Acerca de Firmas Invitadas

Firmas invitadas y columnistas de opinión de Periodismo Asturiano.

Elegía en Bataclan

Por José Fernández // Para Alberto González Garrido y cientos más

Todos los colores, al amanecer, eran palabras y silencio
de brisas y cantos de hojas en el bosque de Boulogne: su amanecer.
Los cinco continentes, con sus desiertos y arenas y dátiles
de cielo y luz y hambres de amor eran Asta Diakite y Felipe con Nohemí
y sus verdugos de metal, hermanos de mi sangre, juguetes de la ira
cuando la lluvia y la noche los hacían juntos y parejos
como tantos, con sus manos entrelazadas en la vida y los  viajes y sueños
sin cristales rotos en su corazón: hasta la muerte, Nick y Bataclan, con nombre de
brasserie y XI Distrito de Paris, eran sombras de alegría y tiempo y amor,
los escuderos del cansancio y del mañana sin rencor, la esperanza y sus juveniles servidores
sin la memoria del Hebdo y su crucifixión.

Fue entonces la muerte y el hombre y su identidad: la máscara
de la crueldad y sus carnes vírgenes por alimento principal, la picadura
de retina entre los dientes para masticar y un aliño de mariposa, el
nombre de Alá para digerir
el horror. Nos sabemos así y lo queremos; nos hacemos
de dios y sus profecías con el fuego de la nada, la consunción vacía
de nombres que son y serán, por ellos,  mayúsculas en mi corazón:
Djamila Houd y Michelle
con Guillaume y Mathieu con Thierry y cientos más,
conmigo vais, mi corazón os lleva cuando soplan vientos de otoño
teñidos de rojo y negro y almas y angustias blancas por conoceros.

Ciudad del carbón

cuadropolonio

Ciudad del Carbón, por Sonia Díaz Polonio

Texto de José Fernández // En el recuerdo, el carbón era el color del pasado que teñía de negro los paisajes de su infancia; en el carbón busca los nutrientes para alimentar su alma con raíces que se escabullen, en el silencio y la distancia, por las galerías. Aquellas galerías que eran ansias de vida y miedos de muerte, nubes de polvo con nombres sin apellidos y blasfemias. En aquellas galerías, el tiempo era tela de araña con hambre de aire que rompe el corazón y los caminos de la sangre en los pulmones: la silicosis.

Con Ciudad del carbón, hacemos de memoria, un evangelio: en aquel tiempo, si la tierra bramaba, los espasmos del dolor por la ira eyaculaban rostros de resignación y angustia que sellaban la miseria a las almas que pululaban sus calles. Y siempre lo mismo en la historia que se repite y se hace con sangre: a contraluz, colores sencillos para tantas tragedias: Ciudad del carbón y sus galerías.

Herodoto

Imagen de la HistoriaPor José Fernández// Empezamos a hilvanar estas líneas con una frase de Thomas Mann quien dice que “el escritor es aquel al que escribir le resulta más difícil que a las demás personas”. Encontrarla es un alivio porque hablarles del libro que les describiré tiene sus dificultades por la enjundia de sus páginas. Preocupa  no dar con el tono adecuado para que Vds. entiendan que la Historia, desde siempre hasta ahora, es la madre del terror, tal como escribe el poeta A. Colinas 1. Siendo el historiador, un cotilla de amplias miras; y los hechos históricos, un ejemplo palpable de la falta del sentido común que nos caracteriza. Y que tienen, como contrapunto, la intrahistoria,  más próxima a nuestro corazón: cuando Kapuściński visita, en uno de sus viajes, la ciudad de Persepolis además de describir la ostentación de poder, en la piedra, que hizo el rey de Persia, Darío, escribe:

¡Cuánta fatiga, cuánto trabajo meticuloso, agotador, ímprobo metieron en ellas durante años miles y miles de hombres! ¿Cuántos cayeron fulminados mientras cargaban esas rocas gigantescas?¿Cuántos murieron de extenuación y sed? Para preguntarse a continuación:¿Podrían existir tamañas maravillas sin ese sufrimiento?¿No habrá sido el gran arte del pasado obra de lo que el hombre tiene de malo y de negativo?

