Nacho Vegas: “es mejor ser un pesimista con ilusión que ser sólo un optimista”

22-M. Las Marchas de la Dignidad confluyen en Madrid mientras vivimos la crónica de la muerte anunciada de Adolfo Suárez. Yo conduzco hacia Gijón para entrevistar a Nacho, mientras escucho a Nacho. Llueve y a la vez hace sol. Por el camino aparece l’arcu la vieya (arcoíris, para los no asturianos) y se me antoja vivir una metáfora de Resituación, su nuevo disco, que sale a la venta el 8 de abril.

Foto de Nacho

Imagen: Pablo Gómez.

“Fui hasta La Vida Alegre y me dijo Isa que la vida allí no tiene prisa por terminar”, canta Nacho en ‘La vida manca’. Allí nos habíamos citado y compruebo que sí, que la vida allí no tiene prisa, ni tampoco la tiene esta entrevista. A pesar de las interferencias: las voces de los habituales sabatinos, las emboscadas de esa tormenta de la que el toldo no nos protege, un taladro cercano…

Le hago la primera pregunta y descubro que Nacho es una de esas personas que rumia mucho sus palabras. Antes de contestar, desvía la mirada, lo que denota que su respuesta será el fruto de una reflexión meditada.

Desde ‘La zona sucia’ nos enseñaste ‘Cómo hacer crac’. Ahora toca resituarse, ¿dónde?, ¿resituación personal o colectiva?

Una resituación desde lo personal hacia lo colectivo, que es lo que tiene que ser la música. Cuando escribes una canción, mi ‘yo’ tiene que ir hacia ‘los otros’. En el mundo del pop y del rock se abusa mucho de partir del ‘yo’ y quedarse en el ‘yo’. Creo que las canciones tienen que poner en comunión a la gente: esa es la función que tiene la música popular. Resituarse no es ir a un lugar en concreto: es estar en movimiento continuamente. Tengo la sensación de que la escena de la música rock está un poco muerta. Y creo que tenemos la obligación de estar moviéndonos continuamente y hacer que la música sea algo vivo, que no se quede en una especie de élite de gente enteradilla y que compra ciertos discos o ve ciertas películas o lee ciertos libros, sino que tiene que vincularse a otro tipo de escenas sociales. Creo que es el momento en que la música se puede resituar de otra manera.

Has pasado de hablar de situaciones personales a algo más colectivo, con mucha más crítica social. ¿Es una evolución natural o viene dada por la situación en la que vivimos?

Mis canciones se nutren de la realidad. Cuando hablaba de relaciones personales siempre procuré hablar de gente real. Todo lo que está pasando ahora es algo que nos afecta de una manera radical y que se cuela en las canciones, no sólo por lo que está pasando socialmente. Tengo muchos amigos que perdieron su trabajo en los últimos años pero a la vez también se rompieron muchas parejas. El capitalismo salvaje pone más difícil tener una vida social y emocional natural y, el hecho de que haya una conciencia nueva, de que la gente se dé cuenta de que tiene que poner en común todo lo que está pasando para salir adelante, es lo que me ilusionó para escribir nuevas canciones. Cuando voy a hacerlas nunca sé muy bien que es lo qué pueden tener en común pero hacer discos me sirve para eso: para reunirlas, verlas desde fuera y ordenar lo que te parece que está un poco desordenado.

Ese compromiso también se refleja en tu participación en la Fundación Robo y en tu apoyo al CSOA La Madreña.

Roberto Herreros y yo nos dimos cuenta de que la escena indie estaba demasiado aquejada de individualismo, no era una alternativa como se supone que lo tiene que ser una escena independiente. Entonces decidimos poner en común a grupos y artistas muy diferentes pero que tuvieran una preocupación social en la música que hacían, e hicimos una recopilación de canciones que sirviera como reflejo de todo lo que está sucediendo. Ahora queremos dar un paso más y buscar colaboraciones puntuales con colectivos sociales. Por ejemplo, la canción ‘Runrún’ está vinculada al Movimiento por la Democracia, una plataforma que nació en el centro social Patio Maravillas de Madrid. En Oviedo, lo que está sucediendo con La Madreña le está dando mucha vida a la ciudad.

O sea, que ‘Runrun’ tiene que ver con este tipo de iniciativas.

Hay una frase en esa canción (“nos quieren en soledad nos tendrán en común”) que forma parte de un comunicado del Patio Maravillas en Madrid después de una redada en la que detuvieron un inmigrante africano en Lavapiés, y a otros ciudadanos por interesarse por él.

En ‘Runrún’, ¿por qué es un gato quien observa el horror?

El verso inicial empezaba de otra manera, pero estaba releyendo a Gloria Fuertes, de la que soy muy fan, y hablaba de un gato que miraba a su alrededor. Sentí que era una imagen muy poderosa para empezar, como son los gatos, que tienen mucha inteligencia pero que también son unos animales muy indefensos.

¿Cómo es que no estás en las Marchas de la Dignidad hoy en Madrid?

Pues pensaba ir, pero como tenía esta entrevista pues no pude…

(Sonrisa pícara).

Hablando de actualidad, ¿qué te parece que haya salido el hijo de Adolfo Suárez anunciando su muerte inminente? ¿Crees que es una cortina de humo para ocultar las Marchas?

