Ciudad del carbón

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Ciudad del Carbón, por Sonia Díaz Polonio

Texto de José Fernández // En el recuerdo, el carbón era el color del pasado que teñía de negro los paisajes de su infancia; en el carbón busca los nutrientes para alimentar su alma con raíces que se escabullen, en el silencio y la distancia, por las galerías. Aquellas galerías que eran ansias de vida y miedos de muerte, nubes de polvo con nombres sin apellidos y blasfemias. En aquellas galerías, el tiempo era tela de araña con hambre de aire que rompe el corazón y los caminos de la sangre en los pulmones: la silicosis.

Con Ciudad del carbón, hacemos de memoria, un evangelio: en aquel tiempo, si la tierra bramaba, los espasmos del dolor por la ira eyaculaban rostros de resignación y angustia que sellaban la miseria a las almas que pululaban sus calles. Y siempre lo mismo en la historia que se repite y se hace con sangre: a contraluz, colores sencillos para tantas tragedias: Ciudad del carbón y sus galerías.

La destrucción o el amor: un ejemplo

Texto completo de la Lección Inaugural de José Fernández, director del IES Bernaldo de Quirós, impartida en el acto de apertura del curso 2013/2014.

Antes de empezar con la lección inaugural, que es un concepto administrativo e intelectual, expondremos varias ideas que nos servirán para cumplir el objetivo que nos proponemos con la misma: rendir homenaje a los alumnos que, por razones diferentes, nos confiaron su formación en una etapa decisiva de su vida. En especial a quienes optan por la vía de las artes plásticas o la música para dar sentido a su vida. Porque si bien cualquier opción académica es digna de respeto, sin embargo estarán conmigo en que en el mundo de hoy, tan complejo, un artista nunca tiene las mismas opciones que aquel que opta por un una carrera tecnológica o biosanitaria. Aunque el esfuerzo y las capacidades sean las mismas en ambos protagonistas, para una sociedad como la nuestra todos sabemos que no es lo mismo.

La anterior afirmación obedece a esa deshumanización grave y escandalosa que sufrimos, a la que se añade una profunda confusión de valores. Saben ustedes que en el mundo actual priman dos conceptos fundamentales: fama y fortuna; y con tales conceptos ya podemos imaginar que tipo de sociedad les toca vivir a nuestros alumnos, la que tiene como principio filosófico único el de la conveniencia.

Uno de los principales recursos con los que contamos para controlar este rumbo peligroso y sinuoso por el que opta nuestra sociedad es el artista. Porque el artista plástico, visual, musical o literario es imprescindible para que una sociedad tenga una vida espiritual intensa, en la que predomine la tolerancia; y para que la convivencia sea pacífica. Pobre de aquella sociedad en la que el artista mire para otro lado y no se haga cargo del mundo que le toca vivir.

¿Qué seria de nosotros si los artistas no se hacen cargo de los efectos de la globalización o de los efectos de los soportes digitales que transformaron el mundo?¿Como se recupera una sociedad de los graves problemas medioambientales o de la corrupción política y mediática, del terrorismo, del fundamentalismo religioso, de la desintegración del mundo agrario o de las diferencias sociales cada vez más extremas fruto de una codicia exacerbada de nuestro sistema financiero, si el artista vive en la indiferencia? También podemos decir, para andar por casa, que si escribir o pintar en Asturias, como decía Larra, es llorar, la sociedad asturiana está aquejada de alguna enfermedad seria.

Estaremos de acuerdo, entonces, si digo que la educación es el recurso más importante que tenemos para hacer de la nuestra una sociedad equilibrada. Crítica porque no se deja engatusar fácilmente por arribistas y cucañeros; y culta porque sabe buscar los recursos intelectuales, éticos o morales propios para encontrar soluciones. Una definición de la educación que recoge las ideas anteriores de este concepto lo encontramos en el novelista americano Thornton Wilder. Fíjense en lo que escribe en la novela El octavo día. Dice:

La educación es el puente que el hombre cruza desde la vida encerrada en uno mismo, centrada en uno mismo, hacia la conciencia de la comunidad humana al completo.

