El sueño del Comendador

Coca-Cola

Planta embotelladora de Coca-Cola en Colloto. Imagen de Pablo Gómez

Han pasado ya unas semanas desde que se conociera la decisión, por parte de Iberian Partners, de cerrar varias plantas de embotellado de Coca-Cola, figurando la factoría de Colloto entre ellas.

¿Ven qué descripción más aséptica? Es lo más cercano al texto soñado por Coca-Cola España, que no sale de la crisis de pánico desde que, por culpa de los cierres, el consumidor les anda tocando la marca registrada. No importa cuántos niveles, kilómetros o rollos de papel continuo separen al producto de la empresa que lo embotella. Ahora Coca Cola es “chispa de la ruina”, “sensación de morir” y cualquier otro de los chistes fáciles que están impactando en el producto como un boomerang centenario.

Hace mucho tiempo que no presenciábamos un acontecimiento cósmico de categoría semejante. El profeta de la felicidad a través del consumo; el oro líquido y burbujeante que floreció en nuestra mesa debe presenciar cómo surge un regusto no programado. Desde hace unos días contemplo, en mi supermercado habitual, una marca blanca de refrescos de cola, compitiendo directamente con la bebida que ahora sabe a ERE.

Mientras usted lee y yo escribo, un ejército de expertos en márketing trabaja a contrarreloj para separar marca y botella. La cruda realidad es que les servirá de poco o nada. Tan solo un giro de timón en las negociaciones por parte de Iberian Partners puede salvar las posaderas en el vaso. Coca Cola vendía mucho más que un líquido; vendía un sentimiento que les costaba muy caro. En tiempo de crisis la ira es gratis para el ciudadano.

El rostro electrocutado

Tras la máscara esculpida en granito que pasaba por representar a las empresas eléctricas, en el último capítulo de Salvados, también se hallaba el pánico. Ni un músculo se movía en la faz de Eduardo Montes, presidente de Unesa, mientras un grupo de ciudadanos le invitaban a vivir la miseria del frío y la oscuridad a través de la inmisericorde tableta de Jordi Évole. Montes no condenó -faltaría más- el reenganche ilícito a la corriente por parte de algunos vecinos. Dijo “comprenderlo”, con aplomo de víctima que se ofrece a la hecatombe para salvar a sus patronos.

Mientras tanto, los señores de la luz gastan papel en espúreas campañas de publicidad que incitan al cachondeo, en el mejor de los casos; y al cabreo sordo, en el peor. La electricidad no es Coca Cola, un lujo que se pueda optar no consumir. Sin embargo, el gigante acusa las pedradas.

En la gran casa del capital, el Comendador padece un sueño agitado. Sabe que todo anda revuelto en Fuenteovejuna. Percibe cómo las miradas se apartan del semejante y se vuelven hacia arriba, con dureza. Arriba, donde viven quienes disfrutaron, todo este tiempo, de la eterna fiesta. En la pesadilla del Comendador, es el desheredado quien empuña la economía. Una lección tan antigua como la primera clase, como el sol que se pone y sale o las aguas, que vuelven a su cauce. Despierto tras un grito ahogado, entre sábanas tejidas con sangre, sudor y seda, el Comendador espera. Que alguien encienda la luz y le traiga una Coca-Cola.

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2 pensamientos en “El sueño del Comendador

  1. Bien, cogno, bien. Buena y sincera literatura al servicio público: no habrá trabajo ni luz, pero sí taquígrafos.

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