíz Fernández, en el Comedor Solidario de Mieres. Imagen de Pablo Gómez

Carlos Muñíz Fernández, en el Comedor Solidario de Mieres. Imagen de Pablo Gómez

¿Dónde surgió la idea de fundar AMICOS y el Comedor Solidario?

La idea surgió de un grupo de gente de Mieres. En concreto, del Rotary Club.

¿Qué es el Rotary Club?

Una entidad filantrópica mundial. Digamos que funciona como una franquicia, en muchas ciudades del mundo existen clubs rotarios. En Asturias, ahora mismo debe haber en Gijón, Avilés y Oviedo. Lo hubo en Mieres, pero se deshizo más o menos en 2006. Son gente que organiza cosas para bien de la comunidad.

Y allí fue donde se gestó…

Fue uno de los proyectos. El Doctor José Cardeñoso fue el primer presidente que tuvo. Era un médico de prestigio en Mieres, cirujano en Murias. Él fue un poquito el alma o la cabeza visible del comedor. Una vez se puso en marcha, el proyecto funcionó de forma independiente al Rotary

¿Por qué un comedor?

Vimos que en las principales ciudades de Asturias había comedores sociales y que aquí no había. Entonces lo pusimos en marcha. En el 98 se registró la asociación como tal. El paso definitivo para poner en marcha el comedor se dio cuando el párroco de La Peña, Orestes, nos cedió temporalmente un local parroquial en la zona. Allí pusimos en marcha el primer comedor.

¿Cuándo iniciaron su actividad?

En el 2000. En Abril del 2000 se sirvió la primera comida. Estuvo allí año y medio, me parece. Era es un sitio algo alejado y a veces había más voluntarios que comensales.

Quizá la ubicación no era la adecuada…

Claro. Había que ir hasta allí, era poco conocido… Pero empezó a acudir gente, sobre todo de los alrededores. En el 2001 conseguimos un local de alquiler en el centro de Mieres; en la calle Clara Campoamor, que es donde estamos ahora. Y ahí ya mejoró un poco la cosa porque estaba más céntrico, nos dimos más a conocer. En La Peña no había cocina, dábamos comida de catering. Aquí ya instalamos una pequeña cocina, y empezamos a elaborar las comidas con cocineros y cocineras voluntarios/as. Desde entonces, estamos aquí.

¿Qué servicios ofrece el Comedor Solidario?

La comida del mediodía, que elaboramos y servimos aquí. Cuando se van, se llevan para casa una bolsa que normalmente incluye un bocadillo de embutido, y suele levar también bollería o algo para que desayunen el día siguiente. Yogures, leche… Lo que haya en aquel momento.

Una cesta básica.

Sí, para cenar o incluso desayunar. Comen allí y se llevan la cena para casa.

¿Cómo se sustenta el comedor social?

Tenemos socios. Ahora andamos cerca de los 380 o 390 socios que abonan una cuota voluntaria.  En el 2012 hemos tenido subvenciones de la obra social de Cajastur. También tuvimos una subvención de una fundación andorrana por el plazo de un año. El ayuntamiento ayuda también, lo poco que puede.

¿Reciben ayuda del Gobierno Regional?

Estuvimos recibiendo de subvenciones de la Consejería de Bienestar Social durante unos años. Se interrumpieron hace dos o tres años.

¿Les dijeron la razón?

Una vez porque se había acabado; van dando y cuando se acaba, se acaba. Hace dos años recurrimos por una ayuda sin mucho éxito. Nos dijeron que se había entregado fuera de plazo.  Al parecer hubo un retraso en Correos… Nos las rechazaron por un tema formal, pero yo creo que se había acabado el dinero o había otras prioridades.

¿Supuso aquello un problema para el funcionamiento del comedor?

Tampoco eran grandes cantidades. En los últimos años, el Principado no nos ha dado nada. Aunque algo de lo que nos llega del Ayuntamiento es a través del Principado, fondos como ayudas a la inmigración, que se reparten entre las distintas asociaciones. En 2012 recibimos dos o tres cosas del ayuntamiento que eran de 2011. Ahora el tema del dinero público está muy complicado.

¿Qué hay de los donativos particulares?

Hay mucha gente que, de forma anónima, nos ingresa en la cuenta; o van al comedor y donan alimentos, también. En cuanto a alimentos estamos bastante bien surtidos. Todos los días compramos carne, pan pescado… pero de lo que es no perecedero estamos surtidos con donativos.

