SOS Jóvenes: teatro y vovinam para transmitir valores

¿Qué tienen en común el teatro y las artes marciales? A primera vista puede parecer que no mucho. Por eso sorprende que en la asociación juvenil SOS Jóvenes combinen las dos disciplinas y que presuman de hacerlo con una misma meta: que los chavales adquieran valores (y los adquieran por si mismos) y que no acaben cayendo en la cultura del botellón o encasillados en la generación ni-ni.

El teatro del Oprimido

Dos filas de chavales permanecen frente a frente, inmóviles y con expresión seria. Unos representan a los espectadores; los otros, a los actores.

La pobreza, según los chicos del grupo de teatro. Fotografía de Pablo Lorenzana

José Ángel, el profesor de teatro y fundador de esta asociación, pronuncia muy despacio “alemán”. Y la mayoría de los actores levanta extendido el brazo derecho. “¿Ves? Les dices alemán y todos lo asocian a los nazis”. Es un ejercicio sencillo. Los que hacen de actores deben expresar con su cuerpo y su expresión las palabras que José Ángel va pronunciando. Él dice “pobreza”, y la mayoría se pone de rodillas o se tira al suelo, pidiendo limosna. “Homosexual”, continúa, y manos amaneradas aparecen por doquier.

José Ángel Suárez Piniella es un apasionado del teatro. Además trabaja como profesor de Filosofía, Ética y Religión en el colegio Santa María del Naranco, así que siempre ha trabajado valores con los chavales. Su compromiso viene de atrás y la combinación de su profesión y su pasión por las artes escénicas se materializó hace cuatro años en esta asociación, SOS Jóvenes, para “explorar un espacio donde trabajar esos valores pero también un compromiso con el mundo en el que vivimos, es decir, que no fuese sólo en el ámbito educativo sino que se comprometiesen también con problemáticas como la violencia de género, el hambre, la pobreza; y no tanto con clases magistrales sino a través del teatro.”

José Ángel Suárez Piniella, fundador de SOS Jóvenes y profesor de teatro, con sus pupilos. Fotografía de Pablo Lorenzana

Por eso el suyo no es un teatro literario. “No nos importa tanto la parte estética, el nuestro es un estilo de teatro que se llama teatro del Oprimido, fundado por Augusto Boal, que estuvo nominado al Nobel de la Paz”, explica José Ángel. “Son herramientas para trabajar en contextos de opresión, de situaciones difíciles. Es un teatro social, muy gestual, con poco diálogo y destinado a ser una herramienta de cambio social, para luchar contra situaciones de marginación, pobreza y discriminación.”

A sus quince años, Micaela es la más veterana del grupo, y “con mucho orgullo”, puntualiza. Confiesa que empezó con muchos nervios. “Al principio era muy tímida pero me acogieron muy bien, son muy buena gente.” Esta experiencia le ha ayudado “a vencer la timidez, aprender a hablar en público, a plantarte delante de muchísimas personas y meterte en tu papel y también a saber lo que es el compañerismo.” Porque aquí, además de teatro, ha hecho amigos, “muchísimos, nos llevamos bien todos, no suele haber malos rollos y, si los hay, nos sentamos en grupo y se solucionan.”

Fotografía de Pablo Lorenzana

Han representado sus obras en el Auditorio Príncipe Felipe y en algunos teatros. Sin embargo, lo que realmente les apasiona, relata José Ángel, “es la calle.” Por eso, dos o tres veces al año piden permiso al Ayuntamiento para actuar durante varias horas delante del teatro Campoamor. Son siempre representaciones de contenido social y en las que participan todos, porque “el que no hace teatro hace break dance, rap o funkie.” Los chicos también se implican en la creación de la obra. “Hay que tener siempre en cuenta su creatividad. Al final es lo que más llega, porque es auténtico”, asegura el alma máter de la asociación.

Una vez en la calle hay que llegar a la gente y una manera de conseguirlo es a través de la música. Por ejemplo, para representar el nazismo y la persecución nazi combinaron “música de Beethoven y de Bach con AC/DC”, explica José Ángel. “Son escenas de mucho impacto emocional y también visual, porque hay escenas de maltrato. Imagínate pasar de El Lago de los Cisnes a Rammstein, la que tienen sobre Hitler. A la gente le impactan muchísimo esos cambios emocionales.”

Impacto emocional para sensibilizar a los ciudadanos. “A veces hemos conseguido recaudar 400 euros en dos horas.” Y, aunque ese dinero bien les vendría para su propia financiación, prefieren destinarlo a proyectos del Tercer Mundo o a Cáritas.

