Memoria y demonología

Una ilustración del 'Lexikon der Monster, Geister und Dämonen' de Felix Bormann

Este texto es de los que reabren viejas heridas. No es un ensayo sobre la memoria histórica; es un ensayo sobre memorias de sangre, de tortura, de asesinato. Es un texto de llanto silencioso, de gritos en la oscuridad. De quien llama a tu puerta en mitad de la noche y te ordena salir a la calle, mientras abrazas a tu familia. De quien entiende por cristiano dejar cuerpos sin sepultura, arrojar embarazadas a un pozo, rapar con crueldad, violar con impunidad.

También es un texto de tiro en la nuca, de secuestro, de profanación, de bombas que destrozan inocentes. De juicios sumarísimos sin garantías legales, de campos de trabajo, de garrote vil. De gente muerta y gente viva. De gente viva y gente impune.

Tuvimos que olvidar. Éramos infantes, era necesario. Tuvimos que olvidar para seguir creciendo. Pero el olvido acabó fallando. Recordamos; siempre. Perdonamos casi todo; pero jamás, jamás olvidamos nada. Jamás olvidamos los adorados huesos que reposaban en la cuneta, ni ese anciano bonachón que, en sus años mozos, componía una sinfonía de gritos en cuartel. Jamás olvidamos.

Hemos crecido, somos adultos. Se acabó fingir que no recordamos. En este país hubo asesinos, torturadores, secuestradores de niños, violadores y terroristas. Tuvimos que suspender nuestra fe en la justicia, en la moral, para sobrevivir. Nunca más.

Dicen los viejos que hubo una Ley de Amnistía, que lo pasado, pasado está. Olvidan los viejos que en Argentina también hubo texto similar. Pero al contrario que nosotros, democracia avanzada de Occidente, ellos la derogaron y llamaron a los carceleros a capítulo, igual que hacen ahora con los nuestros. Vivo en una democracia que les protege y defiende. En esa democracia hay medios que defienden seguir olvidando. Que se pudran los muertos en cunetas, que se pongan medallas a quienes tuvieron -y todavía tienen- las manos manchadas de sangre.

Nadie se vuelve ex asesino. Se es asesino o no se es. Tampoco se retira el torturador; se practicó la tortura o no se practicó. Y los culpables han de comparecer ante los tribunales, pagar por sus crímenes. Para El Mundo, la justicia es como hacer teología. Verbi gratia:

La Justicia española no puede juzgar ni extraditar a Billy el Niño, como tampoco puede hacerlo con los etarras que pusieron bombas en aquella época y asesinaron a personas inocentes. […] No es posible llevar al banquillo a Billy el Niño por torturas y dejar impunes asesinatos que no tuvieron castigo por razones políticas. Y tampoco es ni sensato ni conveniente volver a resucitar los viejos demonios del pasado, que, como hemos visto en más de una ocasión, siguen todavía dormidos.

Puede y debe hacerse. Que paguen los manchados de sangre, que paguen. Todos ellos, del primero al último, a los tribunales. Que quienes se bañaron en la sangre de los inocentes respondan por sus crímenes. El perdón, ciudadanos, no está reñido con la justicia. Como cristiano, se muy bien que a los viejos demonios no se les canta una canción de cuna; se les practica un exorcismo.

Imagen | Wikipedia

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