Y si de esclavos hablamos, en su viaje por el continente africano que titula Lo negro es bello justifica  el movimiento cultural de la africanidad cómo búsqueda de las esencias, al margen de los colonizadores-depredadores. Pero también le duelen los esclavos negros sacados de África para las dos Américas y el Caribe, y más cuando cuantifica el número: se encoge el corazón cuando escribe que fueron  entre diez y veinte millones de mujeres y hombres jóvenes los que salieron  de allí. Para añadir a continuación: “Y el continente se quedó vacío; lo cubrió la maleza”.

Y si todavía algún alma cándida, indignado, se extraña de las barbaridades que en la actualidad nos sirven en el café- manía nefasta la de leer el periódico  mientras lo tomamos-, en el libro Viajes con Herodoto 2 encontrará cumplida relación de la saña con que el ser humano, desde el principio de los tiempos, “ama” a sus semejantes. Sirva de ejemplo la historia del eunuco a quien Panionio había castrado para después venderlo a precio de oro en Sardes o Éfeso. Con tan mala suerte para este mercader  que cae en manos de Hermotimo, il castrato, quien aprovecha la  oportunidad para tomar cumplida venganza. Primero, le obliga a castrar a sus tres hijos, los de Panionio, escrutador digital,  y después Panionio también sufre la pérdida de sus propios genitales a manos de sus hijos. Y el eunuco quedó satisfecho.

Si, además, buscamos ejemplos que justifiquen la recomendación de este libro para un lector atento y con cierta finura intelectual, hay pasajes exquisitos y diferentes, propios del  profundo bagaje intelectual del autor. ¿Saben Vds. que Herodoto nace entre el año 480 y el año 490 antes de Cristo, y Buda muere en el 480 y Confucio un año más tarde y 50 años después nacerá Platón? Escribe el autor:

En aquellos años Asia es el centro del mundo y Europa aún no ha nacido, sólo existe como mito encarnado en el nombre de una bella muchacha, hija del rey fenicio Agenor, a la que Zeus, transformado en un toro dorado, raptará y llevará a Creta, donde la poseerá.

Esto para otra ocasión.

Pues bien, estos datos, traídos a colación como sin querer, son los que dan empaque a un libro por la profunda cultura que demuestra quien lo escribe. La  misma que justifica su afán por cruzar las fronteras, tanto  en el espacio como  en el tiempo, para evitar caer en el provincianismo, concepto propio para quien piensa que su rincón es único tal como sentimos y pensamos  estas tierras a las que llaman Asturias, Mieres, Paxío y el gallinero que hay un poco más arriba. El provincianismo temporal es el que mira en exclusiva el mundo como cosa de los vivos, sin participación alguna de los muertos. Para que sepan de lo que hablo, relean el Viaje a la Alcarria de Cela, y si encuentran algo parecido, les invito a un café, a la salud del portero del Caudal.

Otro ejemplo que avala la peculiar forma de viajar de Kapuściński son las páginas que le dedica a China, país hermano en cuanto a la ideología comunista. Además de describir muy finamente la naturaleza  de la opresión comunista, también nos da un detalle curioso de la Gran  Muralla china: se empezó a construir en vida de Buda y de Herodoto  y todavía trabajaban en ella cuando en Europa  ya creaban sus obras Leonardo, Tiziano o J.S.Bach. Y después escribe sobre su significado:

Todas las murallas son escudo y trampa, mampara y jaula. Y lo que es peor,  esa muralla, todas las murallas, las fronteras,  crean una mentalidad: el de fuera de ella es malo e inferior y el de dentro, bueno y superior.

Como fue siempre, como es y como será de acuerdo con los intereses creados de cada momento y su circunstancia: tanto la cultura occidental como en la oriental tienen su muralla china. Es decir, con sencillez, que donde quiera que vaya, cualquiera que sea el país del continente que sea donde pone los pies, se encuentra con que el hombre es lo mismo y lo contrario desde siempre, hasta nuestros días.