Fotografía de Pablo Lorenzana

La asociación cuenta hoy en día con unos cuarenta chavales, con edades comprendidas entre los 13 y los 23 años. Aquí hay lugar para todos: no importa la nacionalidad, el sexo ni la discapacidad. “El tema de la integración siempre me interesó”, insiste el profesor. “Ahora tenemos a Celso, que es síndrome de Down, y a Pablo, que es Asperger.” Éste último nos cuenta que llegó a la asociación porque José Ángel fue profesor suyo y dice que le “encanta el teatro y estar con los compañeros.” El fundador de SOS Jóvenes está muy orgulloso de ellos porque, gracias al teatro, no sólo adquieren confianza, también se relacionan: “antes les costaba trabajo encontrar con quien salir el fin de semana y aquí terminan todos siendo amigos y saliendo juntos. Es genial.”

Fotografía de Pablo Lorenzana

Muchos llegan a la asociación por el boca a boca porque “en cuanto a uno le gusta te trae amigos”. Otros han sido alumnos suyos y vienen atraídos por sus clases. Es el caso de Luis, de 21 años. “José Ángel fue mi profesor y desde un principio contó conmigo para hacer el apartado del rap.” Así que Luis ejerció como profesor en la asociación durante dos años: “hacíamos improvisación y escritura de letras.” Después Luis dejó el rap por un tiempo “para oxigenar ideas” y decidió meterse al teatro “porque es otra técnica artística donde explorar nuevas artes y aprender conocimientos que me puedan servir para el escenario, el teatro es complementario porque de los gestos y la expresión de emociones se pueden aprender cosas que son válidas para el rap”, explica con una madurez impropia de su edad. Será cosa del teatro.

José Ángel da instrucciones a sus alumnos. Fotografía de Pablo Lorenzana

José Ángel nos cuenta que está a punto de viajar a Brasil, la cuna del teatro del Oprimido, para mejorar su técnica. Después sonríe y confiesa en voz baja el doble motivo de su viaje: se ha enamorado de una brasileña a través de Internet. “Voy más a verla a ella que a otra cosa”, bromea.

Ahora vuelve a su grupo. Les ha dejado sentados en círculo improvisando una historia que deben inventar entre todos: “Una chica fue a comprar pan, macarrones y acelgas para la comida… Tenía una cena con el príncipe, pero la dejó plantada y ella empezó a llorar… Y entonces pensó qué hacer con la compra… Decidió regresar al supermercado para devolverla pero no le dejaron… Así que de vuelta a casa se lo dio a una señora que no tenía dinero para comer…”

Vovinam viet vo dao: arte marcial y manera de vivir

En la misma sala, otro grupo de chavales practica vovinam viet vo dao, un arte marcial vietnamita. Youssef Bechari es el encargado de dar las clases. Llegó a la asociación por mera casualidad y pronto se convirtió en la mano derecha de José Ángel en la asociación SOS Jóvenes.

Youssef Bechari junto a parte de sus alumnos de vovinam viet vo dao. Fotografía de Pablo Lorenzana

Su primer encuentro fue, cuando menos, curioso. Youssef caminaba por el parque del Oeste cuando algo le llamó la atención: un señor (José Ángel) se acercó a unos chavales que estaban haciendo botellón y se puso a hablarles de valores. “Yo me dije ‘este es tonto, un chaval está borracho y tú le estás hablando de valores.’ Y José Ángel se puso a jugar con los linchacos (arma ofensiva formada por dos mangos unidos por una cadena), haciendo una demostración. Me llamó la atención y me acerqué. Hablamos, nos pusimos en contacto y fui a entrenar con ellos. Yo hago vovinam viet vo dao desde hace diecisiete años y José Ángel es un obsesionado de los linchacos y hace boxeo.” Así fue como Youssef apareció un día en la asociación para dar una clase. “Ellos se engancharon y enseguida compraron los trajes.” José Ángel también cayó en la tentación.

Fotografía de Pablo Lorenzana

Según Youssef el vovinam viet vo dao y el teatro tienen mucho en común. “Los objetivos son los mismos”, explica, “porque el arte marcial enseña valores, una manera de vivir; y el teatro también.” En los dos casos se trata de resolver conflictos. Cada disciplina lo trata a su manera, “pero al final se trata de valores: el respeto, cómo tratar a la gente, valorar a los mayores, cómo defenderse en la vida.”

