Radio Parpayuela: dolor e injusticia

José Fernández

José Fernández. Imagen de Pablo Gómez

Por José Fernández*. Parece ser que Radio Parpayuela dejará de emitir por falta de fondos económicos provenientes de instituciones diferentes. Parece ser que por enésima vez esta villa y concejo perderá otra seña de identidad, si es que tuvo alguna. Parece ser que nadie levanta un dedo porque radio Parpayuela siga emitiendo. Parece ser que en esta villa y concejo sufrimos una ataraxia que nos deja indiferentes ante cualquier hecho, positivo o negativo, que en esta villa y concejo sobrevenga. Parece ser que, una vez más, todos perderemos un trozo de nuestra alma cuando Radio Parpayuela, la voz de las cuencas mineras, eche el cierre y quede como testigo mudo de lo que fuimos y nunca más seremos.

Pero ya estamos acostumbrados. En esta villa y concejo estamos acostumbrados a todo. Estamos acostumbrados a no saber lo que somos. Estamos acostumbrados a perder nuestra historia. Estamos acostumbrados a resolver los problemas en los chigres. Estamos acostumbrados a ver cómo la decadencia del espíritu mierense se lo lleva todo por delante.

Aquí es todo normal. Para entender lo que nos pasa en Mieres y en Asturias hay que saber que vivimos en un mundo donde los artistas, por ejemplo, viven de espaldas a la realidad. Lo mismo que los intelectuales. Nadie habla ni se compromete contra los profundos cambios sociales que estamos sufriendo. Nadie se asoma a la ventana y describe lo que ve. Nos miramos en el espejo y hablamos de nosotros mismos como si fuésemos el punto central del universo, a la par que practicamos sin recato la filosofía de la conveniencia como directriz básica de la vida.

Si cambiamos de tercio y hablamos de economía, por ejemplo, nadie denuncia que la avaricia es una virtud social tras la cual corren hasta los curas. Todos estamos, de alguna manera, conformes con la ferocidad de este capitalismo actual y su moral competitiva, que exprime hasta la saciedad el concepto de beneficio. Y como son listos, con las migajas que le sobran, adormecen con cuatro tonterías cualquier brote que se levante contra su sistema establecido. Lo mismo con los problemas medioambientales: quedan relegados a cuatro ecologistas fundamentalistas en aras de unos puestos de trabajo que sindicatos y partidos utilizan hasta la saciedad para sus propios intereses. Sin olvidarnos de la corrupción política, que campa por sus fueros con tanta desvergüenza que ni se inmutan. Para qué hablar de la desintegración del mundo agrario que a nadie importa y menos mal que llegan algunos eurillos de Europa para calmar la sed de los pobres ganaderos asturianos. Y para colmo, lo que faltaba, a las mujeres de este país, como en el S. XVIII, la convierten en una simple máquina de producción.

Y donde podíamos encontrar alguna solución, en los Presupuestos de las instituciones, para saber lo que son basta con recordar lo que escribe el profesor Escohotado sobre los mismos: son pozo insondable para la codicia. Con una la clase política, dijo, que parece incompatible con la libertad, la prosperidad y la justicia. ¿De quién estará hablando este profesor?

Con este panorama desolador, aquí estamos los mierenses, impávidos como el gallo de Teodoro Cuesta ante la raposa, acechante. Ajenos por completo a la esperanza y sin futuro porque del pasado quedan cuatro retazos y mal hilvanados, con la importancia que tiene para tejer la ropa que abrigue a las generaciones del futuro.

¿A quién extraña, entonces, que asistamos indiferentes o angustiados, según economía familiar, a una decrepitud cada día más ostensible que pasa por carecer de cualquier proyecto social, económico o cultural que pueda dar alas a las aspiraciones de las generaciones futuras de Mieres? Montones de ruinas y chatarra obligan a recordar aquel verso de Quevedo cuando intuía la decadencia de España: “Y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte”. Tuvimos una oportunidad cuando llegaron a las arcas de la hacienda autonómica los ingentes fondos mineros tras los cuales corrían tantos que todos los querían para hacer su agosto. Con una particularidad, a media Asturias molestaba que se invirtiesen en las cuencas porque era tirar el dinero. Y claro, pasó lo que pasó: se devolvieron, por falta de proyectos, a las arcas de la Hacienda de la nación… ¿cuántos millones de euros? Y para colmo, los responsables siguen pululando por las instituciones sin responsabilidad alguna sobre sus espaldas.