También es verdad que en libro encontramos otras posibilidades de relacionarse, diferentes a la guerra y la violencia: pueblo cruel y feroz los escitas 3, atacados por gentes desconocidas, cuando descubren que son mujeres, amazonas, “resuelven no matar una mujer más, sino enviar a sus proximidades escitas mozos con la mira de tener de ellas una sucesión de hijos” Y tal fue el éxito que unidos los dos campamentos, “vivían en buena compañía.” Mucho mejor así y  recordar, para el presente,  el principio tan querido para Herodoto, quien escribe:

No humilles a la gente porque ésta vivirá con el ansia de vengar su humillación.

Que seguramente podría servir, en la actualidad, para evitar tanto disparate social, político, económico y cultural como recorre la vieja Europa de los mercaderes, en brazos de los fenicios que sólo piensan  en las ventajas de la democracia económica en búsqueda del beneficio.

Bibliografía

1. Colina, A. Leyendo en las piedras. Madrid: Siruela, 2006.

2. Kapuściński, R. Viajes con Herodoto. Barcelona: Anagrama, 2013.

3. Citati, Pietro. La luz de la noche. Barcelona: Acantilado, 2011.

Imagen | Dedication page for the Historiae by Herodotus printed at Venice 1494” por Joannes and Gregorius de Gregoriis de Forlivio, printers, Venice, 1494 – Beinecke Rare Book & Manuscript Library. Licensed under Public domain via Wikimedia Commons.

Gringo viejo

Imagen de Carlos Fuentes

Carlos Fuentes. Wikipedia

Por José Fernández// Este sintagma es el título de una novela de Carlos Fuentes, mejicano. Y de una película con Gregory Peck como actor principal. Su tiempo es el siglo XX, principios, y sus espacio, Méjico. El tema de ambas, la revolución mejicana -cambios sociales, económicos y políticos mediante la violencia-, y sus protagonistas: el pueblo mejicano, la violencia, la naturaleza autóctona y un gringo viejo, sin nombre, y con una sola idea en la cabeza: morir allí, delante de un pelotón de fusilamiento. “Quiero ser un cadáver bien parecido”.

En las páginas de esta novela, el lector gustoso de la buena literatura, a poco rumiante que sea, encontrará pasajes para el recuerdo y la delectación. La violencia que generan las profundas desigualdades sociales en todos los órdenes de la vida es la circunstancia principal; el sometimiento cruel de los indígenas por los hacendados lleva muchas páginas al autor; las humillaciones por los hacendados, apuntan a una tragedia solapada entre indígenas y descendientes de españoles con pocos escrúpulos para detentar riqueza. Si a esto añadimos las preciosas referencias a la naturaleza que intensifican más el duro vivir de los protagonistas, tenemos en las manos una novela perfecta para entender la idiosincrasia del pueblo mejicano:

El gringo viejo trató de penetrar e imaginar esas creosotas que crecen guardando sus distancias porque sus raíces son venenosas y matan a cualquier planta que crezca a su lado.

O fíjense, escrutadores digitales, en la belleza de esta frase: “afuera la noche del desierto reclamaba su parentesco con el mar vacío”.

En medio de este avispero aparece un periodista americano, de EE.UU. viejo, cuyo nombre sólo se cita una vez en toda la novela; pues más que identidad, lo que interesa al novelista es la actitud vital que justifica su presencia en esta guerra civil en un país extraño. Y como es normal, de ninguna manera Carlos Fuentes deja pasar por alto las razones de una decisión tan profundamente trágica. Escribe del gringo viejo, ya en tierras mejicanas, que allí “se sentía liberado de las sucias jefaturas de redacción y los salones de quinqué amarillo y de los barecitos apestosos donde su hijo murió y su vida había estado encarcelada”. Escritor amargo el gringo viejo, había inventado un decálogo de curiosa actualidad pues escribe:

No adoréis más imágenes que las que aparecen en las monedas de vuestro país, no matéis pues la muerte libera a vuestro enemigo de su constante penar; no robéis, es más fácil dejarse sobornar; honra a tu padre y a tu madre, a ver si te heredan una fortuna.

Además de confesar a una yanqui, por allí despistada como institutriz, que su matrimonio había sido el de una pareja “con los encuentros insufribles de dos animales ciegos en una cueva”. Sin comentarios.

