La destrucción o el amor: un ejemplo

Texto completo de la Lección Inaugural de José Fernández, director del IES Bernaldo de Quirós, impartida en el acto de apertura del curso 2013/2014.

Antes de empezar con la lección inaugural, que es un concepto administrativo e intelectual, expondremos varias ideas que nos servirán para cumplir el objetivo que nos proponemos con la misma: rendir homenaje a los alumnos que, por razones diferentes, nos confiaron su formación en una etapa decisiva de su vida. En especial a quienes optan por la vía de las artes plásticas o la música para dar sentido a su vida. Porque si bien cualquier opción académica es digna de respeto, sin embargo estarán conmigo en que en el mundo de hoy, tan complejo, un artista nunca tiene las mismas opciones que aquel que opta por un una carrera tecnológica o biosanitaria. Aunque el esfuerzo y las capacidades sean las mismas en ambos protagonistas, para una sociedad como la nuestra todos sabemos que no es lo mismo.

La anterior afirmación obedece a esa deshumanización grave y escandalosa que sufrimos, a la que se añade una profunda confusión de valores. Saben ustedes que en el mundo actual priman dos conceptos fundamentales: fama y fortuna; y con tales conceptos ya podemos imaginar que tipo de sociedad les toca vivir a nuestros alumnos, la que tiene como principio filosófico único el de la conveniencia.

Uno de los principales recursos con los que contamos para controlar este rumbo peligroso y sinuoso por el que opta nuestra sociedad es el artista. Porque el artista plástico, visual, musical o literario es imprescindible para que una sociedad tenga una vida espiritual intensa, en la que predomine la tolerancia; y para que la convivencia sea pacífica. Pobre de aquella sociedad en la que el artista mire para otro lado y no se haga cargo del mundo que le toca vivir.

¿Qué seria de nosotros si los artistas no se hacen cargo de los efectos de la globalización o de los efectos de los soportes digitales que transformaron el mundo?¿Como se recupera una sociedad de los graves problemas medioambientales o de la corrupción política y mediática, del terrorismo, del fundamentalismo religioso, de la desintegración del mundo agrario o de las diferencias sociales cada vez más extremas fruto de una codicia exacerbada de nuestro sistema financiero, si el artista vive en la indiferencia? También podemos decir, para andar por casa, que si escribir o pintar en Asturias, como decía Larra, es llorar, la sociedad asturiana está aquejada de alguna enfermedad seria.

Estaremos de acuerdo, entonces, si digo que la educación es el recurso más importante que tenemos para hacer de la nuestra una sociedad equilibrada. Crítica porque no se deja engatusar fácilmente por arribistas y cucañeros; y culta porque sabe buscar los recursos intelectuales, éticos o morales propios para encontrar soluciones. Una definición de la educación que recoge las ideas anteriores de este concepto lo encontramos en el novelista americano Thornton Wilder. Fíjense en lo que escribe en la novela El octavo día. Dice:

La educación es el puente que el hombre cruza desde la vida encerrada en uno mismo, centrada en uno mismo, hacia la conciencia de la comunidad humana al completo.

Es decir, cuando nosotros estamos educando a un chico, estamos abriendo las puertas de su alma a una madurez que le llegara sin fecha alguna. Cuando estamos formando a un artista que elige el bachillerato artístico en nuestro centro, hablamos de alguien que, además aspira, mediante sus creaciones, a dejar constancia de los desequilibrios de la sociedad o las consecuencias personales que tales desequilibrios tienen en quien los describe: el propio artista. Porque como dice J. E. Pacheco, “el arte tiene una sola realidad: el sufrimiento”. Lo que estamos haciendo, entonces, va más allá de unas simples destrezas que servirán para aprobar una asignatura. Formamos espíritus.

Es decir, de cara al futuro, con este panorama, nos preguntamos ¿qué es un artista? Es un tema controvertido; más si hablamos con los propios artistas. Sin embargo, para avanzar, utilizamos dos definiciones que hablan de lo mismo pero de forma diferente. Las características que le endosa Rubén Darío al artista y las palabras que el divulgador científico y escritor Eduardo Punset le dedica en el libro El viaje al amor se complementan, pese a la diferencia. El nicaragüense nos dice del poeta:

¡Torres de Dios! ¡Poetas!

Pararrayos celestes,

que resistís las duras tempestades,

como crestas escuetas,

como picos agrestes,

rompeolas de las eternidades!

