Indiferencia

Por José Fernández // Cuando te hace falta una idea para escribir un folio, de repente salta la palabra cuyo campo conceptual te permite entrar en todo lo que piensas decir.

En este caso, la oportunidad nos la da Vargas Llosa con la palabra indiferencia para definir la relación de una mayoría del pueblo español con la democracia actual, pues la libertad que propicia se ejerció por la actual casta política sin responsabilidad de ningún tipo. Cualquier lector de prensa es consciente del lodazal donde nos metieron políticos, banqueros, y todos aquellos que callaron como muertos -incluidos los militantes de los partidos-, cuando este pobre país estaba enfangado hasta más arriba de la nariz.

Pues bien, con esta idea de la indiferencia, auténtica lacra de nuestra democracia, ofrecemos a los escrutadores digitales que llegan a Periodismo Asturiano unos títulos cuya lectura nos ayuda a encontrar la raíz de la misma tanto en la actualidad como en la larga historia de este pueblo.

Si buscamos una imagen para entender mejor lo que escribiremos, España es igual que el tambor de una lavadora, según dice Gely: damos vueltas y vueltas a los mismos problemas de siempre sin resolver nunca alguno de los que nos aquejan. Porque si bien cambiaron las modas en el vestir y la cosmética llegó hasta los mineros, sin embargo, con palabras de Moreno Jurado, “una mayoría sigue pegada a sus mentiras seculares como tradiciones con políticos que aparentan saber todo lo que ignoran”, que es casi todo. Y para que tengan confianza en lo que digo y no piensen que soy un pesimista, que no lo soy, como esencia de la indiferencia, son estas palabras de Carlos París, quien escribe: “hay que emprender una tarea urgente en España: proclamar la verdad de nuestra historia y exigir que brille la justicia porque vivimos, como siempre, en la época de la mentira”. Ahí tienen Vdes. Una de las raíces que alimenta la indiferencia.

Pero hay más. En ocasiones, cuando metemos la soledad en el bolsillo y salimos con ella de paseo, pensamos en la razón que obliga al pueblo español a vivir el presente con la intensidad de quien no tiene pasado y para nada le preocupa el futuro. Lo que no es de extrañar si la principal preocupación que tenemos es el hambre, desde siempre. Siempre, en Asturias, los asturianos, el pueblo, estuvieron sometidos por el hambre. Como escribe Feijóo, el pueblo asturiano está a facie tempestatem famis. Que es lo mismo que escribió nuestro Campomanes en el XVIII:

La riqueza del pueblo es la base fundamental de la riqueza del Estado, siendo cosa cierta que ningún Estado será rico cuyo pueblo sea pobre.

Para quien sepa hilar conceptos, ahí tienen Vdes. la segunda raíz de la idea central de este texto:

El hambre siempre rondó la puerta de nuestra casa, y no es de extrañar pues España, y Asturias, siempre fuimos colonia que si francesa que si alemana en la que obtenían pingües beneficios que, como es normal, engrosaban las arcas de sus empresas en el país de origen dejando para nosotros el sudor y la miseria correspondiente.

Lo mismo que ahora: para pagar la deuda alemana y francesa, hay que cerrar hospitales y escuelas en España. Nada cambió. Todo sigue igual.

Por tanto, como único patrimonio nacional, además de iglesias, nos queda “el sentimiento de independencia del pueblo español, en perpetua y franca insurrección contra los dirigentes del Estado que invariablemente le traicionaban: sin escrúpulos venden su patria cuando conviene a sus intereses”. ¿Les suena? Bases americanas, deuda pública, aeropuertos sin aviones, emigración… Saben como yo que hay una relación profunda de causa /efecto que se mantiene invariable a lo largo de nuestra historia. Lo mismo antes que ahora, como escribía D. Manuel Azaña:

En la política española se procedía “por subordinación… por el manejo en elogios y adulaciones, la más alta expresión de la bajeza humana. El tono medio del mundo político español es demasiado ínfimo y los políticos son ignorantes, osados, groseros y pícaros.

Y para comprobar que nada cambia en España, la historia y un continuum sin polvo residual alguno, barrido por el viento del olvido que mata cuando toca, comprobamos que por las altura nadie es hijo de sus obras, la capacidad y el mérito es sólo para los franceses, el esfuerzo para los alemanes, la corrupción para los españoles así como los covachuelistas –asesores, amigos, amiguetes y amiguinas- y una administración paralela creada por los partidos con el único fin de sangrar las arcas públicas con sobrecostes inimaginables en las obras o submarinos que se hunden en vez de flotar. De risa por no llorar.

En fin, escrutadores digitales, ¿Quiénes son más patriotas, los que aman a la patria porque no les gusta o los que aman a la patria porque les gusta? Si su alma está embargada por la indiferencia, disculpen si les digo que conozco la respuesta que me darán. Allá cada uno con su capote. Pero luego no andemos por las esquinas rompiéndonos la cabeza y buscando culpables: somos lo que queremos ser.

¿Qué es eso de regeneración? Es el tambor de la lavadora de Gely que da vueltas en la misma dirección, como España, país siempre de ida y vuelta. También es verdad que pueden llevar a la playa la novela Stoner de John Willianms en vez de los libros que aparecen aquí como notas. Sabrán lo que se rompe cuando hay una ruptura. Es el motivo de estas palabras.

Bibliografía

MORENO JURADO, J.A. Cuadernos de un poeta en Mazagón. Tenerife: Baile del Sol, 2013.

PARÍS, CARLOS. En la época de la mentira. Madrid: Tecnos, 2014.

MOLINA, C. Antonio. La caza de los intelectuales. Barcelona: Destino, 2014. Pag. 107

CHAVES NOGALES, M. La España de Franco. Córdoba: Almuzara, 2012. Pag. 75

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