Es decir, cuando nosotros estamos educando a un chico, estamos abriendo las puertas de su alma a una madurez que le llegara sin fecha alguna. Cuando estamos formando a un artista que elige el bachillerato artístico en nuestro centro, hablamos de alguien que, además aspira, mediante sus creaciones, a dejar constancia de los desequilibrios de la sociedad o las consecuencias personales que tales desequilibrios tienen en quien los describe: el propio artista. Porque como dice J. E. Pacheco, “el arte tiene una sola realidad: el sufrimiento”. Lo que estamos haciendo, entonces, va más allá de unas simples destrezas que servirán para aprobar una asignatura. Formamos espíritus.

Es decir, de cara al futuro, con este panorama, nos preguntamos ¿qué es un artista? Es un tema controvertido; más si hablamos con los propios artistas. Sin embargo, para avanzar, utilizamos dos definiciones que hablan de lo mismo pero de forma diferente. Las características que le endosa Rubén Darío al artista y las palabras que el divulgador científico y escritor Eduardo Punset le dedica en el libro El viaje al amor se complementan, pese a la diferencia. El nicaragüense nos dice del poeta:

¡Torres de Dios! ¡Poetas!

Pararrayos celestes,

que resistís las duras tempestades,

como crestas escuetas,

como picos agrestes,

rompeolas de las eternidades!

Ya ven ustedes que el artista, en el mar proceloso de la vida, cual vidente, rige el esquife que sortea los peligros a la vez que da cuenta de ellos a quienes carecen de habilidades o tiempo para esquivar los peligros: rompeolas, pararrayos, crestas o picos ya dicen bastante de la actitud vital del poeta, vigilante incómodo de los males que nos aquejan. Porque es bien sabido que a nadie le gusta oír de alguien más sus defectos que las virtudes.

En el libro de Punset aparecen descritas las diferencias neurológicas, cerebrales, entre un científico y un artista; entre Newton y Picasso, por ejemplo (y esto es la primera vez que se dice en este instituto). En ambos casos, por supuesto, se supone un cierto nivel de inteligencia. Sin embargo, nos dice Punset que en el cerebro del científico hay unos circuitos cerebrales que se llaman inhibidores latentes, válvulas en el lenguaje vulgar, que aíslan el cerebro de cualquier realidad circundante y focalizan el conocimiento.

Estas válvulas cerradas, inhibidores, son incompatibles con el pensamiento creativo que siempre las tiene abiertas porque no les funcionan bien, porque siempre mantienen la mente abierta al vendaval de ideas -consistentes unas y enloquecidas las otras- que les llegan del mundo exterior. Para que nos entendamos, y para llevar el agua a mi molino, el artista es al espíritu del hombre lo que el médico de cabecera es al cuerpo humano: ambos son imprescindibles para evitar males mayores y para curar a posteriori cualquier posible enfermedad que se aproxime. Tampoco está mal hablar de las siete inteligencias múltiples o diversificadas estudiadas por el profesor Howard Gardner. A lo largo de la vida podemos desarrollar, porque existen:

  • La inteligencia lingüística.
  • La lógico-matemática.
  • La corporal-cinestésica.
  • La musical.
  • La espacial
  • Y la social, que se divide en dos: la interpersonal y la intrapersonal.

Escoger una para nuestros alumnos o para cada uno de nosotros, la más apropiada, es correr un riesgo; porque todos a lo largo de nuestra vida desarrollamos diferentes capacidades intelectuales. De ahí el error que, con frecuencia, cometemos cuando emitimos juicios de valor que confunden más que resuelven. Aproximadamente, podemos ser hombres de letras, hombres de ciencia, ninguna de las dos cosas o políticos.

Con este breve preámbulo, entramos ya en el tema que nos ocupa, en la explicación detallada de un Bestiario que termina en el título que abre esta exposición como idea central del mismo: la destrucción o el amor. Fue pintado por una alumna nuestra, cuyas pinturas están dentro de una tradición artística y tienen un acervo cultural profundo detrás de ellas. Y le sirven para comunicarse con un espectador por medio de ellas.

Bestiario

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Estas figuras las agrupa la pintora en el concepto que ella misma denomina BESTIARIO: dos dípticos relacionados entre sí y perfectamente ensamblados. En este caso, la pintora utiliza el BESTIARIO para explorar el alma del hombre, su alma, describirla y darle una respuesta.

Es decir se sirve de un recurso artístico muy usado en la Edad Media, que tiene como protagonistas animales reales o fantásticos, con un significado propio cada uno de ellos, mediante la analogía; y que sirven al artista medieval para lanzar un mensaje sobre todo religioso, de orden moral.