Ya ven ustedes que el artista, en el mar proceloso de la vida, cual vidente, rige el esquife que sortea los peligros a la vez que da cuenta de ellos a quienes carecen de habilidades o tiempo para esquivar los peligros: rompeolas, pararrayos, crestas o picos ya dicen bastante de la actitud vital del poeta, vigilante incómodo de los males que nos aquejan. Porque es bien sabido que a nadie le gusta oír de alguien más sus defectos que las virtudes.

En el libro de Punset aparecen descritas las diferencias neurológicas, cerebrales, entre un científico y un artista; entre Newton y Picasso, por ejemplo (y esto es la primera vez que se dice en este instituto). En ambos casos, por supuesto, se supone un cierto nivel de inteligencia. Sin embargo, nos dice Punset que en el cerebro del científico hay unos circuitos cerebrales que se llaman inhibidores latentes, válvulas en el lenguaje vulgar, que aíslan el cerebro de cualquier realidad circundante y focalizan el conocimiento.

Estas válvulas cerradas, inhibidores, son incompatibles con el pensamiento creativo que siempre las tiene abiertas porque no les funcionan bien, porque siempre mantienen la mente abierta al vendaval de ideas -consistentes unas y enloquecidas las otras- que les llegan del mundo exterior. Para que nos entendamos, y para llevar el agua a mi molino, el artista es al espíritu del hombre lo que el médico de cabecera es al cuerpo humano: ambos son imprescindibles para evitar males mayores y para curar a posteriori cualquier posible enfermedad que se aproxime. Tampoco está mal hablar de las siete inteligencias múltiples o diversificadas estudiadas por el profesor Howard Gardner. A lo largo de la vida podemos desarrollar, porque existen:

  • La inteligencia lingüística.
  • La lógico-matemática.
  • La corporal-cinestésica.
  • La musical.
  • La espacial
  • Y la social, que se divide en dos: la interpersonal y la intrapersonal.

Escoger una para nuestros alumnos o para cada uno de nosotros, la más apropiada, es correr un riesgo; porque todos a lo largo de nuestra vida desarrollamos diferentes capacidades intelectuales. De ahí el error que, con frecuencia, cometemos cuando emitimos juicios de valor que confunden más que resuelven. Aproximadamente, podemos ser hombres de letras, hombres de ciencia, ninguna de las dos cosas o políticos.

Con este breve preámbulo, entramos ya en el tema que nos ocupa, en la explicación detallada de un Bestiario que termina en el título que abre esta exposición como idea central del mismo: la destrucción o el amor. Fue pintado por una alumna nuestra, cuyas pinturas están dentro de una tradición artística y tienen un acervo cultural profundo detrás de ellas. Y le sirven para comunicarse con un espectador por medio de ellas.

Bestiario

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Estas figuras las agrupa la pintora en el concepto que ella misma denomina BESTIARIO: dos dípticos relacionados entre sí y perfectamente ensamblados. En este caso, la pintora utiliza el BESTIARIO para explorar el alma del hombre, su alma, describirla y darle una respuesta.

Es decir se sirve de un recurso artístico muy usado en la Edad Media, que tiene como protagonistas animales reales o fantásticos, con un significado propio cada uno de ellos, mediante la analogía; y que sirven al artista medieval para lanzar un mensaje sobre todo religioso, de orden moral.

No es el caso de los bestiarios actuales, cuyos contenidos son más introspecciones o exploraciones del mundo intelectual o sentimental, o ambos a la vez, del artista. Tal como éste que Sonia pintó y que, en primicia, presentamos hoy aquí, en el centro donde hizo sus estudios de bachillerato.

En la imagen vemos su formato; y en él podemos observar tanto las figuras como los recursos que utiliza para llegar al espectador. Como es normal, tiene un orden que viene dado por el contenido de cada uno de ellos, y de este orden y del contenido de cada uno de ellos llegamos a una unidad de carácter superior con una idea central única. Bien sabemos lo controvertido de los análisis de las obras de arte, pero éste es imprescindible en el mundo académico, ajeno a las impresiones o gustos personales.

Para que nos entendamos, distinguimos cada uno de ellos por un detalle y de esta manera podemos seguir más fácilmente la explicación que permite, espero, la comprensión del todo por cada parte.

