Gringo viejo

Imagen de Carlos Fuentes

Carlos Fuentes. Wikipedia

Por José Fernández// Este sintagma es el título de una novela de Carlos Fuentes, mejicano. Y de una película con Gregory Peck como actor principal. Su tiempo es el siglo XX, principios, y sus espacio, Méjico. El tema de ambas, la revolución mejicana -cambios sociales, económicos y políticos mediante la violencia-, y sus protagonistas: el pueblo mejicano, la violencia, la naturaleza autóctona y un gringo viejo, sin nombre, y con una sola idea en la cabeza: morir allí, delante de un pelotón de fusilamiento. “Quiero ser un cadáver bien parecido”.

En las páginas de esta novela, el lector gustoso de la buena literatura, a poco rumiante que sea, encontrará pasajes para el recuerdo y la delectación. La violencia que generan las profundas desigualdades sociales en todos los órdenes de la vida es la circunstancia principal; el sometimiento cruel de los indígenas por los hacendados lleva muchas páginas al autor; las humillaciones por los hacendados, apuntan a una tragedia solapada entre indígenas y descendientes de españoles con pocos escrúpulos para detentar riqueza. Si a esto añadimos las preciosas referencias a la naturaleza que intensifican más el duro vivir de los protagonistas, tenemos en las manos una novela perfecta para entender la idiosincrasia del pueblo mejicano:

El gringo viejo trató de penetrar e imaginar esas creosotas que crecen guardando sus distancias porque sus raíces son venenosas y matan a cualquier planta que crezca a su lado.

O fíjense, escrutadores digitales, en la belleza de esta frase: “afuera la noche del desierto reclamaba su parentesco con el mar vacío”.

En medio de este avispero aparece un periodista americano, de EE.UU. viejo, cuyo nombre sólo se cita una vez en toda la novela; pues más que identidad, lo que interesa al novelista es la actitud vital que justifica su presencia en esta guerra civil en un país extraño. Y como es normal, de ninguna manera Carlos Fuentes deja pasar por alto las razones de una decisión tan profundamente trágica. Escribe del gringo viejo, ya en tierras mejicanas, que allí “se sentía liberado de las sucias jefaturas de redacción y los salones de quinqué amarillo y de los barecitos apestosos donde su hijo murió y su vida había estado encarcelada”. Escritor amargo el gringo viejo, había inventado un decálogo de curiosa actualidad pues escribe:

No adoréis más imágenes que las que aparecen en las monedas de vuestro país, no matéis pues la muerte libera a vuestro enemigo de su constante penar; no robéis, es más fácil dejarse sobornar; honra a tu padre y a tu madre, a ver si te heredan una fortuna.

Además de confesar a una yanqui, por allí despistada como institutriz, que su matrimonio había sido el de una pareja “con los encuentros insufribles de dos animales ciegos en una cueva”. Sin comentarios.

De él escribe Javier Recas: “La amargura y el escepticismo con los que terminó la guerra están en la base de su mordaz y descarnada crítica social”. En el libro de este autor, J.Recas, se describe su vida y obra junto a la de otros grandes escritores que utilizaron el aforismo como recurso literario para explayar su pensamiento. Es una lectura maravillosa tanto por los autores que se incluyen como por la selección que se hace de sus escritos. Les pongo cuatro aquí porque ni siquiera oyeron hablar de ellos, como me pasó a mí: Lichtenberg, Porchia, Rochefoucauld y Chamfort. Y otra cosa, para quienes son aficionados a mandar en navidad frases grandilocuentes y profundas por correo electrónico o mensajes vía artilugios varios, aquí tienen un pozo sin fondo para escoger la que más les guste o impresione a los receptores del los mismos.

Imagen de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce. Wikipedia

Pues bien, en el libro de Recas, tiene especial regusto para nosotros este gringo viejo llamado Ambrose Bierce, autor de un desmitificador Diccionario del diablo, porque muchas de las definiciones que este autor americano incluye en su diccionario son intemporales pues lo mismo sirven para su país que para España, Italia o Portugal. Es decir, son de rabiosa actualidad porque son profundamente humanas y describen a la perfección nuestra condición más allá de tiempos y fronteras.

Les escribo algunas aquí para ponerles los dientes largos y propiciar la lectura del mismo en una tarde de esas tan nuestras, faltas de luz y de sonrisas que nos alegren la vida. Verán Vdes. como me agradecen esta reseña, y me invitan a un café que por supuesto tomaremos a la salud de Bierce, y del portero del Caudal.

Empezamos por la palabra ‘Concejal’, sin olvidar que habla de los americanos porque en España la corrupción no ha lugar:

Ingenioso delincuente que encubre sus hurtos secretos presentándose tras una fachada de ladrón público.

Y si seguimos con el vocabulario político, veamos lo que dice en ‘Agitador’. Como ahora por esta tierra de Caín anda suelto Pablo Iglesias, nos viene muy bien:

Estadista que sacude los frutales del vecino… Para que caigan los gusanos.

Sin comentarios, jejeje.

Y como la principal actividad de los corruptos es la política, no se asusten que ya en el siglo XIX estos campaban por sus respetos en el ancho mundo. No es de ahora en España y en EE.UU:

Política: Lucha de intereses disfrazada de debate de principios. Gestión de los asuntos públicos con vistas al beneficio privado.

Y con más mala leche, añade:

Medio de ganarse la vida preferido por la parte más degradada de nuestras clases delictivas.

Tampoco es esto pues alguno de los que por ahí pululan estuvo en el seminario. Creo que se pasa un poco, la verdad. No es de extrañar que fuese a Méjico en busca de un pelotón de fusilamiento. ¡Qué mala leche!

Cambiaremos de tema por sí encontramos algo más optimista.

Amor: Locura temporal que se cura con el matrimonio y que se da, como la caries, entre las razas civilizadas que viven en condiciones artificiales.

Y para que los maledicentes que acusan al Sr. Aznar de ser el principal promotor de la especulación inmobiliaria en España, lean la siguiente, por favor. Que además ni les suena:

Aceldama: Parcela de propiedad inmobiliaria cerca de Jerusalén, en la que el corredor de bolsa Judas Iscariote invirtió el dinero que había ganado vendiendo al descubierto y escapando luego por una esquina.

Y la última:

Lealtad: Tradicional vínculo que se establece entre el recaudador de impuestos y el que los paga. No es reversible.

De ahí nuestra amistad profunda con el Sr. Montoro.

En fin, si leyesen alguno de estos libros que se sugieren en Periodismo asturiano, encontrarán aforismos como este: De la escuela de guerra de la vida, lo que no me mata me hace más fuerte.

Y acabose. Otro día, más. Como regalo, este texto precioso:

Quisiera morir allá lejos, en las tierras remotas que nunca alcancé, rodeado de los sueños que nunca cumplí, con la mirada en el mar que nunca crucé. Conquistando lo desconocido en el último suspiro.

J. F.

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