Pues bien, con estos posos que lentamente se acumulan en nuestro cuerpo social hasta ahogarlo, como la sangre en el poema de Blas de Otero, ahora nos llega el cierre de Radio Parpayuela; la voz de las cuencas mineras, como decían ellos. No vamos a entrar en harina buscando responsables de este cierre, que los hay. Ese es otro cantar. Lo que importa ahora, en estas cuatro palabras, es hablar de este medio de comunicación tan entrañable para nosotros y que retrató fielmente a la sociedad mierense desde que empezó a emitir hasta estas fechas: sufrió el sarampión democrático cuando ser demócrata era decir cada cual lo que le daba la gana, sin preocuparse para nada del rigor. ¡Tiempos aquellos de Nel Amaro y su barba florida y sus descarnados comentarios! La madurez que entró, como en las personas, cuando menos lo esperaba y sin darse cuenta, tuvo su punto álgido, por muchas razones, cuando alrededor de Radio Parpayuela, afloraron en la comarca tantas asociaciones que obligaron al Sr. Rector a implantar nuevas carreras en nuestro campus. Y aunque los oportunistas de turno aprovecharon para colgarse las medallas, fue mérito exclusivo de Radio Parpayuela el apoyo social logrado para tal fin.

Y como espejo que fue de nuestra sociedad, Radio Parpayuela puso voz, en horario nocturno, a quienes sentaban cátedra con sus mítines que arreglaban Mieres, Asturias, España y Europa, para envidia de los parlamentarios europeos, franceses y alemanes. Y por la mañana había que oír a Santiago leer a Pablo Neruda, el mayor mérito de la democracia mierense, o las recetas culinarias adornadas con picardías junto a la voz de Hilario haciendo entrevistas que sacaban las entrañas al pobre entrevistado.

Dicho con otras palabras, es un dolor y una injusticia y una desgracia que Radio Parpayuela, con sus virtudes y defectos, eche el candado a sus emisiones y desaparezcan de las ondas tantas almas diferentes como somos quienes habitamos en esta villa o municipio. Por eso dejamos constancia de las siguientes ideas para cerrar estas cuatro líneas:

  1. Si se cierra esta emisora, la libertad de expresión recibe una certera puñalada, sin paliativos.
  2. Los ciudadanos de Mieres tienen que hacer gala de su sentir democrático evitando el cierre de esta emisora. Es bien sabido que hay una democracia administrativa, la de los políticos y otras instituciones. La que interesa defender a los ciudadanos es la democracia sentida como necesidad social, económica y cultural.
  3. Al margen de partidos y sindicatos, esta ciudad respirará vida si Radio Parpayuela se mantiene viva y sigue emitiendo sus programas de siempre, y otros.
  4. Hay en este ciudad y concejo asociaciones fuertes que unidas todas, y es fácil hacerlo, podrían defender una emisora independiente y al servicio sólo de los ciudadanos: asociaciones de vecinos, asociaciones de comerciantes, Santa Bárbara… Sería un ejemplo de vertebración social ante una idea fundamental: la libertad de expresión.
  5. Estamos seguros que con Radio Parpayuela en activo esta ciudad emprendería una singladura social, democrática y cultural que servirá de ejemplo del hacer que siempre nos caracterizó cuando estamos unidos para resolver un problema.

* José Ferrnández es profesor de Lengua Castellana y Literatura.

Anuncios

2 pensamientos en “Radio Parpayuela: dolor e injusticia

  1. …gracias a gente como tu, Jose , voz humilde de la conciencia colectiva…poeta…….querido amigo……….algo quedará…algo sobrevivirá….

  2. De eso se trata, de cercenar la libertad de expresión, de opinión, de manifestación, de libre circulación, de, de y de…..Es lamentable que esto ocurra y, sin embargo, estemos subvencionando via impuestos a partidos politicos, sindicatos, fundaciones y demás parásitos. Entretanto, sigamos sentados en el sofá pensando que por que no vayamos nosotros a tal o cual manifestación no pasa nada, Así nos va y nos seguirá yendo como no cambiemos de actitud.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s