El airado canto de las calles

Saskia Sassen se dirije a un grupo de jóvenes manifestantes justo antes de participar en el debate que tuvo lugar en el claustro del Museo Arqueológico. Imagen de Pablo Gómez

Saskia Sassen se dirije a un grupo de jóvenes manifestantes justo antes de participar en el debate que tuvo lugar en el claustro del Museo Arqueológico. Imagen de Pablo Gómez

Si preguntásemos cuál es la mejor obra de literatura infantil jamás escrita, tendríamos dos grupos de personas: las que opinan que tal obra es La Historia Interminable y las que no.

Vale, no es cierto. Pero siempre he pensado que las historias que no terminan son las mejores historias, porque permanecen atentas y en guardia, esperando el momento propicio para ser escritas, leídas, transmitidas. Hoy intenté contar la historia de los Premios Príncipe con los artificios de un cuento tradicional, pero tuve que cejar al quinto párrafo. No vean cómo duele cuando pasa.

Lo siento; hoy no puedo entregarme a veleidades literarias. Estamos inmersos en una crisis. Una crisis que se ha dejado vidas por el camino, y hay personas que, como en Poltergeist, quieren dejar su recuerdo atrás; construir un bloque de apartamentos encima de las tumbas. No se a ustedes, pero a mí eso me enfada. Y la pasada semana, mucha gente demostró que también estaba muy, pero que muy enfadada.

Oviedo era un fortín. Si bien los galardones siempre se han caracterizado por muchos -y en su mayoría, lógicos- controles de seguridad, hubo ocasiones en las que los encontronazos con ciudadanos que protestaban y las decenas de periodistas jugando en vivo a la Oca, de puente a puente por los escáneres, llegaron a rozar el chiste. Como aquella ‘conga’ que protagonizamos quienes cubrimos la rueda de prensa de los premios de Investigación Científica y Técnica entre la entrada principal del Reconquista y la puerta lateral, correspondiente a la sala de prensa. Me acordé de los japoneses de Up in the Air.

Gaita Hero

Terribles las apreturas de corbata en el interior del Reconquista. No era para menos, porque el mensaje que inundaba las aceras era furioso y cristalino: La Fundación Príncipe de Asturias tiene en su patronato a empresas que han dejado tras de sí un reguero de ciudadanos desahuciados, preferentistas cabreados y, en general, seres humanos hartos de pagar un pato cada vez más caro. Cuando la gente está mucho más allá del gorro, las gaitas paren heavy metal. Debieron llevarse premio los roncones.

Las 'contragaitas' el día de la Gala. Imagen de Pablo Gómez

Las ‘contragaitas’ el día de la Gala. Imagen de Pablo Gómez

Y es que, a pesar de las reformas y contrarreformas educativas, parece que andamos sobrados de arte en el país. Que se lo digan a Saskia Sassen, que se topó con una gran marea musical de camino a un debate ciudadano que tenía lugar, colmo de los colmos, en el interior de un claustro. Innumerables las veces que la socióloga neerlandesa recordó la donación de su premio a colectivos que la redistribuyeran entre los más necesitados. Dijo Sassen que cree en el capitalismo sin distorsiones. ¿Será como el colesterol y también habrá del bueno?

El optimismo del Príncipe

No pudimos colar fotógrafo en la Gala, y miren que lo intentamos. Tendría razón Celia Cruz y sería que “no quedan camas pa tanta gente”, pero la confirmación final nos llegó a las puertas del Campoamor, donde se nos dijo que nuestro medio no estaba en ‘la lista’ (las acreditaciones de prensa son como las cebollas, tienen capas). Como director de un medio empeñado en ofrecer la mejor información a nuestros lectores, lamento que nuestra cobertura del acto (sonrían) careciese de un material gráfico equiparable al que sí nos brindó la calle. Tiene ventajas que te consideren pequeño. También inconvenientes.

Leí el discurso del Príncipe Felipe con el ánimo de un auditor de cuentas. Eran bellas palabras, pero tenían un problema de base: es difícil llamar a los ciudadanos a “hacer frente al pesimismo” y “superar ese estado de ánimo” desde una institución cuyo cargo viene por herencia y no por elección del ciudadano. El que parte de tal linaje se vea envuelto en turbios escándalos de corrupción no hace más que añadir más leña al fuego.

El problema de la monarquía no es la falta de acuerdo sobre la institución. Es que a los españoles no se les permite pronunciarse de forma electiva sobre la misma desde 1978, por no olvidar que nuestro actual monarca venía inserto en un paquete más que atractivo, teniendo en cuenta las tinieblas de las que emergía nuestro país.

Su Alteza sabrá disculpar mi atrevimiento, pero el hambre es una sensación que indica la falta de alimento, y no un estado de ánimo. Vivimos, Alteza, en un país con niños desnutridos, recortes sociales, corrupción rampante y toda clase de abusos por parte del señor al vasallo. Con estos mimbres, articular un discurso llamando a la proverbial laboriosidad del pueblo español me recuerda un poco a la desternillante frase que leí de un cura reaccionario que comparaba el rock católico con “poner cruces en el Infierno”.

Epílogo

Demasiadas cosas en una sola semana. Emocionante la respuesta de Saskia Sassen; decepcionante contemplar los planos cortos y los denodados intentos de la televisión pública por taponar los abucheos. Maravilloso ver tanta ciencia y milagroso que Rolf-Dieter Heuer me hiciera entender la física, aunque solo fuera un poco. Excepcional labor de los traductores; merecen más reconocimiento del que obtienen.

Y qué quieren que les diga, fue todo un detalle que una trabajadora de la Fundación, cuyo nombre no recuerdo, tuviera la amabilidad de prestarme sus propios auriculares para realizar unas transcripciones a salto de mata. Aunque desde la misma Fundación solo nos concedieran una de las entrevistas. Cuando las organizaciones cojean, la persona pisa fuerte.

Pero sobre todo y por encima de todo, fue esperanzador escuchar el hermoso y airado canto de las calles, que inundó Oviedo con la dignidad de quienes saben su lucha justa. Tal vez, después de todo, estas gentes nos brinden el día en el que podamos hacer caso al heredero de la Corona y abandonar el pesimismo, junto con el hambre.

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