El futuro partido

“El Partido X, el Partido Del Futuro, es el partido que ya ha ganado en el futuro”. Ciertamente hay que descubrirse ante la capacidad para el microrrelato de la nueva formación política que se ha dado a conocer en Internet. A pesar de que los rumores sobre su victoria podrían ser exagerados, no comienza mal quien, para buscar votos en la red, utiliza una dosis razonable de buen humor. Tal parece el caso de este grupo misterioso, que utiliza un diseño híbrido entre una novela de Cristopher Moore y un relato de William Gibson.

Programa electoral del Partido del Futuro

Infografía del programa electoral del Partido X

Democracia y punto, anuncian en su programa. Sin embargo, parece que vamos a tardar algo más en solucionar la ecuación y conocer los puntos concretos de su propuesta, ya que esta permanece en construcción. Demasiados velos que solo se descubrirán cuando esta formación decida presentarse a unas elecciones. Si aguzan el oído, podrán escuchar las puntillas de periodistas, columnistas y opinadores profesionales a la hora de tratar a los recién llegados. Medida higiénica, qué duda cabe. Demasiado acostumbrados estamos ya a las loas de un centenar de príncipes y princesas que tornaron anfibios.

La escritura puede ser, sin embargo, algo traicionera. Entre los objetivos declarados del Partido X se encuentran algunos puntos que han puesto los pelos de punta a los menos desmelenados del Congreso. Citando su web:

Como sabemos que no nos van a escuchar, será necesario que la amenaza se concrete. Doloroso pero necesario. El momento de prensentarse llegará. Pero esto no pasará hasta que no haya un clamor que lo exija, un clamor tan grande y desde tantos lugares que permita que podamos ponernos manos a la obra entre muchísima gente. Esta será una manera de impedir que algunos “figuras” se aprovechen.

Por preocupante que sea la terminología empleada en algunas partes del texto citado, sería de una grave irresponsabilidad no citar también el apartado siguiente:

Nosotras, las personas que se organizan en red para hacer cosas, hemos observado que en nuestras acciones políticas, existe una serie de principios comunes a diversas iniciativas humanas que mueven Internet y el mundo como el software libre, el código abierto, la cultura libre o la libre información. Afirmamos que estos principios, en torno a los cuales se ha construido Internet y que están cambiando la manera de hacer política, no se corresponden exactamente con ninguna ideología, doctrina o filosofía, sino que constituyen más bien una metodología pragmática. Una “forma de hacer” abierta, horizontal, transparente, cooperativa y respetuosa, que es lo suficientemente potente como para poder aplicarse a casi cualquier asunto común.

Quienes critican a la formación política por el tufillo de algunas expresiones empleadas no mencionan, en cambio, otras que bien podrían servir de antídoto a las mismas. Ciertamente, no puede existir una formación que sea “horizontal, transparente, cooperativa y respetuosa”, que abogue por “la libre información” y defienda la elaboración comunitaria y colaborativa de las leyes para, al mismo tiempo, albergar en su seno la semilla del totalitarismo.

Hay algo, sin embargo, que preocupa más que agrada: la tremenda alergia a la hora de tratar la cuestión ideológica. El hombre es un animal político y el espinoso tema figura hasta en el retrete, como explicaba Zizek. Aplicar la doctrina Voldemort y abstenerse de etiquetar medidas y personas no significa que el resto de la población vaya a seguir tan curioso ejemplo. Si el Partido del Futuro teme definirse, podría encontrarse con una definición que le sea tan ajena como injustificada. Sobre el anonimato de sus líderes, el Partido X o Del Futuro lo explica de este modo:

No queremos caer en la lógica personalista de los partidos. Somos personas activas desde siempre, activas en este y en muchos otros frentes, algunas de las cientos de miles de personas que en estos años se han hartado de ver gobiernos que gobiernan para ellos mismos y no para los ciudadanos. Nos hemos unido para activar una campaña de trabajo, comunicación y acción para recuperar la soberanía de la ciudadanía, el Partido X. Y esto va muy en serio. Muy en serio. Lo importante son los hechos, no los nombres. Nos han vendido que la fama era importante; nos hemos dado cuenta de lo importante que es ser anónimo. Si alguien quiere asociar su nombre a un partido es porque quiere hacer carrera. Somos transparentes porque lo que hacemos está a la vista de todo el mundo. Poner nuestros nombres a la vista de todo el mundo no es transparencia, es exhibicionismo.

Las ideas son perfectas porque los mundos que las gestan son perfectos. Pocas personas toman la senda del mal o del perjuicio al prójimo de forma consciente y deliberada. El mal es un camino y las buenas intenciones pueden llegar a convertirlo en autopista. Tal vez el propósito de un partido sea noble, pero dicha nobleza depende en gran medida de la altura moral de los miembros que lo crearon. Si no conozco a estos, carezco de razones para fiarme de aquella.

El avezado lector me recordará que gran parte de los nuevos movimientos ciudadanos abogan por la entidad colectiva, lejos de cualquier personalismo. Sin embargo, para añadir condimento al plato parlamentario se necesita conocer bien todas las especies. Que no confundamos la transparencia con el exhibicionismo recuerda, en fuerza argumental aquella advertencia de no confundir libertad con libertinaje. No me interesa la marca de calzoncillos que use una formación política, pero sí cómo se financia, a quienes hace regalos, cuánto tenía antes de llegar al poder y con cuánto lo abandonó. Por apartar la vista de los genitales del Estado acabamos con una corrupción de cojones.

Otro gran error es acusar a los partidos clásicos de tener una lógica personalista. Nada más lejos de una realidad plagada de argumentarios, disciplina interna, gabinetes de prensa y fuentes anónimas o bien informadas que insisten en no utilizar su nombre hasta para nombrar las tres primeras letras del abecedario. No, amigos; nos hallamos en un sistema donde el disenso se castiga con democrática saña por los comités ejecutivos o dedócratas de turno. Tal vez la cabeza de la Iglesia sea el Papa, pero la Curia se hace notar; y bien, cuando toca. No confundamos anonimato con ofuscación.

Promesas y antepasados

Tal vez sea una comparación atrevida, pero su estilo de comunicación política me recuerda a #nolesvotes, que llamó a castigar a Partido Socialista, Partido Popular y CiU por dar apoyo parlamentario a la Ley Sinde. La descalificación, censura, mentira y menosprecio que se dirigió contra este grupo de ciudadanos fue de las más vergonzantes que he presenciado en mi vida de ciudadano. Antes de la movilización del 15-M fueron ellos los que ‘daban la lata’ en Internet, denunciando los excesos del bipartidismo, la corrupción y una política sumisa con los mercados. Tal vez el objetivo principal no se cumpliera, pero fueron parte de la mecha que prendió en el Mayo Español.

Si el Partido del Futuro nace para aportar más democracia, bienvenido sea. Le espera un trayecto accidentado y espinoso, similar al que atravesaron otras iniciativas con anterioridad. Hace muchas promesas; veremos si hace honor a todas o la idea se transforma en caverna y futuro partido. Veremos, también, si la respuesta del hemiciclo está a la altura de quienes pactaron la transición a una democracia. Por si acaso, ya les adelanto que prefiero una conversación templada frente a trompetas, clamores o bocinas. Y me importa tres X que me cierren la edición.

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