De todas esas fuentes, ¿cuál diría usted que supone la mayor aportación?

Debe andar como a tercios. Una de las cosas por las que hemos subsistido -y creo que estamos ahora bien situados por que tenemos reservas- es no depender al 100% de subvenciones, que el día que fallen puede venirse abajo. Tenemos bastante de socios y donativos. Si ahora se cortasen todas las fuentes de financiación, igual podríamos subsistir año y medio, dos años.

¿Cuánto personal tienen trabajando en el comedor?

Tenemos dos trabajadoras: la trabajadora social, que está a media jornada; y la cocinera, que la tenemos contratada a 4 horas. Son los dos únicos sueldos, lo demás es todo voluntariado.

¿Qué número de personas utilizan el comedor?

Al año pueden pasar por allí sobre 200 personas distintas. Algunas pasan un día, otras pasan todos los días.

¿Cuántas comidas sirven al día?

Unas 30, más o menos. Ahora en estos últimos días se ha disparado y han llegado a 38. Otros días baja a 20. Es fluctuante.

Parte de las dependencias del Comedor Solidario. Imagen de Pablo Gómez

Parte de las dependencias del Comedor Solidario. Imagen de Pablo Gómez

¿Qué tipo de usuarios suele tener el comedor?

Cuando esto empezó eran, sobre todo, toxicómanos, ex toxicómanos, algún enfermo mental de estos que están mal controlados, que andan por ahí así un poco tirados… El pobre típico de toda la vida. También inmigrantes.

Ese es, digamos, el escenario pre-crisis, ¿ha cambiado esa tipología?

Ahora está cambiando, pero tampoco demasiado. Para venir a comer al comedor, hay que estar muy cerca. Suele venir gente del centro de Mieres. Es difícil que baje alguien de Turón a comer todos los días, porque le costaría más pagar el autobús que comprar un bocadillo allí. Por ello, sigue siendo el mismo tipo de población. Pero ya se ha notado el cambio, en el sentido de que ya viene alguna familia. En momentos de vacaciones escolares, ahora hay gente que viene con sus hijos, porque ya no tienen el comedor escolar. Pero básicamente son gente sola. Predominan hombres. Inmigrantes también, aunque ahora ha bajado un poquito. ha bajado un poquito también ahora lo de la inmigración.

¿Hay otros factores aparte del económico?

La mayoría sigue teniendo antecedentes de consumo de drogas, alcohol, enfermedades mentales en el sentido de que es gente que, aunque podría comer en casa tranquilamente, no sabe. Hay quien ni tiene cocina ni tiene luz… Sí se ha notado el cambio, pero no tanto como aparece en los medios de comunicación. Al menos, no en nuestro caso.

En Oviedo ha afectado mucho a las clases medias…

Aquí hay dos diferencias: en las Cuencas –o en Mieres, en concreto- tenemos las prejubilaciones. Hay mucho apoyo, o bien por familias o bien por abuelos. Todavía se mantienen un poquito la clase media porque hay apoyo. Si esto no acaba en unos años… ya veremos. Y luego que es pequeño. No es lo mismo un sitio como Oviedo con 200.000 habitantes…

Donde “no te conoce nadie”…

Eso es, más anónimo. Aquí para venir al comedor, a una familia normal o normalizada, o que estaba normalizada, le cuesta más. Casi todos nuestros usuarios o son gente sola, desarraigada.

¿Es duro, para una familia convencional, dar este paso?

Sí. Nosotros, por ejemplo, estamos recibiendo muchas peticiones de comida. Peticiones también de gente que dice “oye, conozco una familia que lo está pasando bastante mal, si nos dais algo de comida”. Nosotros hasta ahora no nos dedicamos a ello como hace Cáritas, por ejemplo, ahora en Navidad: hace recogida de alimentos y manda pasar a familias, les hace un pequeño control para comprobar que son necesitadas, y ya. Nosotros de momento no hemos querido entrar en eso, porque no tenemos infraestructura ni personal de calle para ir a las casas, por lo que nos hemos centrado en dar de comer a las personas que vienen aquí.

¿Tienen pensado iniciar algo al respecto?

Hemos hecho, a lo largo de 2012, un proyecto de prueba. Como nos sobraban alimentos no perecederos, hicimos una especie de ‘packs de emergencia’ con legumbres… lo que haya en cada momento. Se las hemos ofrecido al resto de las entidades: Caritas, Cruz Roja, los servicios sociales municipales… y les hemos dicho: “si tenéis alguna familia, o alguna persona, que en un momento dado necesite urgentemente algo, tenemos esto aquí y lo ponemos a vuestra disposición” No para nosotros llevarlo ni controlar a esa familia, sino para ellos.