De él escribe Javier Recas: “La amargura y el escepticismo con los que terminó la guerra están en la base de su mordaz y descarnada crítica social”. En el libro de este autor, J.Recas, se describe su vida y obra junto a la de otros grandes escritores que utilizaron el aforismo como recurso literario para explayar su pensamiento. Es una lectura maravillosa tanto por los autores que se incluyen como por la selección que se hace de sus escritos. Les pongo cuatro aquí porque ni siquiera oyeron hablar de ellos, como me pasó a mí: Lichtenberg, Porchia, Rochefoucauld y Chamfort. Y otra cosa, para quienes son aficionados a mandar en navidad frases grandilocuentes y profundas por correo electrónico o mensajes vía artilugios varios, aquí tienen un pozo sin fondo para escoger la que más les guste o impresione a los receptores del los mismos.

Imagen de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce. Wikipedia

Pues bien, en el libro de Recas, tiene especial regusto para nosotros este gringo viejo llamado Ambrose Bierce, autor de un desmitificador Diccionario del diablo, porque muchas de las definiciones que este autor americano incluye en su diccionario son intemporales pues lo mismo sirven para su país que para España, Italia o Portugal. Es decir, son de rabiosa actualidad porque son profundamente humanas y describen a la perfección nuestra condición más allá de tiempos y fronteras.

Les escribo algunas aquí para ponerles los dientes largos y propiciar la lectura del mismo en una tarde de esas tan nuestras, faltas de luz y de sonrisas que nos alegren la vida. Verán Vdes. como me agradecen esta reseña, y me invitan a un café que por supuesto tomaremos a la salud de Bierce, y del portero del Caudal.

Empezamos por la palabra ‘Concejal’, sin olvidar que habla de los americanos porque en España la corrupción no ha lugar:

Ingenioso delincuente que encubre sus hurtos secretos presentándose tras una fachada de ladrón público.

Y si seguimos con el vocabulario político, veamos lo que dice en ‘Agitador’. Como ahora por esta tierra de Caín anda suelto Pablo Iglesias, nos viene muy bien:

Estadista que sacude los frutales del vecino… Para que caigan los gusanos.

Sin comentarios, jejeje.

Y como la principal actividad de los corruptos es la política, no se asusten que ya en el siglo XIX estos campaban por sus respetos en el ancho mundo. No es de ahora en España y en EE.UU:

Política: Lucha de intereses disfrazada de debate de principios. Gestión de los asuntos públicos con vistas al beneficio privado.

Y con más mala leche, añade:

Medio de ganarse la vida preferido por la parte más degradada de nuestras clases delictivas.

Tampoco es esto pues alguno de los que por ahí pululan estuvo en el seminario. Creo que se pasa un poco, la verdad. No es de extrañar que fuese a Méjico en busca de un pelotón de fusilamiento. ¡Qué mala leche!

Cambiaremos de tema por sí encontramos algo más optimista.

Amor: Locura temporal que se cura con el matrimonio y que se da, como la caries, entre las razas civilizadas que viven en condiciones artificiales.

Y para que los maledicentes que acusan al Sr. Aznar de ser el principal promotor de la especulación inmobiliaria en España, lean la siguiente, por favor. Que además ni les suena:

Aceldama: Parcela de propiedad inmobiliaria cerca de Jerusalén, en la que el corredor de bolsa Judas Iscariote invirtió el dinero que había ganado vendiendo al descubierto y escapando luego por una esquina.

Y la última:

Lealtad: Tradicional vínculo que se establece entre el recaudador de impuestos y el que los paga. No es reversible.

De ahí nuestra amistad profunda con el Sr. Montoro.

En fin, si leyesen alguno de estos libros que se sugieren en Periodismo asturiano, encontrarán aforismos como este: De la escuela de guerra de la vida, lo que no me mata me hace más fuerte.

Y acabose. Otro día, más. Como regalo, este texto precioso:

Quisiera morir allá lejos, en las tierras remotas que nunca alcancé, rodeado de los sueños que nunca cumplí, con la mirada en el mar que nunca crucé. Conquistando lo desconocido en el último suspiro.

J. F.

Indiferencia

Por José Fernández // Cuando te hace falta una idea para escribir un folio, de repente salta la palabra cuyo campo conceptual te permite entrar en todo lo que piensas decir.

