Periodistas en el País Desconocido

TelevisiónLa rebelión de los trabajadores de la Radiotelevisión Valenciana estará pillando por sorpresa a muchos habitantes de la comunidad autónoma. No es para menos; lo que antes era un Edén, un lugar donde el Gobierno dormía con extraordinaria placidez, ha mutado en una trinchera con cientos de periodistas cabreados que, ante su cierre, ven llegada la hora de ajustar cuentas, sacar las mentiras a la luz y limpiar el espejo que, hasta ahora, mostraba un escenario empañado a los televidentes. Llegan tiempos de expiación, reparación y examen de conciencia.

Desgraciadamente, muchos tertulianos y opinadores profesionales viven en la España digna, la que no perdona y clama venganza; la que ve paja en el ojo ajeno e ignora la viga en el propio. Individuos de todo credo y plumaje, que celebran el cierre de una radiotelevisión pública y regañan a la plantilla por no haber armado la Bounty a los jefazos.

Si usted, querido lector, cree que tan solo hemos de celebrar el hundimiento de Canal 9, si no se explica cómo cientos de profesionales hechos y derechos pudieron aguantar, tragar y callar por tantos años, déjeme que le muestre el País Desconocido; un lugar al que solo se puede llegar si uno es periodista, o un periodista le ha contado hacia qué ruta debe dirigirse.

El país del que les hablo es como España: rico en políticos, corruptos, mucho sol y playa. La diferencia es el martirio, el sufrimiento y el yugo que se aplican a una de las profesiones más vilipendiadas que existen: la de narrar noticias y contar historias. Este país, que muchos desconocen, es el infierno en el que arden miles de profesionales de la información.

En el País Desconocido, los periodistas carecen de libertad de expresión. Semejante lujo solo está a disposición de una élite dirigente. A veces, los que mandan arrojan pequeñas migajas a la corte que le rinde pleitesía, siempre y cuando comulgue con su credo. Por supuesto, nunca oirán de ningún periodista que haya muerto allí por decir lo que piensa; pero no vean en ello una prueba de benevolencia. En ese país hace muchos años que no apuntan a la cabeza, porque siempre es mejor disparar a la cartera.

La gente que gobierna piensa que su poder y derecho sobre el periodista son absolutos. Le hacen desplantes, le organizan jugarretas, le menosprecian, le llaman por teléfono para cantarle las cuarenta. ¿Ven a ese político o política de España? ¿Ven a esas personas campechanas, que les darán una palmada en la espalda si se acercan elecciones? En el país desconocido tienen su gemelo siniestro: seres impacientes, ambiciosos y malévolos. Personas sin escrúpulos que sacarán su monstruo interior con el becario o becaria de turno.

Cuando llega un proceso electoral, España celebra su fiesta de la democracia. Pero en el país desconocido ponen los calderos a hervir y se abre el mismo Tártaro. Los profesionales son conducidos a señales institucionales y ruedas de prensa sin preguntas, como ovejas al matadero. Los textos que se cambian, las palabras se borran, los gritos arrecian y las conclusiones aparecen antes de comenzar. Hay que sudar la camiseta, o los políticos se enfadarán mucho.

En el País Desconocido, quienes dirigen los medios son esclavos del poder. Como tales, deben vigilar sus pasos, no se vaya a enterar el gato de que los ratones bailan. A pesar de que los periodistas arden con más facilidad, su puesto tampoco se caracteriza por tener una longevidad extraordinaria. Cualquier cambio en la España que usted y yo conocemos les puede hacer caer, moverse o saltar. Lejos de generar más empatía, esto perjudica a los periodistas, que sienten en su nuca cuantos alientos vayan por encima.

Es fácil huir en el País Desconocido, pero muchos tienen demasiado miedo para intentarlo. Miedo a perder su dinero, su trabajo; miedo a perder la posibilidad de entrar en otros medios y que su nombre quede marcado, que sean señalados. El País Desconocido no perdona.

Pero una vez puesto en marcha, el periodista descubrirá que hay libertad tras la alambrada y las cuchillas. Además, hay veces que el yugo se esfuma de golpe y los esclavos pueden celebrar su liberación. Es entonces cuando vuelve el digno y viejo oficio. Como agua contenida por la presa, el terremoto libera un torrente de furia y verdad que no tiene clemencia. Nada hay en el País Desconocido que pueda contenerlo.

Tal vez usted nunca visite el País Desconocido. Tras esta pequeña guía turística, mucho me extrañaría que lo hiciera. Pero la próxima vez que pida la cabeza de un periodista por no resistir a quien lo estrangula, recuerde que tal vez se halle preso en aquel país, sobre el que cualquier periodista podrá hablarle. La cuestión es: ¿querrá usted preguntarle?

Imagen: James Vaugham

Anuncios

Un pensamiento en “Periodistas en el País Desconocido

  1. Pingback: Periodistas en el País Desconocido

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s