Preservación, transformación, elección

Pozo Barredo, en Mieres. Imagen de Pablo Lorenzana

Pozo Barredo, en Mieres. Imagen de Pablo Lorenzana

La desaparición de las ayudas al carbón, los cambios en la situación política y el contexto macroeconómico marcan el fin de una encrucijada para el Principado, así como la llegada de tiempos convulsos y la incertidumbre respecto al futuro.

Ayer noche, al filo de la madrugada, recibí un correo electrónico de Google con una invitación a Ingress, el juego de realidad aumentada que utiliza el mapa de la ciudad como campo de batalla entre dos bandos de jugadores. La aplicación, ejecutable desde cualquier dispositivo Android, es una forma asombrosamente ingeniosa de utilizar nuestra eterna ansia por el componente lúdico para perfeccionar su servicio de mapas.

El interés del argumento radica en su simpleza: debido a un incidente relacionado con el Colisionador de Hadrones y el Bosón de Higgs, se ha liberado un nuevo tipo de energía por todo el planeta. Dicha energía es capaz de transformar el pensamiento humano e influenciarlo hasta transformar nuestra condición en otra cosa. Teniendo conocimiento de esta circunstancia, el mundo se ha dividido en dos bandos: los iluminados o ilustrados, aquellos que ayudan a los transformadores a cambiar nuestra condición y favorecer un nuevo progreso; y la resistencia, vista por muchos como temerosa del cambio y el progreso, pero que cree firmemente estar protegiendo a la humanidad. El enfrentamiento entre ambos grupos consiste en dominar una serie de portales, situados en puntos famosos, conocidos o reseñables de cada ciudad o pueblo donde se ejecuta el juego. Para ello, el usuario sólo ha de caminar cerca del mismo y realizar una serie de pulsaciones en el móvil que volverán la zona del color de su bando (azulado para la resistencia, verde para los iluminados).

A pesar de que la historia tendrá un desarrollo conforme al paso de los meses, ambos bandos se presentan con la suficiente ambigüedad como para que todos los jugadores sientan que están apoyando la causa correcta o, ya puestos, jugando con los “buenos de la película”. Son todas estas consideraciones bastante inocuas, dado el carácter puramente lúdico de la actividad, que además tiene un código de buenas prácticas donde se incluyen los clásicos avisos sobre respeto de la propiedad privada y la inconveniencia de retar en duelo a viejecitas en plena calle.

Preservación o transformación; quizá uno de los argumentos más antiguos del mundo, porque hunden sus raíces en la esencia de lo que somos como especie dotada de raciocinio: una sucesión de elecciones a la búsqueda del bien mayor o el mal menor.

Asturias lleva décadas en ese cruce de caminos. Como en la propuesta futurista de Google, la región se debate por la desaparición de un modelo económico que trajo prosperidad, y por la llegada de nuevas formas en la gestión y obtención de recursos económicos que traen consigo tanta excitación como disgustos e incertidumbre.

Mina de Soterraña, en Pola de Lena. Foto de Pablo Lorenzana

Mina de Soterraña, en Pola de Lena. Foto de Pablo Lorenzana

Si miran fijamente el mapa, podrán detectar los portales que, poco a poco, comienzan a tomar forma. La actitud inflexible del Gobierno estatal respecto a las ayudas al carbón ha colocado el futuro de miles de trabajadores en la picota. Además del coste humano, que es el único relevante bajo el punto de vista de la moral, también se incluye un coste político ante el temor de muchos partidos a la desaparición de uno de los pocos feudos en España donde se mantiene esa conciencia obrera que mana de los pozos junto al mineral.

Por si ello no supusiera una crisis de primer nivel, la Sindicatura de Cuentas ha publicado un informe dando un soberano tirón de orejas a la patronal y centrales sindicales asturianas, por lo que advierten como una administración poco eficiente del dinero destinado a los cursos de formación para trabajadores. Páginas que junto, a las esquelas por la hulla que vienen de Madrid, pueden suponer una tormenta perfecta para el statu quo económico y político de la región.

Mezclemos todo en un contexto de crisis económica internacional y obtendremos un movimiento de placas tan formidable que tornaría leche en manteca. En este río revuelto también hay un bando favorable al cambio, que dedicó buena parte de los últimos años a criticar la ausencia de eficiencia con la que se podría haber gestionado un rito de paso más tranquilo, menos traumático. En los viejos tiempos, preservadores y transformadores hablaban en voz alta y con poca preocupación. Ahora toda idea marca, todo argumento duele.

Mengua la sombra de Hermes, empujándonos al fin del cruce de caminos. La tierra que nos alumbró defiende su presente mientras se prepara para las incertidumbres del futuro. Crucen los dedos e inicien la partida. Es hora de elegir.

Mina La Camocha, en Gijón. Foto de Pablo Lorenzana

Mina La Camocha, en Gijón. Foto de Pablo Lorenzana

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