En este caso, la oportunidad nos la da Vargas Llosa con la palabra indiferencia para definir la relación de una mayoría del pueblo español con la democracia actual, pues la libertad que propicia se ejerció por la actual casta política sin responsabilidad de ningún tipo. Cualquier lector de prensa es consciente del lodazal donde nos metieron políticos, banqueros, y todos aquellos que callaron como muertos -incluidos los militantes de los partidos-, cuando este pobre país estaba enfangado hasta más arriba de la nariz.

Pues bien, con esta idea de la indiferencia, auténtica lacra de nuestra democracia, ofrecemos a los escrutadores digitales que llegan a Periodismo Asturiano unos títulos cuya lectura nos ayuda a encontrar la raíz de la misma tanto en la actualidad como en la larga historia de este pueblo.

Si buscamos una imagen para entender mejor lo que escribiremos, España es igual que el tambor de una lavadora, según dice Gely: damos vueltas y vueltas a los mismos problemas de siempre sin resolver nunca alguno de los que nos aquejan. Porque si bien cambiaron las modas en el vestir y la cosmética llegó hasta los mineros, sin embargo, con palabras de Moreno Jurado, “una mayoría sigue pegada a sus mentiras seculares como tradiciones con políticos que aparentan saber todo lo que ignoran”, que es casi todo. Y para que tengan confianza en lo que digo y no piensen que soy un pesimista, que no lo soy, como esencia de la indiferencia, son estas palabras de Carlos París, quien escribe: “hay que emprender una tarea urgente en España: proclamar la verdad de nuestra historia y exigir que brille la justicia porque vivimos, como siempre, en la época de la mentira”. Ahí tienen Vdes. Una de las raíces que alimenta la indiferencia.

Pero hay más. En ocasiones, cuando metemos la soledad en el bolsillo y salimos con ella de paseo, pensamos en la razón que obliga al pueblo español a vivir el presente con la intensidad de quien no tiene pasado y para nada le preocupa el futuro. Lo que no es de extrañar si la principal preocupación que tenemos es el hambre, desde siempre. Siempre, en Asturias, los asturianos, el pueblo, estuvieron sometidos por el hambre. Como escribe Feijóo, el pueblo asturiano está a facie tempestatem famis. Que es lo mismo que escribió nuestro Campomanes en el XVIII:

La riqueza del pueblo es la base fundamental de la riqueza del Estado, siendo cosa cierta que ningún Estado será rico cuyo pueblo sea pobre.

Para quien sepa hilar conceptos, ahí tienen Vdes. la segunda raíz de la idea central de este texto:

El hambre siempre rondó la puerta de nuestra casa, y no es de extrañar pues España, y Asturias, siempre fuimos colonia que si francesa que si alemana en la que obtenían pingües beneficios que, como es normal, engrosaban las arcas de sus empresas en el país de origen dejando para nosotros el sudor y la miseria correspondiente.

Lo mismo que ahora: para pagar la deuda alemana y francesa, hay que cerrar hospitales y escuelas en España. Nada cambió. Todo sigue igual.

Por tanto, como único patrimonio nacional, además de iglesias, nos queda “el sentimiento de independencia del pueblo español, en perpetua y franca insurrección contra los dirigentes del Estado que invariablemente le traicionaban: sin escrúpulos venden su patria cuando conviene a sus intereses”. ¿Les suena? Bases americanas, deuda pública, aeropuertos sin aviones, emigración… Saben como yo que hay una relación profunda de causa /efecto que se mantiene invariable a lo largo de nuestra historia. Lo mismo antes que ahora, como escribía D. Manuel Azaña:

En la política española se procedía “por subordinación… por el manejo en elogios y adulaciones, la más alta expresión de la bajeza humana. El tono medio del mundo político español es demasiado ínfimo y los políticos son ignorantes, osados, groseros y pícaros.

Y para comprobar que nada cambia en España, la historia y un continuum sin polvo residual alguno, barrido por el viento del olvido que mata cuando toca, comprobamos que por las altura nadie es hijo de sus obras, la capacidad y el mérito es sólo para los franceses, el esfuerzo para los alemanes, la corrupción para los españoles así como los covachuelistas –asesores, amigos, amiguetes y amiguinas- y una administración paralela creada por los partidos con el único fin de sangrar las arcas públicas con sobrecostes inimaginables en las obras o submarinos que se hunden en vez de flotar. De risa por no llorar.

