Milonga del absentismo

Una campaña de vacunación de la gripe. Imagen de Pablo Lorenzana

Una campaña de vacunación de la gripe. Imagen de Pablo Lorenzana

Obligar al trabajador a desarrollar su labor en una situación de enfermedad no mejorará la economía del país, pero podría dañar seriamente nuestros valores humanos. No conviene estar dispuestos a ganar dinero a costa de aumentar la crueldad.

Los trabajadores de la función pública -ya saben, esos vagos desalmados que alimentan a sus familias y se gastan el dinero en la empresa privada y el comercio- se han rendido a la responsabilidad, acudiendo a trabajar en masa tras la muy acertada reforma del Gobierno al sistema de bajas por enfermedad, moscosos y demás privilegios infames que ni usted ni yo disfrutamos.

Al menos, esa es la realidad virtual que aprecia el Gobierno tras la publicación de los datos del Instituto Nacional de Estadística, que colocan las ausencias de los trabajadores públicos por debajo de los de la empresa privada. No obstante, y antes de abrir la botella para celebrarlo, permitan que comparta con ustedes una alocada teoría que, sin duda, carecerá de fundamento, pero tal vez añada un plus de originalidad a tanta monotonía.

Imaginemos, antes de los recortes, que un empleado público se encuentra en una situación de enfermedad. Para hacer más divertido el escenario, escojamos la dolencia en función del puesto del afectado: si es médico, apliquémosle algo de bronquitis; si es policía, añádase problema de cervicales; si es bombero, probemos con una conjuntivitis y, si es profesor, premiémosle con una afonía a lo Marlon Brando en El Padrino.

Todos los casos podrían ser baja cuando quienes nos gobernaban se comportaban como seres humanos. Una visita al médico, unos días en casa o una receta del antibiótico adecuado y tendríamos al trabajador listo para reincorporarse a su actividad normal. Sin embargo, veamos que pasa en el brillante futuro hacia el que nos dirigimos.

Nuestro médico tiene bronquitis, pero también tres hijos a su cargo. Suprimida la paga de navidad y en plena cuesta de enero, ponerse de baja podría significar cobrar menor cuantía. Algo que, definitivamente, no puede permitirse. Así que acude al trabajo, armándose de valor para lidiar con los 7 grados de temperatura y una tos bastante fea. Con un poco de suerte y extremando las medidas de higiene, tal vez contagie a un par de pacientes. Tres, a lo sumo.

Vayamos ahora con nuestro policía. Tanto s desarrolla su actividad a pie de calle como si lo hace sentado a la mesa y delante de un ordenador, un problema de cervicales no es el mejor compañero para un agente de la ley. Véanlo, persiguiendo a un delincuente, solucionando una reyerta o elaborando un informe con una pose digna del mejor contorsionista. Qué le vamos a hacer, está la cosa como para pillarse una baja.

¿Y cómo va el bombero? Pues más nos vale que no le toque asistir a un aviso, porque no debe hacer ninguna gracia que te rescate de un incendio alguien con el ojo empañado de una beata al pasar la Macarena. Con un poco de suerte, será como en el juego ese de las puertas y habrá de elegir entre aire fresco y un buen churrasco.

En cuanto al profesor, seguramente les diría lo bien que le parecen las nuevas gubernamentales para atajar el absentismo laboral. Suponiendo que pudiera hablar, claro está. En lugar de eso ahí le vemos, valiente, lidiando con unos angelotes de secundaria que, a las 9 y algo de la mañana, serán de lo más productivo y respetuoso con el docente que les está explicando el apasionante mundo de la Geografía varios tonos por debajo de lo acostumbrado.

Tenemos, por tanto, cuatro trabajadores improductivos que, en lugar de procurar una adecuada sustitución de sus funciones, enfrentan su labor a pesar de saberse enfermos por temor a ver mermado su poder adquisitivo cuando finalice el mes. ¿Quieren que hagamos un doble salto mortal? Imaginen que todos los casos trabajasen, además, en la empresa privada; aumentando la probabilidad de despido en un 50%. En realidad estoy pecando de cauto; últimamente hay empresas que no respetan ni la baja por maternidad.

Dirán ustedes que me acabo de montar la gran milonga del absentismo. ¿Mayor o menor que la de los empresarios y gobernantes? Penalizar la enfermedad, perder la humanidad y denigrar al trabajador honesto no nos devolverá a la Champion’s League de la Economía, ni hará que dejemos de ser uno de los países menos productivos de Europa. Tal vez ganemos, eso sí, la Recopa del Chichinabo. Dejen al sano trabajar y al enfermo descansar. Lo agradecerán la próxima vez que vayan al médico, les roben la cartera, rescaten de un incendio o manden al niño a clase.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s