Cohesión instrumental

Gaitas y tambores

‘Contragaitas’ como protesta durante la gala de los Premios Príncipe, el año pasado. Imagen de Pablo Gómez

La música tradicional está en auge. La gaita asturiana cobra vida, fundiéndose con instrumentos que aún le suenan de poco. Con la tradición como base, se fueron introduciendo poco a poco otros, como el bodhrán, el bouzouki, las cajas de media y alta tensión, los timbales, o el multitom. Persisten, también, por imprescindibles, otros como la zanfona que tocaban los ciegos hace ya tantos años y Jimmy Page, el tambor, la pandereta, el acordeón o el violín.

En una situación que no fomenta el surgimiento de ninguna iniciativa de esta índole, son muchas las formaciones musicales que afloran en Asturias. Brotan en torno a un mismo seno grupos, bandas de gaitas, parejas, coros, solistas. Además, músicos como Xuacu Amieva, Pedro Pangua, José Ángel Hevia, Héctor Braga o Xosé Ambás han desarrollado una gran labor de estudio y rescate del patrimonio cultural asturiano.

Para la introducción de nuevos instrumentos, se necesita un estudio en profundidad de sus prestaciones. Buen ejemplo es el bodhrán: se trata de un tambor de marco irlandés, que permite sacar una gran cantidad de matices tímbricos y de altura. Sin embargo, tiene un volumen bajo en cuanto a otros, y requiere que el acompañamiento instrumental no sea muy pesado, para que se pueda apreciar bien el sonido.

Tuenda, grupo formado por Elías García (bouzouki), Pepín de Muñalén (flauta) y Xosé Ambás (voz), compone los arreglos musicales en base al archivo sonoro etnográfico de este último, para crear un sonido nuevo. El archivo, de gran importancia, recoge de primera mano las canciones tradicionales de los pueblos asturianos interpretadas por sus gentes. Otros grupos destacados en la introducción y asimilación de nuevos instrumentos son Felpeyu, Corquiéu, Llan de Cubel, La Bandina o Verdasca.

Por otra parte, el tambor, hijo de los tambores de Infantería de la época napoleónica, solía acompañar a la gaita como solista. Tras el avance de las bandas de gaitas, la percusión tradicional se empezó a sustituir por cajas de media y de alta tensión, préstamo de las ‘pipe bands’ escocesas. Estas cajas permiten mayor precisión y un sonido más claro, con distintos niveles de tensión, todos ellos superiores al del tambor. También se introdujo el timbal, que marca el ritmo con un sonido grave, aunque afinado una octava por encima del bombo, y el multitom, un set de timbales de distinto tamaño.

Por supuesto, hay bandas que continúan con la percusión tradicional. Incluso, en ocasiones, se han fusionado ambos conceptos, creando una percusión nueva: timbales tradicionales, con tensores, o cajas de media tensión con aspecto de tambor. La banda de gaitas Picos de Europa, iniciativa de Héctor Braga y de los alumnos de música de Cabrales, cuenta con tambores y cajas de media tensión con aspecto tradición: la banda completa, pareja tradicional, misa cantada (en la que, a veces, también aparece la zanfona), octetos, tríos,… Otras agrupaciones también se dividen, pero no es habitual que tengan tanta flexibilidad en las actuaciones. Si tienen suficientes miembros, forman subgrupos (A, B, C,..) para actos menores, aunque manteniendo el mismo concepto.

Ya pasó la época en que el reconocimiento de la gaita culminaba en la vida eclesiástica, ya que eran los únicos exentos de descubrirse en misa. Hoy la pervivencia de este instrumento, y de la música tradicional, está asegurada.

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