En fin, escrutadores digitales, ¿Quiénes son más patriotas, los que aman a la patria porque no les gusta o los que aman a la patria porque les gusta? Si su alma está embargada por la indiferencia, disculpen si les digo que conozco la respuesta que me darán. Allá cada uno con su capote. Pero luego no andemos por las esquinas rompiéndonos la cabeza y buscando culpables: somos lo que queremos ser.

¿Qué es eso de regeneración? Es el tambor de la lavadora de Gely que da vueltas en la misma dirección, como España, país siempre de ida y vuelta. También es verdad que pueden llevar a la playa la novela Stoner de John Willianms en vez de los libros que aparecen aquí como notas. Sabrán lo que se rompe cuando hay una ruptura. Es el motivo de estas palabras.

Bibliografía

MORENO JURADO, J.A. Cuadernos de un poeta en Mazagón. Tenerife: Baile del Sol, 2013.

PARÍS, CARLOS. En la época de la mentira. Madrid: Tecnos, 2014.

MOLINA, C. Antonio. La caza de los intelectuales. Barcelona: Destino, 2014. Pag. 107

CHAVES NOGALES, M. La España de Franco. Córdoba: Almuzara, 2012. Pag. 75

Radio Parpayuela: dolor e injusticia

José Fernández

José Fernández. Imagen de Pablo Gómez

Por José Fernández*. Parece ser que Radio Parpayuela dejará de emitir por falta de fondos económicos provenientes de instituciones diferentes. Parece ser que por enésima vez esta villa y concejo perderá otra seña de identidad, si es que tuvo alguna. Parece ser que nadie levanta un dedo porque radio Parpayuela siga emitiendo. Parece ser que en esta villa y concejo sufrimos una ataraxia que nos deja indiferentes ante cualquier hecho, positivo o negativo, que en esta villa y concejo sobrevenga. Parece ser que, una vez más, todos perderemos un trozo de nuestra alma cuando Radio Parpayuela, la voz de las cuencas mineras, eche el cierre y quede como testigo mudo de lo que fuimos y nunca más seremos.

Pero ya estamos acostumbrados. En esta villa y concejo estamos acostumbrados a todo. Estamos acostumbrados a no saber lo que somos. Estamos acostumbrados a perder nuestra historia. Estamos acostumbrados a resolver los problemas en los chigres. Estamos acostumbrados a ver cómo la decadencia del espíritu mierense se lo lleva todo por delante.

Aquí es todo normal. Para entender lo que nos pasa en Mieres y en Asturias hay que saber que vivimos en un mundo donde los artistas, por ejemplo, viven de espaldas a la realidad. Lo mismo que los intelectuales. Nadie habla ni se compromete contra los profundos cambios sociales que estamos sufriendo. Nadie se asoma a la ventana y describe lo que ve. Nos miramos en el espejo y hablamos de nosotros mismos como si fuésemos el punto central del universo, a la par que practicamos sin recato la filosofía de la conveniencia como directriz básica de la vida.

Si cambiamos de tercio y hablamos de economía, por ejemplo, nadie denuncia que la avaricia es una virtud social tras la cual corren hasta los curas. Todos estamos, de alguna manera, conformes con la ferocidad de este capitalismo actual y su moral competitiva, que exprime hasta la saciedad el concepto de beneficio. Y como son listos, con las migajas que le sobran, adormecen con cuatro tonterías cualquier brote que se levante contra su sistema establecido. Lo mismo con los problemas medioambientales: quedan relegados a cuatro ecologistas fundamentalistas en aras de unos puestos de trabajo que sindicatos y partidos utilizan hasta la saciedad para sus propios intereses. Sin olvidarnos de la corrupción política, que campa por sus fueros con tanta desvergüenza que ni se inmutan. Para qué hablar de la desintegración del mundo agrario que a nadie importa y menos mal que llegan algunos eurillos de Europa para calmar la sed de los pobres ganaderos asturianos. Y para colmo, lo que faltaba, a las mujeres de este país, como en el S. XVIII, la convierten en una simple máquina de producción.

