Asturies en Marcha: comienza el camino

Asturies en Marcha

El inicio de la marcha, en La Felguera. Foto de Azahara Sastre.

En agosto de 1993, dos grupos de ciudadanos marcharon desde el norte y sur de Escocia para confluir en Edimburgo. La protesta tuvo como objetivo reprochar al Gobierno su actitud, al haber hurtado a las personas el acceso a uno de los derechos más básicos: el derecho al trabajo. El grupo de folck-rock escocés Wolfstone inmortalizó aquella marcha con el tema Brave Foot Soldiers. Los valientes soldados de a pie.

Ayer, un grupo de 50 personas, acompañados por cientos de ciudadanos y precedidos por una manifestación en La Felguera dieron el pistoletazo de salida al contingente asturiano de las ‘Marchas de la Dignidad’, una iniciativa impulsada en varias regiones que desembocará en Madrid el 22 de marzo para reivindicar cuatro grandes premisas: “No al pago de la deuda; ni un recorte más; fuera los gobiernos de la Troika; pan, techo y trabajo para todos y todas”.

Miguel Ángel Fernández insiste en que no es “portavoz de nada”. Sin embargo, varios de los participantes en la marcha nos dirigen a él cuando preguntamos sobre equipo, logística y provisiones de la marcha asturiana que, a pesar de ser acompañada por los ciudadanos durante el trayecto, se limita a 50 personas “por cuestiones técnicas y de seguridad”.

Los 22 días a pie que separan la meta de su inicio requieren que el grupo funcione como una maquinaria bien engrasada: “Hubo que ir adelantándose a la marcha Ir buscando los sitios donde quedarse a dormir, preparar las cenas y todo eso. Además, hay un equipo que se encarga de transportar los equipajes y luego está el encargado de la cocina: un rapaz que es cocinero profesional”, señala Fernández. En un almacén, se ha dejado estructurada la comida que habrá de transportarse cada día gracias a una furgoneta. Además, una serie de vehículos prestarán apoyo en el camino por si hubiese alguna emergencia médica.

Requisitos básicos para finalizar una marcha con éxito: “Lo primero, mucha cara”, bromea uno de los participantes mientras espera la partida en el Café Palau de Mieres. Un calzado adecuado para la marcha, resistente y que no incomode al pie resultará fundamental, así como procurar no mojarse, en la medida de lo posible, y secarse rápidamente si no hubo más remedio. “En general, son condiciones parecidas a las necesarias para practicar un deporte de invierno”, señala.

Foto de Azahara Sastre

Foto de Azahara Sastre.

“Mi dignidad me impide quedarme en casa”

Una encuesta rápida a los integrantes de la marcha desmonta los tópicos clásicos relativos a llevar una vida acomodada e ignorar el problema cuando no se cierne sobre uno mismo. “Mi dignidad me impide quedarme en casa mientras se están cometiendo tropelías”, afirma categórico Miguel Ángel Fernández. Tal parece ser el grito de guerra de cualquier joven o adulto, parado, trabajador o prejubilado que participa en la marcha. Si la mayoría absoluta ha dejado sordo al Gobierno, ellos tienen muy claro que no van a fomentar tal sordera.

Javier Ramudo no forma parte de la marcha, pero ello no será óbice para que este prejubilado sin pelos en la lengua les acompañe hasta Pola de Lena. “Esta sociedad se tiene que ir concienciando de que la cosa está muy jodida. En la Cuenca del Nalón, ves gente acudir al banco de alimentos porque no tiene ni para darle dos galletas María a su familia”, denuncia.

Para Diana Luaces, participar en la marcha es una obligación moral. Desde hace dos años, forma parte de la Asamblea de Parados del Valle del Nalón y como técnico de laboratorio no es ajena a los azotes que está sufriendo la ciencia en España. Su trabajo como técnico de laboratorio en el CSIC finalizó una vez terminó el proyecto al que estaba adscrita. Preguntada por el impacto de las Marchas por la Dignidad y la manifestación del 22 de marzo, se decanta por el optimismo. “Creo que la cosa realmente empieza; no obstante, hasta el 22 de marzo es un proceso” añade.

Sea cual sea el impacto generado por esta nueva iniciativa, no cabe duda de que las ‘mareas’ ciudadanas seguirán rompiendo contra la indiferencia del Parlamento. Solo queda esperar; o marchar.

Foto de Azahara Sastre.

Foto de Azahara Sastre.

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