  • El nº 1 tiene un gato.
  • El nº 2 tiene una garra de águila.
  • El nº 3 tiene dos alas.
  • El nº 4, un sol ardiente.

Una descripción somera antes de estudiar al detalle cada uno de esos bestiarios, nos permite ver qué elementos comunes y diferentes permiten hablar de unidad dentro de la diversidad.

  • En los tres primeros se repite la figura humana como elemento principal.
  • El cuarto tiene en común con los anteriores tonos diferentes de los mismos colores.
  • Los tres primeros complementan la figura humana con figuras de animales, todos ellos con el significado que les da la tradicción cultural.
  • En el cuarto aparece una planta, el diente de león.
  • En los cuatro el color intensifica el mensaje del bestiario correspondiente.
  • En los tres primeros los animales complementan el mensaje de la figura principal, intensificando la unidad del cuadro.
  • En el primero, un texto escrito da sentido al cuadro y ayuda a entender al resto del bestiario. También obliga a esta pregunta: ¿Quién es más importante, las figuras del cuadro o el texto?
  • La linea ondulada es la que predomina en los tres bestiarios con figura humana y es también un símbolo dentro de los mismos.

A continuación pasamos al analisis pormenorizado de cada uno de ellos.

Bestiario Nº1

Le damos un número 1 porque pensamos que es donde Sonia nos hace el planteamiento general del Bestiario. Y la primera pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿nos habla de ideas o de sentimientos?

Como es normal, vamos a la parte más objetiva del cuadro: el texto que escribe al lado de la figura humana. Veamos lo que dice:

Lo mejor esta herida

Lo peor la sal de esta herida.

Lo mejor vivir

Lo peor la ausencia

Lo mejor que te encuentren

Lo peor que se escondan.

No hay duda de que habla de su mundo sentimental, de una relación cuya principal característica es la incertidumbre, cuya principal consecuencia es el sufrimiento. Que acentúa la pintora con el color negro tanto de las letras como de las hojas desprendidas o el guante de la mano izquierda y la serpiente que desciende cuerpo abajo buscando una presa que puede ser ella misma.

Por otra parte, si analizamos la sintaxis, vemos que utiliza una simple estructura bimembre o ecuacional, como me dice Manuel Angel, en grado superlativo absoluto, para darnos sensación de seguridad en lo que dice y contundencia en las consecuencias de ese carnívoro cuchillo que es su vida sentimental, la suma de los contrarios. En definitiva, el amor-dolor es el que parece que agobia a nuestra pintora.

El siguiente símbolo que copa el cuadro es la figura humana. Como símbolo tiene los siguientes contenidos que expresa muy bien la pintora: Por las facciones de la cara, podría ser un joven con una sonrisa en los labios. Con un tronco no muy desarrollado, más femenino que masculino, y unas manos elocuentes por sus características físicas, por la postura que tienen y por los colores.

Vayamos, en primer lugar, a la cabeza: la parte más importante es la linea ondulada que tiene forma de serpiente. Para saber qué idea representa como símbolo, vayamos al Diccionario de los Simbolos de Chevalier, quien dice de la serpiente que es un vertebrado que encarna la psique inferior, el psiquismo oscuro, lo raro, incomprensible o misterioso.

Ya sabemos entonces que esos sentimientos amorosos están incrustados en lo más profundo de su psique, y que van mucho más allá de una simple relación amorosa con límite temporal. Porque en esa mata de culebras, cual medusa, tiene su nido esa serpiente negra que desciende cuerpo abajo en busca de una presa (la lengua) que es ella misma, porque el punto de salida es su propia cabeza.

En el tronco tenemos, por una parte, el cuerpo central, de color amarillo, símbolo de la alegría, frágil y como echado hacia delante, con una sensación de movimiento generada por la postura de las manos.La mayor información de la importancia del tronco nos llega de la postura de las manos y sus características: Son manos frágiles, femeninas. Que hacen juegos malabares con unas hojas negras que sustituyen a los bolos. Con seis dedos femeninos por su morfología y las uñas pintadas en la derecha, recurso para coger algo con mayor seguridad. Y un guante en la izquierda para mayor seguridad en el juego.

Todo ello nos lleva a pensar en un espacio específico, la pista de un circo, que simboliza más una actitud vital que espacio propiamente dicho.

