El periodismo y las puertas de marfil

Cascada

Pregunten por la oportunidad de estos festejos y recibirán, en el mejor de los casos, un airado griterío. No es para menos, dado que el funesto año que termina se deja en la cuneta salud, empleo y buen humor de muchos.

Pero el asueto es necesario. Verbigracia, hoy es uno de los pocos días del año en el que casi todos los periodistas quedan a reposo. Las rotativas callan, la carga digital se reduce. El periodista se reúne con su familia y la política desaparece del mapa. Jornada silente, plenitud sagrada.

Acaba 2013. Otro año que nos falla mientras las apisonadoras de la realpolitik nos dejan sin casa, sin techo y sin calefacción. Los gobernantes han trocado el consentimiento de los gobernados en esclavitud y mansedumbre. Mientras el Estado del Bienestar fenece de hambre y el salario social se retuerce en estertores desde una hoja de Excel, quienes elegimos para representarnos se encogen de hombros y culpan a Madrid, a Bruselas, al déficit. A cualquier persona o cosa ajena a ellos mismos.

Entre un embravecido mar de miasma, el periodista busca el salvavidas, flotador o madero que le permita llegar a la playa. Cada boqueada tiene el amargor de los despidos, el terror de la censura, el grito enmudecido de una carrera destrozada al servicio de un mercader despiadado, un comisario político o cualquier otra negra sombra que habite allá en la torre.

Conscientes del poder de la palabra, empresas y gobiernos aprietan la soga al cuello del oficio. Tal vez la red que tantas pestes evoca en los despachos esté quebrando la producción de yugos; pero los ya fabricados duelen como nunca. Que se lo digan a los trabajadores de muchas radiotelevisiones públicas, con el rostro un poco más descolorido con cada reunión del Consejo de turno. Sean fuertes y sobrevivan hasta llegar a la playa; allí les aguarda su libertad.

El látigo no entiende de festivos, eso ya lo sabemos. Sin embargo, la imaginación es capaz de remontar el vuelo, siempre libre. Por eso, imagino un mundo que contenga en este día, en este instante, todas las bendiciones para el gremio.

En ese mundo, mis compañeros de oficio tienen tregua. Sudada hasta la última gota de sangre para el número doble y el congelado de turno, todos cruzan las puertas de marfil. Detrás de ellas aguarda la plenitud de la ausencia; un sueño sin pesadillas, un descanso sin zumbidos. Los teléfonos solo reciben llamadas de familia y amigos, mientras que el buzón sólo recibe tarjetas navideñas. Los políticos no mienten; de hecho, ni siquiera hablan. No amenaza el poderoso, no grita el censor. No se cuelga el editor de texto.

En Nochebuena y Nochevieja sueño que los periodistas descansan. Y deseo, como Els Comediants en aquellos versos que daban inicio a La Noche, que el canto del gallo no quiebre la quietud de este retazo de eternidad.

Imagen: Flickr | Ian Sane

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