“Madreña somos todos”

Qué cosas. No sabía yo que había un teatro en el barrio ovetense de Pumarín, como tampoco había oído de la existencia de photocalls con madreñas. Y mucho menos, de photocalls para ciudadanos anónimos que se retratan al grito de “madreñazo al sistema”.

Cuatro de los cinco imputados posan en el photocall. Fotografía de Pablo Gómez.

Cuatro de los cinco imputados posan en el photocall. Fotografía de Pablo Gómez.

“Ya que hacemos una gala en un teatro es lo mínimo”, me explica, pícara, Elena, colaboradora habitual del CSOA La Madreña. Tampoco era yo consciente, hasta esta gala, del enorme grado de implicación de tantísimas personas en un hecho como este: que un gobierno autonómico utilice una de sus empresas públicas para enjuiciar por lo penal a cinco ciudadanos que dedican su tiempo libre a los demás en lugar de sentarse frente al televisor o adormecer sus posaderas en un escaño. Lo que unos llaman ocupación, otros lo consideran desobediencia civil para aprovechar un espacio vacío y darle un uso social y cultural.

La algarabía del photocall de las madreñas se desvanece y da paso a un silencio respetuoso cuando la charanga El Ventolín, seguida por el público, hace entrada en el teatro interpretando el “Santa Bárbara bendita”, por razones que todos conocemos: la muerte esta semana de seis mineros en un pozo leonés.

Asistentes a la gala firman su "autoinculpación" antes de entrar a la gala. Fotografía de Pablo Gómez.

Asistentes a la gala firman su “autoinculpación” antes de entrar a la gala. Fotografía de Pablo Gómez.

Y, mientras unos entran, otros se afanan en firmar, en la mesa instalada en el hall, los documentos de “autoinculpación”. “El delito”, explica Diego, uno de los imputados, “es estar en ese espacio”. Por eso piden a la gente que ha pasado por La Madreña a lo largo de sus dos años de existencia que también se declaren “culpables de la ocupación”. Diego insiste en que “una cosa es la justicia y otra la legalidad” y pone como ejemplo a Rosa Parks, la mujer que acabó en la cárcel en 1955 por haberse negado a ceder el asiento a un blanco y moverse a la parte de atrás de un autobús: “si Rosa Parks no se hubiera sentado en la parte donde lo tenía prohibido, los negros seguirían viajando en una parte para negros”.

El Ventolín toma el escenario, mientras el público continúa ocupando el patio de butacas, a punto de rebosar antes de comenzar la gala. En primera fila, unas cuantas mujeres se arrancan a echar unos bailes de forma espontánea. Se respira mucha alegría en el ambiente.

Comienza la gala con El Ventolín y algunos bailes improvisados. Fotografía de Pablo Gómez.

Comienza la gala con El Ventolín y algunos bailes improvisados. Fotografía de Pablo Gómez.

Se hace de nuevo el silencio cuando El Ventolín hace mutis por el foro y las luces bajan. Aunque por poco tiempo. Enseguida aparecen en el escenario dos míticos de nuestra tierra: Maxi Rodríguez y Milio’l del Nido. Ellos son los maestros de ceremonias. “¿Cuáles son nuestras armas?”, se pregunta Maxi, que sospecha que puede haber “algún espía de la CIA o de SEDES oculto entre el público”. Risas. Y él mismo se responde: “nuestras armas son la música, la poesía y la animación”. Milio’l del Nido agradece la enorme afluencia: “la mayor fuerza es la vuestra, que estéis ahí y que quede pequeño el teatro”, lo que demuestra, dice, “que los de La Madreña no están solos”.

Y tanto que no están solos, más de una docena de artistas -de mundos tan variados como el folk, el rap, el teatro, la poesía o el humor- esperan su turno para aportar su “granín de arena”, como explica Ambás a PERIODISMO ASTURIANO minutos antes de comenzar la gala. “Que la xente te procesá por facer cultura pública y abierta paezme terrorífico”.

Ambás, durante su actuación. Fotografía de Pablo Gómez.

Ambás, durante su actuación. Fotografía de Pablo Gómez.

Maxi Rodríguez presenta a “el míticu Ambás”, que acude como representante del “micromundo” de la tradición en Asturias, una tradición “que no ye algo carca y que tien el nuesu espaciu en La Madreña”. En este centro, reivindica Ambás, “toos les díes son ‘nueche blanca’ y no esta pijada de facer la Noche Blanca una vez al año”. Antes de comenzar su interpretación acompañado por la pandereta, recuerda a la “muyer que me enseñó esti cantar”: una mujer que “sufrió la represión, que llevó palos en la posguerra, que tuvo al home presu, que vivió lo que tamos viviendo agora”.