Las hojas negras que caen del texto y que la figura humana trata de echar fuera, sin embargo vuelven otra vez a caer en la mano de quien las vuelve a lanzar creando una sensación de circulo del que le parece imposible salir. Un toque poético para tanto símbolo serían aquellos versos de Espronceda: “Las ilusiones perdidas son hojas, ay, desprendidas del árbol del corazón”. Es otra manera de decir lo mismo, aunque no con tanta fuerza sentimental como vemos en el cuadro.

Además aparece también un gato; en actitud, como siempre reflexiva. Y un pato, pariente pobre del cisne en la simbología medieval. Ambos están muy de acuerdo con el juego que realiza la figura humana. Y como se ve, el gato, humanizado por medio de la mano, asiente con el dedo y la cola hacia arriba y una sonrisa clara en los ojos. El pato, escandaloso, participa más efusivamente del juego por medio del pico abierto por completo, soltando una carcajada.

Quedan los colores. Los predominantes son tres: el verde, el negro y el amarillo.Los tres colores fortalecen a los símbolos cuyo significado quedó expuesto anteriormente.

Por fin llega el momento en que tenemos que colocar todas las piezas juntas para dar sentido a este puzzle mediante la palabra. Vamos a intentarlo de la forma más sencilla posible. Veamos: La pintora, Sonia, mediante forma circular y unos simbolos perfectamente engarzados, nos dice que un amor incrustado en el alma será siempre cual herida sin restañar.

Bestiario Nº 2

Los protagonistas de este bestiario son:

  • Las dos figuras humanas con su cabellera ondulada y muy abundante.
  • Un abanico de colores.
  • Dos espacios claramente diferenciados por la intensidad de la luz.

Si nos paramos a describir las dos figuras, observamos en ellas las siguientes características, cargadas de un fuerte simbolismo:

La figura de mayor tamaño es una mujer con el mismo tipo de cabellera que vimos en el Bestiario Nº 1, aunque más espesa y abundante, fruto del paso del tiempo. Tiene unos brazos frágiles que simulan ser alas. Con unas piernas, por el grosor, femeninas, que terminan en unas garras de águila que sustituyen a la planta del pie.

La figura más pequeña, un niño, por la cara y piernas que le pone, que se coge a la cintura de la mujer a la par que busca apoyo con las piernas para sostenerse mejor en el aire. Tiene también la cabellera espesa y larga y esboza una sonrisa y una mirada ajenas al miedo a la altura.

Los colores nos indican la dirección del vuelo que va de una zona oscura a una zona más clara. Ayudan a intensificar la sensación de movimiento que denota la figura principal.

Hecha esta descripción, vamos a describir la simbología del cuadro que nos llevara directamente al mensaje que la pintora envía cuando hilvanamos todos los elementos.

En primer lugar hay que saber que las figuras que emprenden el vuelo lo hacen como respuesta al contenido del bestiario nº 1: tanto dolor y tanto sufrimiento sólo se superan si salimos de nosotros mismos y emprendemos un vuelo liberador. Este vuelo tiene que ser como el del águila que simboliza la luz vencedora de las potencias oscuras de un alma torturada (el águila en el bestiario es quien vence a la serpiente). El vuelo que emprenden es fuente regeneración y salvación.

Sin embargo no le basta a la pintora emprender un vuelo reparador. Para conseguir este objetivo tiene que llevar consigo al niño, que representa su infancia, la inocencia o la candidez. Es decir, tenemos una figura demediada, partida a la mitad y que son una persona sola. Tanta importancia tiene para ella que el gesto ceñudo de su mirada expresan el miedo a que se suelte y perderlo.

Los dos elementos que señalan al águila como símbolo son los brazos como alas y las garras que sustituyen a los pies. Pero si nos fijamos un poco, mientras que los garras denotan una fuerza que da seguridad, las alas son más bien frágiles y permiten poner en duda el éxito de la remontada.

Todos estos elementos, puestos en palabras para hablar de un mensaje, quedarían así: el insostenible amor-dolor del bestiario anterior aminorará el sufrimiento si somos capaces de romper el círculo vicioso que nos oprime el alma, tomamos la decisión de romperlo y remontar el vuelo acompañados de nuestra infancia, etapa feliz entonces y contraria al estado actual.