Además, subraya el profesor, “el objetivo más importante es reunirlos aquí en lugar de estar de botellón. Tener mucho tiempo libre es muy peligroso para los jóvenes. Si el sábado tienen teatro o entrenamiento, aunque salgan el viernes no van a volver a las siete, sino antes, porque saben que por la mañana tienen que venir.”

El objetivo de ambas actividades es formar una personalidad fuerte. “Yo tengo el valor de entrar en una lucha pero no tengo el valor de ponerme delante de un compañero haciendo otro papel. Y creo que la gente que lo hace tiene mucho valor”, confiesa Youssef.

Jonathan, de 23 años, sí lo tiene. Él es el único chico de la asociación que se atreve con las dos disciplinas. Lleva un año con el teatro, dice que le ayuda “a interactuar”, ya que se define como una “persona tímida”. Hace tres meses, José Ángel le habló del vovinam viet vo dao y el chico no se lo pensó dos veces: “las artes marciales me encantan y el vovinam tiene cosas que me interesa aprender, por ejemplo, las tijeras, que es una técnica en la que coges al adversario por el cuello con las piernas y lo vuelcas al suelo.” ¿Con qué se queda si le dan a elegir? “Con el vovinam”, afirma sonriendo. Youssef le replica: “eso lo dices porque estoy yo delante”, y provoca una gran risotada entre los alumnos.

Uno de los que ríe se llama Sergio. Tiene 19 años y se apuntó a vovinam viet vo dao aconsejado por su “amigo Joni” y porque “además de ser muy peliculero” siempre le gustaron las artes marciales. “Además se hacen amigos, aquí no vienes solo a pegarte.”

El caso de Mohamed es algo distinto. Este marroquí de 23 años llegó a la asociación por su amistad con Youssef. “Me gusta mucho el deporte y las artes marciales y éste tiene de todo. Dentro del vovinam aprendes a defenderte y a atacar al mismo tiempo. Es un deporte casi perfecto.”

Fotografía de Pablo Lorenzana

Youssef lo corrobora: “el vovinam viet vo dao tiene un poco de todo, es el más perfecto porque es un arte marcial de pobres.” Es originario de Vietnam, “donde sufrieron varias guerras, y como no tenían dinero para comprar armas, crearon el vovinam viet vo dao, que se trata de defenderte con unas técnicas y usando lo que tienes a mano”. Si bien usan armas tradicionales como cuchillos o espadas, aprenden a usar cualquier objeto tanto para defender como para atacar, “que es también una manera de defenderse”. Y pone ejemplos: “la bufanda que llevas es un arma. El bolígrafo que sujetas, también. Todo lo que tienes se puede usar como un arma. Intentamos enseñar cómo usar lo que tienes, no hace falta ir a la tienda a comprar una espada.”

Pero, ojo, el vovinam viet vo dao “no son sólo patadas y puñetazos, es un arte marcial que tiene muchos valores”, matiza Youssef. “Cuando yo aprendí, siempre me enseñaron en paralelo el respeto y las técnicas. Lo más importante es el respeto. Tienes que respetar al compañero y ayudar. El lema del vovinam es ser fuerte para ser útil. Tienes que ser fuerte para poder ayudar a la gente. No sólo son patadas: fuerza física y mental tienen que ir en paralelo.”

Fotografía de Pablo Lorenzana

Por eso, dedica algunas clases a hablar “de la filosofía, de cómo comportarse frente a un atraco o una pelea.” Porque el vovinam viet vo dao es también una herramienta para resolver conflictos. “El arte marcial es una manera de vivir. No sólo encima del tatami, no sólo en la pelea. Te cambia totalmente: cómo hablas, cómo te comportas ante un trabajo, ante un jefe. Te da personalidad.” Quizá por eso, aunque lleva diecisiete años practicándolo, Youssef sólo ha recurrido al vovinam para defenderse en dos ocasiones. No en vano, el saludo de este arte marcial es “la mano de acero sobre el corazón de la bondad”.

Anuncios

Un pensamiento en “SOS Jóvenes: teatro y vovinam para transmitir valores

  1. Da gusto y esperanza saber que todavia hay quien usa su talento en beneficio de otros y de la sociedad ,y que no todos toman como ejemplo a nuestros gobernantes y se dedican a incrementar su poder y su riqueza a costa de lo que sea..con mentiras y corrupcion..Felicidades a estas personas que desinteresadamente ayudan a crear una sociedad mejor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s