Y donde podíamos encontrar alguna solución, en los Presupuestos de las instituciones, para saber lo que son basta con recordar lo que escribe el profesor Escohotado sobre los mismos: son pozo insondable para la codicia. Con una la clase política, dijo, que parece incompatible con la libertad, la prosperidad y la justicia. ¿De quién estará hablando este profesor?

Con este panorama desolador, aquí estamos los mierenses, impávidos como el gallo de Teodoro Cuesta ante la raposa, acechante. Ajenos por completo a la esperanza y sin futuro porque del pasado quedan cuatro retazos y mal hilvanados, con la importancia que tiene para tejer la ropa que abrigue a las generaciones del futuro.

¿A quién extraña, entonces, que asistamos indiferentes o angustiados, según economía familiar, a una decrepitud cada día más ostensible que pasa por carecer de cualquier proyecto social, económico o cultural que pueda dar alas a las aspiraciones de las generaciones futuras de Mieres? Montones de ruinas y chatarra obligan a recordar aquel verso de Quevedo cuando intuía la decadencia de España: “Y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte”. Tuvimos una oportunidad cuando llegaron a las arcas de la hacienda autonómica los ingentes fondos mineros tras los cuales corrían tantos que todos los querían para hacer su agosto. Con una particularidad, a media Asturias molestaba que se invirtiesen en las cuencas porque era tirar el dinero. Y claro, pasó lo que pasó: se devolvieron, por falta de proyectos, a las arcas de la Hacienda de la nación… ¿cuántos millones de euros? Y para colmo, los responsables siguen pululando por las instituciones sin responsabilidad alguna sobre sus espaldas.

Pues bien, con estos posos que lentamente se acumulan en nuestro cuerpo social hasta ahogarlo, como la sangre en el poema de Blas de Otero, ahora nos llega el cierre de Radio Parpayuela; la voz de las cuencas mineras, como decían ellos. No vamos a entrar en harina buscando responsables de este cierre, que los hay. Ese es otro cantar. Lo que importa ahora, en estas cuatro palabras, es hablar de este medio de comunicación tan entrañable para nosotros y que retrató fielmente a la sociedad mierense desde que empezó a emitir hasta estas fechas: sufrió el sarampión democrático cuando ser demócrata era decir cada cual lo que le daba la gana, sin preocuparse para nada del rigor. ¡Tiempos aquellos de Nel Amaro y su barba florida y sus descarnados comentarios! La madurez que entró, como en las personas, cuando menos lo esperaba y sin darse cuenta, tuvo su punto álgido, por muchas razones, cuando alrededor de Radio Parpayuela, afloraron en la comarca tantas asociaciones que obligaron al Sr. Rector a implantar nuevas carreras en nuestro campus. Y aunque los oportunistas de turno aprovecharon para colgarse las medallas, fue mérito exclusivo de Radio Parpayuela el apoyo social logrado para tal fin.

Y como espejo que fue de nuestra sociedad, Radio Parpayuela puso voz, en horario nocturno, a quienes sentaban cátedra con sus mítines que arreglaban Mieres, Asturias, España y Europa, para envidia de los parlamentarios europeos, franceses y alemanes. Y por la mañana había que oír a Santiago leer a Pablo Neruda, el mayor mérito de la democracia mierense, o las recetas culinarias adornadas con picardías junto a la voz de Hilario haciendo entrevistas que sacaban las entrañas al pobre entrevistado.

Dicho con otras palabras, es un dolor y una injusticia y una desgracia que Radio Parpayuela, con sus virtudes y defectos, eche el candado a sus emisiones y desaparezcan de las ondas tantas almas diferentes como somos quienes habitamos en esta villa o municipio. Por eso dejamos constancia de las siguientes ideas para cerrar estas cuatro líneas:

  1. Si se cierra esta emisora, la libertad de expresión recibe una certera puñalada, sin paliativos.
  2. Los ciudadanos de Mieres tienen que hacer gala de su sentir democrático evitando el cierre de esta emisora. Es bien sabido que hay una democracia administrativa, la de los políticos y otras instituciones. La que interesa defender a los ciudadanos es la democracia sentida como necesidad social, económica y cultural.
  3. Al margen de partidos y sindicatos, esta ciudad respirará vida si Radio Parpayuela se mantiene viva y sigue emitiendo sus programas de siempre, y otros.
  4. Hay en este ciudad y concejo asociaciones fuertes que unidas todas, y es fácil hacerlo, podrían defender una emisora independiente y al servicio sólo de los ciudadanos: asociaciones de vecinos, asociaciones de comerciantes, Santa Bárbara… Sería un ejemplo de vertebración social ante una idea fundamental: la libertad de expresión.
  5. Estamos seguros que con Radio Parpayuela en activo esta ciudad emprendería una singladura social, democrática y cultural que servirá de ejemplo del hacer que siempre nos caracterizó cuando estamos unidos para resolver un problema.

