Chamanismo político

Si hay algo que esté grabado a fuego en nuestra identidad como ciudadanos europeos es un sentimiento de superioridad intelectual respecto a los Estados Unidos de América. Celebramos el déficit educativo de algunos habitantes del Nuevo Mundo como si todos fuésemos sesudos caminantes de la Escuela de Atenas.

Sin embargo, una rápida ojeada a los conocimientos de nuestros cargos electos deja, a veces, mucho que desear. Especialmente ahora que el pudor -precaria barrera contra la ignorancia y la falta de cultura- se desmorona al paso del furor político.

Ustedes y yo sabemos que podríamos ahogarnos en hemerotecas y videotecas a la hora de buscar ejemplos que nos hiciesen sonrojar. Afortunadamente, dos ministros del Partido Popular y una diputada de ERC han actualizado, esta semana, el registro de barbaridades, obteniendo la puntuación máxima en el disparate y la aberración.

Tal es el caso de José Manuel Soria, titular de la cartera de Industria, Energía y Comercio. No contento con ser uno de los peores ministros de la historia de la democracia y el hombre más versado en electrocutar la cartera de las familias españolas, Soria demostró además amplios conocimientos de Geografía a la hora de demarcar el Meridiano de Greenwich, perpetrando el siguiente despropósito:

No busquen el meridiano, que se desvió para tomar el sol en Canarias. Una de dos: o las editoriales vuelan raudas a cambiar los libros de la materia para adecuarlos al ministro, o al ministro le hace falta pasar por unas cuantas reformas en el sistema educativo español. Mucho me temo que ninguna haya de cumplirse. Esperemos, tan solo, que nadie le pregunte por la capital de Brasil o saber arcano similar.

Afortunadamente, siempre podemos confiar en algunos diputados de la oposición para mantener, y bien alto, el estandarte del pensamiento crítico en nuestro país. Como ejemplo de que los polos opuestos se atraen, aquí tienen la sesuda pregunta que le dedicó Teresa Jordà, de ERC, a la ministra de Sanidad Ana Mato. Les juro que durante toda la intervención esperaba con avidez la revelación de la cámara oculta. Desafortunadamente, nunca llego. Lloremos:

Para las hemorroides no hay mejor cosa que la acupuntura o la homeopatía. Así que ya sabe, pruebe con alfileres si es usted culo de mal asiento, que es “igualmente eficaz y máas barato”. “Además, una aplicación óptima de las terapias naturales supone, de hecho, un ahorro para la sanidad”. Seguro que sí, cuantos menos pacientes recurran a la ciencia, menos población habrá de atender el sistema. Tan preocupados como estábamos con los recortes y lo único que necesitábamos era aumentar la tasa de mortalidad. Según Jordá, hay que regular prácticas como la homeopatía. Yo digo que vayamos más lejos y hagamos lo propio con el chamanismo, la curación por imposición de manos y las cartas del tarot, como decía un comentarista en Menéame.

Tras el silencio atónito del Congreo ante la pregunta de Jordà, llegaba la contestación de Ana Mato: “Vamos a tener en cuenta la opinión de todos los implicados, especialmente los representantes de las asociaciones que representan a los profesionales en esta materia y también a las asociaciones de pacientes”. No se ustedes, pero a mí me tranquiliza saber que se contará con los vendedores de terapias alternativas para saber si las terapias alternativas sirven para algo.

En su libro Mala Ciencia, Ben Goldacre afirma que todos los esfuerzos dedicados a ensalzar las virtudes de disciplinas como la homeopatía deberían reorientarse al estudio de la atención personalizada a los pacientes, la curación derivada del efecto placebo y la mejora del sistema sanitario en general. No voy a darles aquí lecciones sobre la base de muchas de estas terapias, donde la ciencia no aparece por ninguna parte, ya que en lugares como Naukas, Materia, Magonia o los artículos firmados por grandes periodistas científicos como Antonio Martínez Ron se dedican a esa labor con mejor prosa que la mía. Únicamente les traslado mi deseo de mejorar el nivel cultural y científico de quienes gobiernan el país y representan nuestra soberanía.

De lo contrario, tal vez acabemos viviendo en una sociedad en la que nos den un Actimel en vez de enviarnos por Urgencias. Magia y Fe no son lo mismo que Ciencia; no intenten vestirlas como tal.

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