Elecciones: el infierno espera

contenedores

Quedan pocas semanas para las Elecciones en Andalucía. Las Municipales y Autonómicas están a la vuelta de la esquina. Mientras la maquinaria de los partidos da lustre al contenido de su armería, los periodistas almacenan víveres en la ciudadela.

El asedio dará comienzo en breve y será feroz. En unos comicios en los que la sorpresa está a la vuelta de la esquina y cada voto cuenta, los medios tradicionales serán exprimidos por el poder político y económico hasta que la última gota de sudor del plumilla de turno humedezca la arena del Coliseo.

Fluirán los ríos de publicidad institucional, de anuncios para la campaña. Habrá guiños, piropos y caramelos para el genuflexo; rabia y castigo para el sublevado. Escuchen, lectores, la humilde palabra de quien clama desde la atalaya digital: sean críticos, cautos. Busquen siempre cinco pies al gato o serán asimilados.

Preparar una vacuna para la avalancha que se cierne sobre nosotros requeriría varios tratados de política, ética, comunicación y deontología. No obstante, podemos dejar trazos de lo que sería un buen manual de supervivencia para el lector y también para el periodista, confeccionado a base de mi propio botiquín para emergencias. Si quiere usted sobrevivir a la noche, tome nota.

Negacionismo y partidos emergentes

La principal señal que caracteriza al poder emergente es el miedo que suscita en el imperante. En España, el miedo casa con la omisión. Si escucha usted al opinador de turno presumir de que algo “no existe”, tenga muy claro que ese ‘algo’ tiene opciones. Hasta pocos minutos antes de ganar en las urnas, Foro Asturias “no existía”. Tampoco el 15M, hasta que el New York Times dio con él en las narices a los diarios españoles e hicimos el ridículo internacional. Primer consejo: mantenga el oído pegado al asfalto, no a la puerta del despacho.

Gracias a Grecia, cuna de la democracia, esos tiempos parecen estar cambiando. Sin embargo, ahí sigue la cocina de encuestas lanzando pronósticos con la fiabilidad de una cabra precolombina. Segundo consejo: acuérdese de lo fiables que fueron las predicciones sobre las Europeas cuando lleguen los sondeos.

La campaña viviente

Con el fin de la precampaña y la llegada de la campaña, todo irá a peor. Los discursos políticos, prefabricados y empaquetados para su publicación y reimpresión, invadirán periódicos, radios e infestarán su televisor. Merced a nuestra Ley Electoral, todos los informativos del país quedarán en manos de los partidos. Aún cuando alguno pretendiese actuar de modo díscolo, cualquier recorte ingenioso de un mitin será en vano, ya que en casi todos ellos la única señal de vídeo que se recoge es la institucional. Los asesores de comunicación de cada candidato tienen cubierta cada salida. Tercer consejo: huya del pronunciamiento, busque en el programa, pero siempre con la mirada del escéptico.

Jornada de indignación

Pero eso no es todo. Antes de la votación llegará la jornada de reflexión, que es ese día en el que todos los partidos hacen campaña intentando que no se les note, colándole candidatos hasta en la sopa. Les verá usted paseando al perro, mirando al mar, leyendo. Mejor no proteste ese día, que al otro es la fiesta de la democracia y hay poltronas durmiendo. Échese unas risas con cada programa electoral y decida qué mentira casa más con sus valores.

Me queda el cuarto consejo, que sin duda es el más insurrecto y osado de todos: vaya a votar. Que no, que no era un chiste; se lo digo de verdad. No se quede durmiendo. Vote, a pesar de que los políticos les digan que deben hacerlo. Vote, para honrar a quienes derramaron sangre para que ustedes puedan hacerlo. Nada les gustaría a los de las poltronas que les echaran cola a su ídem. Coloque el dedo medio en la clásica formación Aznar-Bárcenas, pliégelo varias veces hasta que tenga la forma de la papeleta electoral que más le agrade e introdúzcalo en la urna. Luego vuelva a casa o a la redacción. póngase las zapatillas u observe la señal en directo que llega a través de las pantallas. Quede con sus amigos en Twitter o en la tasca y contemple, como un ciudadano más, el mundo que, como decían en V de Vendetta, tocará a su fin esa noche.

Imagen editada a partir de: Flickr | Joan Sorolla

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Una ración de amplias mayorías

Votación

Una mujer vota en Lugones. Imagen de Pablo Gómez

Entre las novedades que ha traído la última mayoría absoluta del partido Popular en el Congreso de los Diputados, podríamos incluir un método novedoso, vanguardista y radical de hacer las cosas: el descaro en la tarea de gobierno como efectiva herramienta para descalabro del rival político.

Imagino que los socialistas asturianos deben contemplar la propuesta del PP para la elección directa de alcaldes con cierta estupefacción. Recordemos que, en octubre de 2013, el PSOE dio marcha atrás en la Junta General del Principado a una proposición de ley que supondría la reforma del sistema electoral autonómico, que había sido elaborada por Izquierda Unida, UPyD y los propios socialistas. Se esfumó, de este modo, un cambio que podría haber sido pionero en toda España, y más cercano a un reparto justo de los votos en las Elecciones Autonómicas.

¿Mezclo churras con merinas? No tan rápido. Si finalmente se lleva a cabo una reforma para cambiar las alcaldías, no cabe duda de que Mariano Rajoy habrá jugado mucho mejor que Javier Fernández al “mayor consenso posible”. A fin de cuentas, ¿quién necesita consenso cuando tiene rodillo con el que atizar? Marchando otra ración de pacto del 78; una dura lección que a la parte débil del turno de partidos le cuesta digerir cada vez más. La política de apaciguamiento sigue haciendo aguas.

Pero volviendo a los conservadores, el gran daño de esta reforma en los gobiernos municipales no se halla tanto en su contenido como en su propósito: blindar la mayor cantidad de consistorios posibles para la derecha ante el surgimiento de nuevas formaciones y posibles alianzas en la izquierda. Aún si el Partido Popular perdiese los próximos comicios generales, muchos alcaldes verían garantizado el calor del sillón merced a una mesa de juego trucada. No diga regeneración política, diga cambiar las reglas hasta que sea el árbitro quien gane el partido.

Imagino que, cuando los políticos celebran la gran fiesta de la democracia, se refieren a esa en la que devoran como posesos y luego nos pasan a nosotros la factura. Ante comportamientos cada vez más descarados, cabe preguntarse si el tiro no le saldrá por la culata al registrador de Santa Pola, cuando millones de votantes cabreados vayan al colegio electoral sin antidisturbios que se lo impidan.