Gala de los Premios Príncipe: intramuros

Wert, a su entrada en el TEatro Campoamor. Imagen de Pablo Gómez

Wert, a su entrada en el Teatro Campoamor. Imagen de Pablo Gómez

Arreciaban los abucheos en la Plaza de la Escandalera y resto del recorrido desde el Hotel Reconquista al Campoamor, mientras galardonados, invitados, autoridades y parte de la familia real entraban al edificio para asistir a la Ceremonia de Entrega de los premios Príncipe de asturias 2013. Bien sea por la presión ejercida por las protestas durante toda la semana, o sea por el contexto económico que envuelve la sociedad a nivel internacional, no estuvieron ausentes de los discursos varias menciones al clima de agitación que recorre el país. Algunas fueron más evidentes que otras.

Inciarte agradece el apoyo de la Corona

El primer discurso correspondió, como suele ser habitual, a Matías Rodríguez Inciarte, Presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, que ensalzó los premios como “un homenaje a la cultura, a la ciencia y a la solidaridad”. Inciarte agradeció a los Príncipes de Asturias su “constante respaldo”, al que calificó como un “estímulo” muy valioso y un sentimiento que, según dijo, “comparte toda Asturias”. En el exterior del Teatro Campoamor, los pitidos y abucheos continuaban.

El presidente de la Fundación finalizó su discurso recordando a cuatro galardonados fallecidos recientemente: Eduardo García de Enterría, Martín de Riquer, Álvaro Mutis y Juan Linz.

Muñoz Molina llama a “reflexionar con urgencia sobre los errores, inercias y descuidos que necesitamos corregir”

Tras las palabras de Matías Rodríguez Inciarte llegó el turno del escritor Antonio Muñóz Molina, galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las Artes, que señaló la dificultad de hablar sobre la perseverancia y el gusto que acompañan al trabajo de escritor “en un país en el que tantos millones de personas carecen angustiosamente de él”. Además, señaló la “frivolidad” de reflexionar sobre la concordancia entre el mérito y el éxito en literatura “en un mundo donde los que trabajan ven menguados sus salarios mientras los más pudientes aumentan obscenamente sus beneficios, en un país asolado por una crisis cuyos responsables quedan impunes mientras sus víctimas no reciben justicia, donde la rectitud y la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la conexión clientelar”.

Además de definir la ficción como la “variedad moderna del mito”, el galardonado denunció la situación de un país donde ” las formas más contemporáneas de demagogia han reverdecido el antiguo desprecio por el trabajo intelectual y conocimiento”.

Annie Leibovitz: “La fotografía representa la vida misma”

Durante su intervención, la fotógrafa Annie leibovitz, Premio de Comunicación y Humanidades, puso en valor la capacidad de la fotografía para retener “los momentos fugaces de nuestras vidas”.

“Sin embargo”, advirtió, “el valor de la fotografía como una actividad seria se ha puesto en duda desde la invención de las cámaras”. En opinión de Leibovitz, la discusión sobre si la fotografía es arte o no ha terminado justo cuando se inicia otra sobre si la fotografía “ha muerto o no”. Nada más lejos de eso cuando la fotografía supone poder: “el poder de compartir nuestras experiencias con otras personas, al margen de las diferencias temporales, geográficas, de educación y de creencias. El poder de mostrar lo que, de otra manera, no podría creerse. El poder para detener y retener esos momentos que acaecen fugazmente a nuestro alrededor”. Además, tal como recordó, “El fotógrafo es quien registra la experiencia de la mirada y la transforma en una imagen duradera”.

Tras la intervención de Leibovitz se procedió a la entrega de los galardones, que tuvieron como momento destacado la recogida del premio otorgado a la ONCE por parte de Miguel Ángel Carballeda, Liv Parlee Cantin y Cristina Lucchese Seda y su perra guia Breezy.

Saskia Sassen: “El mundo académico está siendo atacado”

La socióloga neerlandesa Saskia Sassen, Premio Príncipe de Ciencias Sociales, denunció la situación de las instituciones académicas “en países tan diversos como Afganistán y EEUU”. Para Sassen, el florecimiento y expansión del conocimiento requirió, a través de la historia, del empeño de eruditos y trabajadores dedicados; un mundo que está siendo amenazado no solo con grandes ataques, sino con “miles de pequeños cortes” a través de lo que definió como una serie de “despliegues liliputienses”. Es por eso que Sassen acepta el Premio concedido por la Fundación, por la autonomía académica y la del conocimiento.

Michael Haneke: “Es hermoso y difícil ser premiado”

El director de cine alemán reconoció que se llevó un gran impacto cuando, visitando el Museo del Prado, entró en la sala de las Pinturas Negras de Goya ” supuso una conmoción que, probablemente, nunca olvidaré”. El galardonado explicó cómo entraba de nuevo en la sala, una y otra vez, “para exponerme a las sensaciones que esta obra provoca en mí”. Haneke utilizó esta historia para reflexionar sobre las posibilidades de influencia de la creación artística o cinematográfica contemporánea.

Haneke no está seguro de que a su campo de trabajo, que es el cine, se le pueda considerar arte. “El carácter de feria de la mayor parte de su producción ha hecho todo para impedirlo” apuntó, al tiempo que cargaba contra el cine como mero producto comercial: “la manipulación sirve para muchos fines, no solo políticos. También atontando a la gente uno se puede hacer rico.”

El discurso del Príncipe

Tras repasar de forma extensa la trayectoria y logros de todos los galardonados, Felipe de Borbón inició la última parte de su discurso recordando la “lección de coraje y solidaridad” brindada por los habitantes de Angrois, bajando de inmediato a las vías de tren para socorrer a los heridos en el trágico accidente ferroviario en Santiago de Compostela. El Príncipe de Asturias sugirió, en su intervención, utilizar dicho ejemplo como “estímulo” para “hacer frente al pesimismo, la frustración o la desconfianza que afectan hoy a muchos españoles”.

“Vivimos también con un profundo deseo de avanzar y de adaptarnos a las exigencias de los nuevos tiempos. La sociedad exige una reflexión rigurosa para nunca más volver a caer en errores y excesos inadmisibles”, señaló Felipe de Borbón. Mientras tanto, en el exterior del Teatro Campoamor, continuaban las reivindicaciones.

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