* José Ferrnández es profesor de Lengua Castellana y Literatura.

Carta de la Marea Ciudadana de Asturias a Saskia Sassen

Imagen de Saskia Sassen

A continuación, les ofrecemos el texto completo de la carta que una veintena de organizaciones sociales remitió a Saskia Sassen, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2013, solicitándole la renuncia a dicho premio.

Estimada Saskia:

Cuando el próximo 25 de octubre, las personas premiadas, las autoridades y la familia real española desciendan de sus coches de lujo y recorran a pie -bajo un impresionante despliegue policial- los últimos metros hasta la puerta del Teatro Campoamor -sede de la ceremonia oficial-, miles de personas estaremos al otro lado de la policía gritando, silbando, exigiendo el fin de los Premios Príncipe de Asturias. Exigiendo, en definitiva, que se acabe con unos Premios que no son otra cosa que un sofisticado instrumento publicitario de legitimación de una monarquía apadrinada por el dictador y genocida Francisco Franco; una monarquía que, enriquecida al calor de sus relaciones con los grandes capitales españoles y multinacionales, se ha visto últimamente envuelta en gravísimos casos de corrupción.

Una mirada sobre la financiación de la Fundación Príncipe de Asturias -que es la que concede los Premios- resume los poderes que la controlan: sus 5,5 millones de euros anuales proceden en una pequeña parte de dinero público -ten en cuenta que la Casa Real recibe una asignación anual de 8 millones de euros del presupuesto estatal-, mientras que la mayor parte de las aportaciones para los Premios proviene de empresas constructoras, corporaciones del sector de la energía y grandes bancos. Es decir, que las empresas que pagan los Premios son, entre otras, los bancos rescatados con dinero público que hoy en España deshaucian masivamente a la población, mientras especulan en el mundo entero con el precio de los alimentos y otros productos de primera necesidad.

La elección de personas premiadas críticas con el capitalismo e incluso cercanas a las diversas luchas sociales que lo impugnan y lo combaten forma parte sustancial de la estrategia de estos Premios: presentar a la familia real española, y concretamente al príncipe heredero, como una institución que no es ajena a los problemas sociales y a las mayorías excluidas.

Sin embargo, quienes pretenden acompañarte y homenajearte el próximo viernes son los mismos que acumulan tesoros obtenidos mediante la explotación de las “clases de servidumbre” de las que nos hablas en tus libros. Si por algo se ha caracterizado la economía española en el último cuarto de siglo ha sido precisamente por la extensión de un trabajo barato y servil sobre los hombros de aquellas a las que en buena medida dedicas tus escritos: las mujeres autóctonas y los hombres y mujeres inmigrantes. Los mismos policías que os protegerán el viernes han llevado a cabo en los últimos años infinidad de detenciones racistas, han confinado a las personas inmigrantes en Centros de Internamiento -verdaderas cloacas del Estado- y han expulsado a miles y miles de personas en macabros vuelos de deportación. Sus actuaciones vienen dictadas por las autoridades que te aplaudirán en un Teatro a rebosar, en una ceremonia a la vez elitista y populista, hecha también posible -en hoteles y cocinas, no nos cabe duda-, por mujeres explotadas por los elegantes representantes del poder patriarcal.

Podríamos extendernos mucho más respecto a todas estas cuestiones pero creemos que estos son argumentos suficientes para pedirte un posicionamiento público contra estos Premios. No te vamos a pedir que dejes de venir el viernes a Oviedo. Te pedimos que lo hagas al otro lado del cordón policial.

Estamos a tu disposición para cualquier otra información que necesites. Saludos:

Marea Ciudadana de Asturias // Confluencias.