¿Hay mucha colaboración entre este tipo de organizaciones?

Sí, entre comillas. Nuestra trabajadora social está en contacto con todos ellos, y sí que hay bastante buena relación entre todas o casi todas las que funcionamos aquí en Mieres. Echamos un poco en falta trabajar de forma coordinada; con un protocolo. No hemos logrado una estructura. Es una pena que haya tantas asociaciones y que cada una vaya por su lado y, a veces, no solapemos.

¿Cómo debería gestionarse esa coordinación?

Tendrían que ser los servicios sociales municipales los que lo organizasen, porque son ellos los que tienen información, la responsabilidad de atender este tipo de cosas. No se si ahora estamos en disposición de hacerlo, pero sí echamos en falta, una estructura organizada. Que pudiera decirse: en Mieres, cualquier persona que necesite algo de este tipo, o bien transeúntes o bien gente que no puede pagar la luz o lo que sea, que entrase por una puerta…

Como una ventanilla única.

Algo así. Y que todo el sistema se pusiera a su servicio. Que no tuviese que ir de puerta en puerta.

¿Los voluntarios siguen siendo los mismos que cuándo se abrió el comedor?

No, se mueven. Se renuevan. En el ultimo periodo, que es una de las cosas buenas de la crisis, ha habido un aumento. Es más: nuestra trabajadora social -que es un poco la jefa de personal, la que organiza los turnos- a veces tiene problemas para encajar a todos, porque el sitio es pequeño. Nos gustaría tener más infraestructura, mejor local, pero no ahora mismo no podemos. También te digo que hay gente que lleva 12 o 13 años con nosotros. Hay alguno que empezó en La Peña y que todavía está aquí.

¿Cuál es el perfil de sus voluntarios y voluntarias?

Clásicamente el perfil medio son mujeres mayores, aunque también hay hombres. De todo. Aunque últimamente está rejuveneciéndose el perfil del voluntario.

¿Aumentan las donaciones con la crisis? ¿Estamos más concienciados?

La gente se está volcando. A medida que disminuye la financiación por arriba, crece por abajo. Aunque si Cajastur, que este año donó 15.000 euros, el año que viene no nos los da, conseguir esa cantidad con donaciones particulares es más difícil. Pero sí que se nota el aumento en el número de aportaciones y de comida.

¿Reciben comida de empresas o instituciones?

No te lo comenté antes, pero la comida nos llega básicamente de lugares como el banco de alimentos. También el Alimerka que tenemos al lado del comedor. Todas las mañanas vamos a recoger la bollería y panadería que les ha sobrado del día anterior, que es lo que normalmente les metemos en las bolsas para que merienden o cenen. Nos da, cada 3 meses una cantidad importante de alimentos. Tienen una fundación que funciona bastante bien –la Fundación Alimerka- que nos reparte también comida.

¿Les abastece algún supermercado más?

Eroski Caudalia; una vez a la semana subimos con la furgoneta y nos dan los excedentes de yogures, leches… todo lo que va a caducar pronto, pero que no está caducado y que nos lo dan y eso también se lo llevan ellos en las bolsas, para postres o para lo que sea.

¿Aumentan o descienden las visitas al comedor social durante las fiestas?

Yo creo que ahora en diciembre ha habido aumento, pero no demasiado. Pueden pasar ambas cosas. Este ultimo trimestre ha aumentado la gente que va a comer; pero en las fiestas, depende. El día de Nochevieja vinieron 38; aumentó.

¿Qué es lo que hace más falta en AMICOS?

Ahora mismo, con lo que soñamos es con un local mejor, más grande, donde poner una cocina más adecuada. La cocina que tenemos es doméstica: dos placas vitrocerámicas, freidoras… No es una cocina industrial. Además, estamos llegando a cifras casi de 40 comidas. Nos sobrepasa tanto la cocina como el comedor, en el que tenemos 26 plazas. Si aumentamos un poco más van a tener que hacer cola y será más complicado. Así que nuestra mayor necesidad ahora mismo sería un local mejor, en el centro de Mieres, donde poder poner una cocina. Otra necesidad básica son los socios; cuantos más socios tengamos, más respaldados estamos y la continuidad estará mejor asegurada.

