Por un pacto ciudadano

Imagen del Congreso de los DiputadosLa última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas no podría resultar más desoladora aunque quisiera. Aún obviando que al poder político de turno le encanta jugar a las cocinitas con los datos, provoca estupor que muchos miembros del Gobierno y partidos mayoritarios no superen la nota del ‘muy deficiente’. Pero no se preocupen, porque, afortunadamente, vivimos en democracia. Sólo tendrán que esperar tres añitos para poder validar o revocar el cheque en blanco en el que se han convertido las mayorías absolutas y los comicios sin listas abiertas.

Mientras tanto, a estas mayorías y su altavoz mediático se les ha ocurrido un ingenio provisional que podría sacar a España de todas sus desgracias. Dicho ingenio es el pacto, que tan buenos resultados dio en la Transición. Por primera vez, y sin que sirva de precedente, coincido con el frufrú de los purpurados en el Congreso: que haya pacto.

Debo señalar, sin embargo, que el pacto al que me refiero no es del poderoso, ni se asienta en la perversa variante del despotismo ilustrado que a veces se practica con los electores (machacar al pueblo, pero sin el pueblo). No; les hablo de un pacto ciudadano a redactar por todos los españoles y rubricar mediante referéndum. Les hablo de convocar Cortes Constituyentes para que todos podamos decidir, una vez más, el rumbo que ha de tomar nuestra democracia.

Tal vez les parezca ésta una idea descabellada. No en vano nos explicaron, una cucharada tras otra, que el pueblo es esa entidad boba y maleable a ensalzar durante las vacas gordas y a devorar cuando llegan flacas. Pero ya es hora de que nos sacudamos de encima tanta advertencia y prejuicio.

Sería esta una Constitución elaborada con la participación de la ciudadanía. Abriendo un periodo de participación, consultas y enmiendas, por fin tendríamos voz más allá del eco, cada vez más débil, de la política tradicional. Ello permitiría debatir sobre cuestiones antes vedadas, como la elección del jefe de Estado y la sujección del mismo al Código Penal; garantías adicionales sobre el derecho a una vivienda digna, actualmente maltratado; mejores mecanismos de participación ciudadana y muchas otras medidas que deberían ayudar a regenerar una democracia cada vez más débil ante injerencias externas.

Un pacto ciudadano que ayudase a restaurar la dignidad de nuestros Gobiernos, asediados por el oscurantismo, la corrupción y el favoritismo. Tal vez peque de ingenuo, pero es el pacto que me gustaría ver. Es de justicia que el pueblo -en el que reside la soberanía- pueda modificar su ley fundamental para blindar la democracia. A fin de cuentas, sus señorías no tuvieron problema en hacerlo para consagrar el límite de déficit y la prioridad del pago de la deuda, llevándonos al matadero.

Foto: Flickr | Jaume d’Urgell

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