No es el caso de los bestiarios actuales, cuyos contenidos son más introspecciones o exploraciones del mundo intelectual o sentimental, o ambos a la vez, del artista. Tal como éste que Sonia pintó y que, en primicia, presentamos hoy aquí, en el centro donde hizo sus estudios de bachillerato.

En la imagen vemos su formato; y en él podemos observar tanto las figuras como los recursos que utiliza para llegar al espectador. Como es normal, tiene un orden que viene dado por el contenido de cada uno de ellos, y de este orden y del contenido de cada uno de ellos llegamos a una unidad de carácter superior con una idea central única. Bien sabemos lo controvertido de los análisis de las obras de arte, pero éste es imprescindible en el mundo académico, ajeno a las impresiones o gustos personales.

Para que nos entendamos, distinguimos cada uno de ellos por un detalle y de esta manera podemos seguir más fácilmente la explicación que permite, espero, la comprensión del todo por cada parte.

  • El nº 1 tiene un gato.
  • El nº 2 tiene una garra de águila.
  • El nº 3 tiene dos alas.
  • El nº 4, un sol ardiente.

Una descripción somera antes de estudiar al detalle cada uno de esos bestiarios, nos permite ver qué elementos comunes y diferentes permiten hablar de unidad dentro de la diversidad.

  • En los tres primeros se repite la figura humana como elemento principal.
  • El cuarto tiene en común con los anteriores tonos diferentes de los mismos colores.
  • Los tres primeros complementan la figura humana con figuras de animales, todos ellos con el significado que les da la tradicción cultural.
  • En el cuarto aparece una planta, el diente de león.
  • En los cuatro el color intensifica el mensaje del bestiario correspondiente.
  • En los tres primeros los animales complementan el mensaje de la figura principal, intensificando la unidad del cuadro.
  • En el primero, un texto escrito da sentido al cuadro y ayuda a entender al resto del bestiario. También obliga a esta pregunta: ¿Quién es más importante, las figuras del cuadro o el texto?
  • La linea ondulada es la que predomina en los tres bestiarios con figura humana y es también un símbolo dentro de los mismos.

A continuación pasamos al analisis pormenorizado de cada uno de ellos. Sigue leyendo

El Laboratorio de Ágora expone su obra propia por primera vez

Exposición fotográfica de El Laboratorio de Ágora.

Pizarra Café. Plaza Alfonso II el Casto, 3, Oviedo.

Hasta el 11 de julio.

La exposición. Fotografía de Javier Rodríguez Alonso.

Hay paredes que hablan. Las del Pizarra Café lo hacen a través de letras, palabras, frases… Estos días, sin embargo, el lenguaje escrito queda en un segundo plano y da paso a la imagen: 27 fotografías de seis autores, una mínima muestra de la obra de la asociación juvenil El Laboratorio de Ágora.

Fotografía de Javier Rodríguez Alonso.

Jueves 27 de junio, 20:20 horas. Inauguración. Javier Rodríguez Alonso, uno de los veteranos de la asociación, se muestra nervioso: aún faltan invitados por llegar. La camarera le ofrece un vino. Yo pruebo un canapé, excelente. El local está casi lleno, hay movimiento y muchas miradas puestas en las paredes. Sigue entrando gente mientras suena la música house del dj Juls aka Kapok, de México D.F.

Entre saludo y saludo, Javier me cuenta que llegó a El Laboratorio de Ágora hace cuatro años. Hoy en día es el único fotógrafo profesional de la asociación, me explica su compañero y amigo Iván Alameda: “ninguno de nosotros somos profesionales a excepción de Javi, así que es un mérito poder sacar un material tan bueno y poder exponerlo sin haber tenido la formación y la profesionalidad que él tiene”.

La experiencia de Javier es uno de los ingredientes básicos de esta exposición: “ayudé al resto para poder montarla, a la hora de escoger el formato, los acabados, pedir los presupuestos a los laboratorios, etc. Esperemos que el resultado sea bueno.”

‘Charca de Tiñana’, obra de Javier Rodríguez Alonso.

Javier expone seis de las 27 obras, que se pueden comprar por precios que oscilan entre los 50 y los 150 euros. En la asociación no hay una temática concreta, “aunque nos gusta mucho hacer foto nocturna, lugares abandonados, paisaje, un tipo de fotografía más accesible, ya que otras, como la tipo macro, requieren un equipo más específico y una inversión más importante, y nosotros pretendemos que pueda participar todo el mundo”, explica Gonzalo Esteban, presidente de El Laboratorio de Ágora. Él no expone, bromea, porque “el que se dedica a organizar la asociación no tiene tiempo para hacer fotos”.