¿Aumenta el voluntariado durante las fiestas?

Este año hubo voluntarios que se ofrecieron a realizar cenas de Nochebuena. No lo hicimos porque no estamos organizados ni tenemos cocinera en domingos o festivos. Pero sí hay gente que está dispuesta por ser estas fiestas a ayudar un poco más. Seguramente si algún día cogiéramos a todos los voluntarios y les preguntásemos quienes están dispuestos a hacer cena de Nochebuena, probablemente estarían dispuestos a colaborar. Pero todos tienen sus responsabilidades; nosotros terminamos de dar la comida a las 2, hay mujeres que recogen rápidamente y se van a su casa a atender a sus familias.

¿Qué ventajas implica ser una organización independiente?

Nuestros dueños son los socios. Creo que nuestro éxito, siendo pequeñitos y habiendo llegado donde hemos llegado, se debe a eso. Estamos muy cerca de la gente y respondemos ante nosotros mismos.

Pero también tendrá su hándicap…

Más ahora que van a disminuir ayudas por todos los lados. Estamos más protegidos pero al mismo tiempo estamos más limitados. Si algún día quisiéramos dar cenas o repartir alimentos estamos más limitados porque eso requiere más personal, más sueldos… Tiene su doble cara. Nosotros estamos contentos como estamos.

Aparte de lo económico, ¿Qué cree usted que hace más falta para reducir la pobreza?

(Reflexiona un instante) Quizá lo que te dije antes, que existiera una coordinación y una planificación. Ver a la persona más en conjunto y gestionar todos los recursos, que los hay, de cara a que no haya ningún aspecto que se pierda por el camino, ninguna laguna.

¿Hay desconocimiento por parte de los propios usuarios sobre dónde acudir?

Creo que hay desconocimiento y, aparte de eso, hay mucha burocracia. Esa burocracia impide que haya información. Una persona que haya sido albañil y haya quedado en el paro y haya perdido todo, no tiene por qué saber qué es el salario social o a qué tiene derecho. Puede no estar informado de todo eso y entonces seguro que se pierde recursos. Piden demasiados papeles, demasiados requisitos a una persona que ya de por si está agobiada. Yo que tengo estudios y que además tengo dinero para moverme, si me ponen papeles por delante los soluciono; pero una persona que no tenga coche o que tenga problemas para desplazarse… Es complicado.

¿Seguimos teniendo miedo a pedir ayuda?

Yo creo que sí. Al comedor podría ir el doble o el triple de gente de la que va, por necesidad. Hay que tener en cuenta una cosa: el comedor es el último recurso.

¿A qué se refiere?

Comer, ahora mismo, es de lo más barato que hay. Ahora es mas complicado pagar la hipoteca, la luz… Es el último paso. Por ejemplo: hay gente que no tiene luz en casa; si tuviese luz, podría comer y barato, y tendría para comer y barato, pero no tiene luz. Sería ideal poder llevar la comida a las casas, una especie de catering. Eso requiere mucha infraestructura y mucha organización; detectar a esas personas, pero sería ideal que la gente comiese en casa. Ir al comedor es el paso más complicado de dar.

Imagino que en un servicio como este habrá situaciones muy duras.

Sí. Momentos difíciles (se le agrava un poco el gesto)… Gente que se ha muerto, que se ha suicidado. También hemos tenido allí gente que tenía buena pensión o alomejor prejubilados de la minería con relativamente buena pensión, pero que por circunstancias familiares y de salud mental estaban tirados en la calle; una situación desastrosa. Y nosotros les hemos aportado ese primer sitio donde poder contactar con gente que les ayuda.

Así que también tendrán sus momentos felices.

Sí que ha habido momentos felices. Determinada gente que estaba muy desesperada y paso allí una temporadina y ha conseguido salir. Gente que andaba por la calle, incluso durmiendo en cajeros, y que ahora está recogida en instituciones. Gente mayor que está en residencias y que estuvo muy mal; si esas personas no llegan a pasar por el comedor o por algún otro sitio, podrían haber muerto. Hemos sido el puente o la agarradera última a la que se han agarrado y han podido salir. Gente que se ha sacado graduado escolar gracias a que les hemos ayudado con los libros; parejas que se han casado, o que se han conocido allí. Incluso hemos tenido un bautizo. Cosas muy felices en ese sentido, y por el otro lado los que se han ido. Da pena porque son gente la mayoría joven que podría haber tenido una oportunidad y que no pudo.

