La vida desde una poltrona

poltrona

Por azar, libremente y sin coacción alguna, me encontraba hace unos días presenciando un capítulo de Mujeres, Hombres y Viceversa. Consiste este programa en una especie de feria ganadera donde reses de ambos sexos compiten para llamar la atención de un ejemplar especialmente siliconado o bronceado al que se le denomina tronista. Al parecer, y tras disponer de todas las candidaturas como si de una horda de esclavos y esclavas nubias se tratase, la res dominante escoge a la que será su pareja, por lo menos, hasta los próximos Idus.

A pesar del perjuicio para la psique que, sin duda, supone el visionado de uno o más minutos de tal programa, no escapará su valor antropológico al telespectador avezado. Sobre todo si lo utilizamos para comparar la especie con una pariente lejana que habita en el seno de la clase política: el poltronista.

Igual que sucede con las discusiones sobre el eslabón perdido y el origen de la vida, las circunstancias que hacen al político evolucionar en poltronista nunca están demasiado claras. Sabemos, eso sí, que en un momento u otro el espécimen será seleccionado para ocupar un cargo político de importancia, sea una concejalía, ayuntamiento, diputación o -si tiene mucha suerte- el Congreso de los Diputados.

Con el paso de los mandatos y legislaturas, nuestro espécimen va experimentando cambios en comportamiento y fisionomía. El organismo del sujeto empieza a mutar y asociarse con otros, más pequeños y peor pagados, que garanticen su supervivencia: chóferes, gabinetes de prensa, secretarios… Esta categoría excluye al organismo conocido como asesor, ya que su relación con el espécimen es mucho más simbiótica que los anteriores.

Es entonces cuando nuestro espécimen comienza a evolucionar a su forma final de poltronista. Según algunos estudiosos, cabe también la posibilidad de una fase intermedia, donde el espécimen torna en capullo a fin de prepararse para su ciclo final.

El poltronista evolucionado es un ser de costumbres: ficha en su órgano de gobierno regional o nacional, consulta los resúmenes de prensa, consulta a su secretario o secretaria y, asumiendo el control de su poltrona, comienza a recibir a las distintas reses que lucharán con denuedo por captar su atención. Más allá de estas acciones y el sometimiento a la disciplina de partido, nuestro espécimen se dedicará a ver la vida pasar desde una poltrona.

Existen, además, otras ramas que parten de este tronco común: tenemos al poltronista que abandona su condición y se dedica al servicio público -toda una rareza- o bien aquel que, a pesar de haber terminado su gestación, no deja de ser un capullo.

Para el poltronista, el mundo es una eterna sucesión de incomodidades: escraches, peticiones ciudadanas, comparecencias, ruedas de prensa, actos de partido y reuniones a puerta cerrada con presidentes de compañías eléctricas. Nuestro sujeto de estudio intenta mejorar su calidad de vida con denuedo, valiéndose de mecanismos biológicos de defensa como los Anticuerpos y Fuerzas de Seguridad, las ruedas de prensa sin preguntas, la expulsión de cámaras en los plenos municipales y el envío masivo de correos a la carpeta de spam. Por supuesto, no siempre estas medidas de contención tienen éxito. Algunos académicos están de acuerdo en que, si el caso es excepcional, el poltronista puede sufrir de una muerte repentina por dimisión. Sin embargo, apenas existen casos documentados en nuestro país desde principios de este siglo.

El ciclo de vida del poltronista puede terminar de tres formas, siendo la puerta giratoria una de las más habituales en el caso de cargos de primer nivel. Bancos, compañías eléctricas y conglomerados empresariales garantizarán a nuestro espécimen una vida tranquila y sin sorpresas, salvo quiebra de los mismos. Si este futuro no correspondiera con su perfil, el ecosistema ofrece salidas suplementarias como el Senado, los consejos asesores y la concurrencia a las Elecciones Europeas.

Según los expertos en esta especie, España disfruta de un ecosistema político excelente para el adecuado crecimiento y desarrollo del poltronista. Ausencia de leyes de transparencia, mayorías absolutas, sistema electoral favorable al bipartidismo, listas cerradas… Condiciones óptimas para la supervivencia de la especie. A pesar de ello, los especialistas no dejan de advertir que todos estos elementos favorables podrían desaparecer ante un cambio climático que mejore las emisiones de democracia representativa. Los científicos siempre tan alarmistas.

Sin embargo, no debemos olvidar algunos casos en los que, ante la inmensa presión social y económica, algunos poltronistas han devenido en una especie mucho más peligrosa para la ciudadanía: El estadista, cuyas características comentaremos en otra ocasión.

Imagen: Flickr | José Luis Cernadas Iglesias

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2 pensamientos en “La vida desde una poltrona

  1. En político sucede lo contrario que en la teoría de la evolución. El político está en peligro de extinción al involucionar para convertirse en un simple poltronista.

    Mal panorama, buen artículo

  2. Certero como siempre, pasar de tronistas a pol-tronisticos es un acto de lucidez. Y me encanta el remate, el peligro superior del que se cree estadista. A seguir escribiendo, que por lo menos nos queda el disfrute de leerte, mientras podamos pagar internet.

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