Bestiario Nº 3

Por la disposición de la figura, en posición vertical, vemos que no fue capaz de remontar el vuelo que emprendió en el bestiario anterior. Las frágiles alas no sostuvieron en el aire los cuerpos. Sin embarg,o la altura alcanzada fue considerable por la velocidad de caída, pues todos los símbolos que utiliza así lo dejan entrever.

En su afán perfeccionista, estos símbolos parecen desfigurados con respecto a las figuras anteriores: la cara de la mujer es más pequeña, la de la infancia más pequeña todavía; la cabellera, de igual formato que las anteriores, acentúa la verticalidad y la velocidad. Pese a ello, la madurez de la pintora acepta sin dramatismo la situación, aunque sigue buscando una salida, sin rendirse.

Una indiferencia como estado de ánimo: la cara y el café que toma con todos sus adminículos. Una infancia indiferente a sus problemas, que arrastra con ella, metida en sus pensamientos. Unas garras como recuso último para asirse cuando tenga una oportunidad. Y unas hojas sueltas que salen de una libreta donde puede escribir. Son los símbolos de que dispone para superar el grave estado sentimental en que se encuentra, según la autora: escribir, buscar apoyos (las garras) y recurrir a nosotros mismos (infancia) son los útiles para vencer a ese amor- dolor del que constantemente nos habla.

Como dice un personaje de la novela El Octavo día: “no existe felicidad si no se comprende todo”; a los jóvenes hay que permirles que afronten sus propios desencantos porque con la esperanza fortalecemos las almas.

Con estas palabras este bestiario nos abre las puertas el…

Bestiario Nº 4

La originalidad de este bestiario está en el símbolo que aparece como referente: un diente de león. Todos saben que es una planta sencilla que busca espacio en cualquier hueco, de color amarillo, de hojas lanceoladas, hermafrodita y que se expande por el aire, cual pompa de jabón.

Si bien el diente de león simboliza, por el color amarillo, la alegría, la sonrisa necesaria para la vida cuando pensamos que todo está perdido, en este bestiario la pintora hace una interpretación singular porque, si se fijan, la flor que aparece aquí es de color negro y en su forma lleva escondida la cabeza de un lobo, símbolo mitológico muy poderoso asociado a la voracidad, a las tinieblas o al diablo, con una mirada torva y el pelo oscuro y lacio. El lobo que describe Rubén Darío en el poema dedicado a San Francisco de Asís, Los motivos del lobo.

Pues bien, esas cualidades maléficas del lobo se exageran si lo colocamos en la flor de aquel diente de león, que nos retrotrae a la infancia cuando antes de soplarla, jugando con su sencillez, pedíamos un deseo.

Deseo que también tiene la pintora; pero no de volver a la infancia por medio de aquel recuerdo que propicia esta planta; la quiere usar, por el contrario, para liberarse de ese amor-dolor que, cual maléfica fiera, corroe más su espíritu que sus entrañas.

Conclusiones

Después del análisis hecho, de vuelta otra vez al conjunto, podemos deducir que:

  • Este trabajo es un cuadro único con dos dipticos como soporte tanto en la forma como en el fondo: hay un hilo conductor que une los símbolos todos que lo representan.
  • La autora investiga en su propio interior para trabajar sobre un sentimiento universal que es el amor-dolor.
  • Brilla una madurez artística tanto por el uso de los recursos propiamente pictóricos como por la cultural que trasciende cada cuadro.
  • Hay una perfección técnica, minuciosa, que intensifica el mensaje.
  • La originalidad del bestiario está tanto en los recursos que usa en el Nº 1 como en los del Nº 4. Hasta los colores están en función de la intencionalidad de la autora, que no se permite ni una futilidad.

Bien se ve la función terapéutica del artista en nuestra sociedad, cuando nos describe un sentimiento corrosivo y nos da la solución: comunicarse para echar fuera nuestros demonios. Saber poner palabras a nuestra vida o saber representar nuestros infinitos mundos es una solución.

Sonia encontrará su hueco en el mundo del arte por el esfuerzo que hace para tener voz propia y original. Para llegar a este punto, la meta de salida fue este centro donde cursó el bachillerato de Artes y encontro una espitra que le sirvió para dar sentido a su vida.

Dicho con otras palabras, este instituto tiene una finalidad propia: trabajar para que nuestros alumnos, individual y colectivamente, den sentido a su vida con los recursos intelectuales y artísticos que les proporcionamos. Después cada uno puede ser de letras. O de ciencias. O de nada. O político.

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