Susana Rivera: “El amor que Ángel González dio al mundo no desaparece”

Susana Rivera, en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo. Imagen de Pablo Gómez

Susana Rivera, en el Edificio Histórico de la Universidad. Imagen de Pablo Gómez

Como parte de la Cátedra Ángel González, este miércoles 20 de Junio, Susana Rivera, viuda del autor y profesora de Literatura Española en la Universidad de Nuevo México, impartió en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo la conferencia El verso hecho luz. El acto, presentado por Araceli Iravedra, directora de la Cátedra en curso, giró en torno a la figura del autor asturiano y su forma de entender el mundo y la vida a través de la poesía. Antes de comenzar, Rivera dedicó unos minutos para responder, con la calidez y cercanía que la caracterizan, a las preguntas de Periodismo Asturiano.

¿Qué orientación le va a dar a la conferencia? ¿Por qué el nombre El verso hecho luz?

La conferencia tiene su parte seria sobre la poesía de Ángel, cuya esencia es el amor. Él y yo misma vemos el amor como la luz que permanece siempre; es lo que justifica la presencia del ser humano en el mundo y permanece aquí a pesar de la disolución del cuerpo como una luz. Además, Ángel vio la luz en Asturias.

¿Era la poesía para Ángel González una forma de expresión y desahogo o también una forma de vida?

Fue tanto forma de expresión como forma de vida. Un poeta amigo nuestro, Luis Muñoz dice que Ángel es el poeta que más se parece a su obra. No sólo escribía su poesía, la vivía. Eso se ve en la ironía que caracteriza su poesía y también a su persona.

En el discurso que Ángel González dio cuando se le nombró Doctor Honoris Causa de la Universidad de Oviedo, mencionaba el paso del tiempo y la fugacidad de la vida. Cuando el final se acercaba, ¿pudo asumirlo, aunque fuese desde la tristeza, o llegó a caer en el abatimiento?

Él asimiló el final perfectamente, precisamente porque tenía claro que el ser desaparece pero la esencia no. Esto se nota en el verso que le sirve de epitafio “Este amor ya sin mi te amara siempre”. El amor que dio al mundo no desaparece.

La constante de su obra acerca del amor y la salvación a través de la persona amada es algo que a usted le toca de cerca, ¿también concibe usted esta salvación?

Hace cinco años no lo hubiera visto tan claro, ahora sí. Es algo muy curioso que, al poco de morir Ángel, leí la reseña de un libro de una escritora norteamericana, de cuyo nombre nunca me acuerdo, que tuvo una gran tragedia: murieron su marido y su hija; y sobre esto escribió un libro. Concebía la muerte como liberación; la primera vez que lo leí me sentó como un tiro, me pareció fatal; pero luego me di cuenta que tiene toda la razón. Desaparece lo que más quieres y te cambia la perspectiva del mundo y de la vida. Cosas que te parecían tragedias ya no lo son. Así que sí, salvación para él y para mí.

Presentación de la conferencia. Imagen de Pablo Gómez

Presentación de la conferencia. Imagen de Pablo Gómez

Respecto a la época de movimientos de protesta y grupos como el colectivo de los ‘Indignados’, ¿cree que si Ángel González viviera formaría parte de ellos?

Seguro, seguro. Su poesía gira toda en torno al amor y una de las modalidades del amor es la solidaridad humana.

¿Qué valoración puede hacer de esta Cátedra en curso? ¿Está satisfecha?

Estoy contentísima, es lo mejor que podría haber ocurrido. Me gusta como ha empezado y el primer ciclo de conferencias, que me encanta. En el poema A la poesía dice que la quiere sacar a la calle, es lo que están haciendo y eso me gusta mucho y le gustaría mucho a él, estoy segura.

¿Todavía sigue buscando un hogar para el legado de Ángel González?

En mi opinión debería estar aquí, pero hubo muchos problemas. Se dijeron cosas desagradables y se tiene que saber la verdad, eso se tiene que aclarar primero. La otra opción sería Nuevo México, pero ésta es mi preferencia.

Dijo usted en cierta ocasión que le costaba utilizar el pretérito, ¿sigue siendo difícil?

Han pasando cinco años y medio y ya no me cuesta tanto… Recuerdo cuando lo dije horas después, en el tanatorio, recuerdo perfectamente que alguien me preguntó y dije “Ángel siempre dice…”, y luego me di cuenta que tenía que cambiar.

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