Los medios que surgieron del frío

En La Madreña, el pasado viernes. Imagen de Pablo Lorenzana

En La Madreña, el pasado viernes. De derecha a izquierda, Xuan Cándano, Dani Ripa, Toni Martínez. Imagen de Pablo Lorenzana

El Centro Social Autogestionado La Madreña acogió ayer la presentación en Asturias del periódico La Marea, además de un debate sobre el futuro y consideraciones éticas de los medios de comunicación.

La serendipia de la crisis provoca que el nuevo periodismo se debata en antiguas Consejerías de Salud. Entrar en el ahora Centro Social Autogestionado le recuerda a uno esas series donde un grupo de ciudadanos resiste contra casi cualquier horror enviado por el guionista de turno. Imposible no recordar a la Segunda de Massachusetts.

Pero esto es el mundo real, y La Madreña es una de las trincheras contra un sistema dispuesto a devorar a sus retoños. Una frontera que demarca los límites entre el dinero y la moral, entre la burocracia y la justicia social. En la trinchera la electricidad es intermitente y late como un ser vivo. Fue en su vientre donde Toni Martínez, miembro de la cooperativa MásPúblico presentó, ayer, La Marea: un periódico nacido durante la gran diáspora que siguió a los despidos en Público con esquemas tan revolucionarios como un código ético para los anunciantes. Toda una valentía en un mundo donde manda la publicidad y no a la inversa.

Los sospechosos que acompañábamos a Toni en la Mesa: Dani Ripa, de Diagonal Asturies; Xuan Cándano, de Atlántica XXII y servidor. Ante nosotros lectores, clientes; aquellos a los que el periodismo debe volver a servir.

Opinaba Xuan Cándano que el periodismo denominado alternativo debe reforzar su estructura empresarial. Dudo que las nuevas estructuras deban soñar con las antiguas, pero en conversación posterior me aclaraba que se trataba de mejorar la eficiencia, no de  buscar la ineficiencia anterior.

Existe un vestigio cuya desaparición hirió de gravedad la ética periodística, y no es otro que el concepto de imparcialidad: hermosa palabra de promesa inalcanzable, a juzgar por el escepticismo de mis compañeros y la mayoría del público que participaba activamente en el debate.

La imparcialidad, sin embargo, ejercía atracción. Es muy difícil que un medio alcance la misma, ya que incluso el corazón de un juzgador puede afectar a lo juzgado. Sin embargo, tan elevado concepto cumplía la función de la utopía: una idea que buscar, un soberano de la luz al que intentar acercarnos. La Idea de Bien para el periodismo. “No existe la imparcialidad”, declamaron los sabios a finales de los 90. Desaparecida toda esperanza, el término ya no generó atracción y los medios tradicionales cayeron víctimas de su propio escepticismo.

Esta idea no ha de ser un obstáculo a la contraposición de los enfoques. Así lo manifestaba Dani Ripa, que recordó a los presentes la necesidad de un periodismo que haga la contra al poderoso, a fin de nivelar un terreno de juego que ha favorecido demasiado tiempo a demasiados pocos. “Funcionamos con periodistas y con activistas, aunque tal vez no lo comparta todo el mundo”, comentaba.

Dos horas, dos, debatiendo sobre modelos, precios, moral. “No tenemos dinero para pagar por cuatro medios cada día”, señalaba el público. En opinión del que suscribe, demasiado tiempo han cargado los lectores con una responsabilidad que no es suya: la monetización del producto; n problema que debe resolver la prensa en vez de representar escenas de La Pasión o penar como un coro de plañideras.

“¿Es el periodismo un producto o un servicio?”. Otra buena pregunta, a la que intentan responder modelos anglosajones como ProPublica o fundados en esta tierra como Periodismo Humano. Pueden ser ambos, decíamos los cuatro sospechosos. Sin embargo, uno desearía que los medios públicos se ocupasen mejor de su trabajo y cumplieran esa labor de servicio. Ahora nos dan el parte.

Por debatir, ni siquiera se libró Daenerys de las Tormentas, de la casa Targaryen. Contaba Toni Martínez como una ilustración de la princesa de Canción de Hielo y Fuego, montada sobre un dragón con los senos al aire, provocó un pequeño incendio entre los lectores de La Marea y una discusión apasionada sobre lo apropiado de dicha publicidad. No fue mojigatería, sino la reclamación del fin de una concepción de la mujer como producto consumible, deseable, utilizable. El machismo es oscuro y alberga horrores.

Dos horas fueron, aunque podrían ser más si la biología no dictara la capacidad del ser humano para debatir pasadas las once de la noche sobre los medios que surgieron del frío, de una tormenta a la que es mejor afrontar empuñando la palabra y descubriendo la cara. Por lo que pude apreciar en las preguntas con bala del público y lo dicho por mis compañeros de oficio y mesa, ganas no faltan.

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