Contra la represión también lucha la poesía “macarra” e incendiaria de Alba G. (que en vez de G. prefiere ‘punto G’) y de Pablo X. Con las connotaciones del ‘punto G’ de ella y la ‘X’ de él, se pueden imaginar por dónde van los tiros. Caras perplejas del público con uno de los poemas de ella. “El Estado ha intentado violarme”, comienza, pero, ¡oh sorpresa! : Al final fue ella quien lo violó, “porque llevas toda la puta vida provocando”, finaliza y sonríe.

Después de una cálida actuación de Vaudí que, además de sus ritmos brasileños, ofreció una versión de “Billie Jean”, aparece en escena la ‘Pequeña compañía de nenos grandes enormes’ para hacer una magnífica crítica de la empresa SEDES: “una empresa de todos y para todos” que “patrocina esta gala”.

La 'Pequeña compañía de nenos grandes enormes', parodiando a SEDES. Fotografía de Pablo Gómez.

La ‘Pequeña compañía de nenos grandes enormes’, parodiando a SEDES. Fotografía de Pablo Gómez.

Risotada general entre el público mientras entran en escena SilVidos y Gemidos. “Larga vida a La Madreña”, gritan las hermanas, que interpretan el “Ojalá” de Silvio Rodríguez. A continuación, Perro Blanco Blues logra que el público coree a una sola voz “no me parece bien”, antes de cantar un cuento en el que explica que quiere “ser Robin Hood de los bosques de Sherwood para robar a los ricos y dárselo a los pobres”.

Se siembra el desconcierto entre el público cuando este ve aparecer en escena a dos hombres, uno de ellos montado en un burro (de peluche). El otro lo presenta como “el padre de todos los ovetenses”. Los espectadores comenzamos a sospechar de quien se trata. Y lo confirmamos cuando dice ser “gobernador civil” y no “delegado del Gobierno”. Aplausos atronadores para los “nenos grandes enormes”.

Los siguientes en actuar son Pablo Und Destruktion, que pone los pelos de punta al personal con su “Pierde los dientes España” y los raperos Arma X, que arrojan sus rimas contra el sistema con contundencia: cantan que somos “campeones en fútbol y baloncesto”, pero también “en desaparecidos en la Guerra Civil y en recortes”. Ellos terminan con su “manos arriba, esto es un atraco; manos arriba, nos apuntan desde el banco” y el público, entregado, con las suyas en alto.

Silencio expectante cuando aparece Nacho Vegas. En declaraciones a PERIODISMO ASTURIANO, el cantautor gijonés aseguraba antes de la gala que “de un par de años a esta parte, los movimientos sociales son los verdaderos elementos de transformación social”, y que “los centros sociales ocupados y autogestionados son los que le están dando vida a la ciudad y están recuperando espacios públicos para la gente”. No nos quiso confesar los temas que había elegido para la ocasión, aunque no era difícil de imaginar.

Nacho Vegas, habla con PERIODISMO ASTURIANO antes de la gala. Fotografía de Pablo Gómez.

Nacho Vegas, habla con PERIODISMO ASTURIANO antes de la gala. Fotografía de Pablo Gómez.

Aparece en escena con la única compañía de un ukelele. Y comienza con “Matar vampiros”, un tema que habla de una ciudad triste, “como quieren que sea Oviedo si desaparece La Madreña”. Por ello pide justicia para los imputados y “que se nos devuelva la ciudad”.

Más contundente aún es la segunda canción que interpreta, “Cómo hacer crac”. En ella cuenta la degeneración del mundo en que vivimos. Por eso y, como hace últimamente, Vegas cambia el “compras pan de Bimbo y dos yogures” por el “robas pan de Bimbo y dos yogures”. Y sigue: “si esto no es un final, es la bomba que va a estallar” porque “en toda España solo suena un crac. En occidente solo se oye un crac”.

"Madreñas" y simpatizantes se suben al escenario al final de la gala. Fotografía de Sveta Poutilina.

“Madreñas” y simpatizantes se suben al escenario al final de la gala. Fotografía de Sveta Poutilina.

Llegados a este punto, los organizadores llevan un rato mirando el reloj. Hay prisa por terminar porque, como recuerda Maxi Rodríguez, “a las diez nos botan”. Así que turno para las últimas actuaciones, la de la alemana Fee Reega, seguida por el duo Herrmanos. Estos últimos versionan “Molinera, molinera” con guitarra eléctrica, flauta dulce y batería. Pero no lo hacen solos. Antes de su actuación, uno de los imputados se dirige al auditorio para pedir que suban al escenario todos aquellos que se sientan “madreña”. Petición imposible de cumplir porque, hoy, todos se sienten “madreña”.

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