¿Tiene el voluntario que ser de una ‘pasta especial’ para afrontar este tipo de situaciones?

La gente que va allí ya sabe a lo que va. Y además son vocacionales. Si tu preguntas a los que van allí qué les aporta, todos te van a decir que sacan más de lo que dan. Hay gente que va allí de voluntario y ha logrado superar incluso depresiones. Gente que estaba sola en casa y fue a ayudar a los demás. El dar de comer es una cosa muy primaria y muy satisfactoria. La mayoría de los que están allí son gente que se siente realizada.

¿Y cómo le ha cambiado a usted?

Uf (se rie). No lo sé. Es muy satisfactorio. Yo tengo mi trabajo, y considero que el trabajo no es lo que me llena. Hay gente que su trabajo es todo para ellos. Yo trabajo, y bien. Pero necesito algo más. Y ese algo más, por ejemplo, lo llena esto. Podría estar dedicándome a esto o a otra cosa. Por ejemplo, hubo una temporada que hice teatro, también.  No sé… El hacer algo extra, que no sea material, que no sea porque lo necesitas para vivir. Cuando ves que todo ha ido relativamente bien, que ha funcionado, que cada vez se dan mas comidas… Hay algo. Unos lo enfocan por lo cristiano, otros lo entendemos como una satisfacción que te llena. Es muy complicado de explicar.

Si alguien quiere contribuir, ya sea económicamente o como socio, a dónde puede dirigirse?

Tenemos una página web www.amicos-mieres.org ahí está toda la información y la forma de contactar. Básicamente tenemos una cuenta corriente, el que quiera hacer donativos anónimos o con nombre puede ir a Cajastur y preguntar por nuestra cuenta, o verla en la página web. La otra forma es haciéndose socios, que es quizá la que más nos interesa porque nos ofrece un respaldo.

¿Si alguien necesita utilizar vuestro comedor, cuándo puede acudir?

Nuestra trabajadora social está allí de lunes a sábado de 10:00 a 14:00. Mejor de 10:00 a 13:00, porque a las 14:00 se empiezan a dar las comidas. Que pregunten por la trabajadora social, Natalia. Ella les pasa al despacho, les hace una ‘entrevista social’, digamos, mira sus características y sus peculiaridades. Les pedirá alguna documentación, simplemente para demostrar que son personas necesitadas. Aunque tampoco hay grandes exigencias.

¿Qué tipo de documentación solicitan?

Un certificado de la pensión que cobran, o de que están en paro, o de que no tienen ingresos superiores al salario mínimo.

Pero también habrá gente necesitada que llegue sin esos papeles…

Sí, no hay ningún problema en comer allí dos o tres días sin más. A algunos les parece una traba, pero yo creo que está bien el llevar un control. No es un control policial, sino que acuda allí el que lo necesite. No solamente es no tener dinero. A veces es lo que ya le he comentado, hay gente, enfermos mentales, que no son capaces de organizarse, viven solos, no tienen familia… La exclusión no es solamente falta de dinero; a veces es falta de recursos, falta de apoyos sociales alrededor.

Tampoco nos preocupa que nos engañen algo. El tema es que no se escape alguien que lo necesite. Además, la trabajadora social también realiza estadísticas con toda la información. De todas formas, dos o tres días puede ir cualquiera. Sin ningún miedo.

¿Diría usted que ha crecido el problema de la soledad? ¿Está el individuo más aislado?

Creo que sí, aunque también te digo que una de las cosas buenas de la crisis es que la gente ayuda más a sus vecinos. Y ya hablando fuera del comedor, yo creo que si esto dura mucho va a ser el apoyo de la sociedad de a pie la que nos va a salvar de la catástrofe. Una sociedad en la que tienes un buen vecino o un buen familiar… Yo lo que le propondría a la gente que pase apuros es que no tenga miedo en hacerse visible, porque va a encontrar alguien que le ayude. O bien asociaciones, o bien vecinos, o bien instituciones. Es importante que no se queden en casa. Quizá es el gran peligro ahora: gente normalizada, que hace una vida social y de repente dice “cómo voy a decir yo que no tengo para comer”. Que no tengan miedo. Hay un montón de instituciones intentando ayudar, hay gente dispuesta a echar una mano. Que no tengan miedo.

Entrada al Comedor

El Comedor Solidario está ubicado en la calle Clara Campoamor Número 8, en Mieres. Imagen de Pablo Gómez

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