‘Paradoja’, obra de Cristina Moutas.

Cada autor tiene un perfil diferente. A Javier le gusta la fotografía de naturaleza. Para colgar aquí ha escogido, entre otras obras, “una larga exposición” tomada en el puerto de Llumeres (Cabo Peñas) en una noche de luna llena:

‘Puerto de Llumeres’, obra de Javier Rodríguez Alonso.

A Iván Alameda también le apasiona el paisaje pero el enfoque le entraña cierta dificultad “debido a una discapacidad visual que tengo”. Lejos de abandonar, Iván convierte este problema con el enfoque en un reto, como apreciamos en una de las obras que expone: ‘Lampost?’ (‘¿Farola?’). En ella juega al desconcierto, de ahí el interrogante: “el ojo nos pide que la farola sea el elemento principal pero yo se lo di a las torres”.

‘Lampost?’, obra de Iván Alameda.

La fotografía social también es un reto para él porque “requiere acercarse al elemento”, e Iván asegura ser muy tímido: “cuando un amateur hace fotografía social compra unos teleobjetivos grandes, pero los teleobjetivos lo que están haciendo es que los distintos planos que están detrás se acaben igualando y no veas la perspectiva, entonces descontextualizas.”

‘Starway to tram’, obra de Iván Alameda.

Otra de las obras que expone se llama ‘Starway to Tram’ (Portugal, 2010). “El titulo viene de la canción ‘Starway to Heaven’ de Led Zepelin, que habla de una mujer que quiere comprar una escalera que le lleve al cielo”. Él cambió “heaven” (cielo) por “tram” (tranvía).

“Caminaba por las calles de Portugal y vi la escalera y la señora subiéndola con mucho esfuerzo y lentitud, me quede a contemplar la escena porque me parecía que había un mensaje, y oí el tranvía, así que sin pensarlo cogí la cámara y disparé, con la suerte de que el tranvía aparecía justo en ese momento. Fue la intuición de que algo venía. La foto intenta representar varias realidades juntas. Por un lado, una ciudad llena de cuestas, subidas y bajadas. Por otro lado, la edad y las dificultades de cada uno”.

Iván lleva tres años en la asociación. Entró para hacer un taller de Photoshop porque, bromea, “pensaba que era la manera de salvar las fotos y luego me di cuenta de que no, de que la única forma era haciéndolas bien”. Hoy se muestra orgulloso de exponer cinco obras: “este trabajo parece sencillo, llegas a un sitio, ves las fotografías que están expuestas, pero detrás hay mucho trabajo, hay que coordinar un grupo con diferentes opiniones, y hay una inversión”. En torno a unos 700 euros que han puesto de sus bolsillos.

‘Mercáu tradicional’, obra de Alexa Fernández.

El Laboratorio de Ágora

El Laboratorio de Ágora es una sección de la mítica Ágora Foto Cine Club, una asociación que nació en Oviedo en los años cincuenta. Cuando los socios se vieron muy mayores decidieron captar gente nueva y les enseñaron a revelar fotografía analógica. “Allá por el 2006, esos chavales jóvenes nos constituimos como asociación juvenil, para tener entidad propia, no depender de la asociación de mayores y poder optar a subvenciones”, explica Gonzalo, el presidente.

‘Soledad en el muro’, obra de Juan L. Pérez Isla.

Ofrecen dos cursos de fotografía al año (por 50 euros) y un taller mensual (por 5 euros). Sin embargo, insisten en que no son una asociación al uso: “nuestra filosofía no es simplemente llegar, hablar de fotos, hacer fotos y marcharnos. Eso sería muy soso. Buscamos que sea algo más cercano. De hecho, la gente siempre sale muy contenta de los cursos porque dice que somos gente muy cercana, que intentamos hacerlo todo lo más fácil posible, lo más práctico y lo más entretenido. Y después de cada clase, nos vamos a tomar unas cañas. Lo importante es estar a gusto y en un entorno en el que te sientas cómodo.”

‘Ventana al Edén’, obra de Ángel Álvarez.

Acaba la velada, en la plaza de la Catedral quedan unos cuantos rezagados y un muy buen sabor de boca: varios interesados en comprar y alguna foto ya vendida. Los conocidos se despiden de Javier: “me ha encantado, volveré.”