Parece una cortina de humo porque es increíble la cobertura mínima que hay en los medios generalistas hacia algo que se lleva fraguando hace tiempo y que es una expresión social que tendría que recogerse. Hoy estaba oyendo las noticias y ocho minutos eran para Adolfo Suárez y nada para unas marchas que estaban llegando a Madrid, y eso que movilizaron a 1.700 agentes de la UIP, seguramente para reventar aquello. De ese tipo de cosas se sirve el discurso hegemónico que impera y que está en todos los medios generalistas, en las grandes cabeceras. Es un discurso desmovilizador y que intenta minimizar -cuando no criminalizar- lo que está pasando socialmente en España. Por suerte, creo que no les va a funcionar, la gente no es tan tonta.

¿Qué significa ‘Indefensos’? Parece un himno…

El año pasado hicimos unos cuantos conciertos para rendir homenaje a Mike Leigh en colaboración con el Abycine. Esta canción ilustraba imágenes de sus películas y cerraba el espectáculo. Sus películas son muy corales, y mi disco también es muy de personajes…

¿Algo así como “se abre el telón”?

Sí, tiene ese aire cinematográfico. A mí me gusta mucho la música del cine y es un homenaje musical a Nino Rota, a Mancini… Y creía que era una buena manera de abrir un disco en el que hay un montón de personajes. La titulé así porque hay una película de Mike Leigh que se llama ‘Naked’ y que en español se tituló ‘Indefenso’. Es algo muy normal sentirse indefenso y es una cosa contra la que luchamos, ¿no? Yo lo puse en plural porque es un disco muy de ‘nosotros’ más que de ‘yo’, es una especie de toma de empoderamiento contra la indefensión.

La primera canción que adelantaste se llama ‘Actores poco memorables’, ¿quiénes son esos actores?

No forman ninguna casta especial. En realidad es una canción que parte de la observación de un mundo en el que nos movemos todos. Algunas críticas dicen que es un tópico y me hace mucha gracia. No sé por qué es un tópico, si porque es algo que está exagerado y que no existe o porque no se habla de eso en muchas canciones. Realmente no creo que pase ninguna de las dos cosas. Son canciones que parten de observar un mundo en el que la gente está muy sola por una cuestión política. Las políticas neoliberales convencen a la gente de que está mucho mejor sola que acompañada. En los noventa hubo un proceso desmovilizador muy fuerte. Dejamos de tener conciencia de los problemas que nos concernían a todos, se supone que los que formábamos lo que se llamó la clase media, teníamos que preocuparnos cada uno de lo suyo y que las luchas colectivas eran algo del pasado. Eso creó mucha soledad y mucha insatisfacción. Es algo que imperaba hasta hace tres años, hasta que hubo una explosión social en la que la gente dijo “no, esto no funciona así, somos muchos los que nos estamos sintiendo solos y si nos juntamos podemos conseguir que haya una transformación social”.

(Primera interrupción: las voces de los habituales. Nacho propone cambiar de mesa y nos sentamos en la última, a pesar de que ‘creo que va a empezar a llover’.)

Me decías que todos nos creíamos clase media…

Es algo que nos intentaron meter en la cabeza, que todos éramos clase media. Por ponerte un ejemplo: yo tuve una novia que se fue a Madrid a trabajar en la industria discográfica como proyect manager, una cosa que suena muy bien. Trabajaba con artistas internacionales, iba a conciertos, a fiestas… Pero salía de casa a las ocho de la mañana y volvía a las diez de la noche, cobraba un sueldo de mierda y cuando hubo una crisis en la industria discográfica echaron a todos los de abajo. Tenía la idea de que era un trabajo moderno, un mundo lleno de posibilidades y, en realidad, era una trabajadora más, instalada en el precariado. Ahora se tiene más conciencia del precariado, pero a base de llevar hostias y darse cuenta de que hay que hacer algo todos juntos. Esa ilusión de clase media caló en la gente, que tardó mucho tiempo en despertar. Es otra de las victorias del neoliberalismo que hay que asumir, ahora la cuestión es derrotarlos nosotros a ellos.

Ese Ramón, policía nacional, ¿crees que todos los policías son así?

Desde luego, los antidisturbios, sobre todo los de la UIP, creo que sí son muy parecidos. Más allá de eso, lo turbio es que la policía no está al servicio de los intereses de los ciudadanos, que es lo que se supone, sino que van a un desahucio y sacan a los ciudadanos, o en cualquier movilización se ponen a dar hostias como panes, la verdad es que ya no puedes creer en la policía. Hay mucha gente que me lo dice, que habrá policías que son buenos, pero hay algo de base que no funciona y que convierte a las fuerzas de seguridad del estado en fuerzas represoras y pseudofascistas. Me gusta una pintada que hay en Gijón: “¿y a nosotros quien nos protege de la policía?”.

En la canción también aparece un tal Nachín. Sé que me vas a decir que no eres tú pero lo parece.

Aunque te lo diga no me vas a creer (risas)… En este disco uso menos la primera persona y el ‘yo’ confesional que utilicé mucho en otros, aquí aparezco como un personaje más.

O sea que eres tú.

Sí, pero cuando hablas a través de los personajes dejas de mirarte al ombligo. Es liberador aparecer en una canción como personaje y no como protagonista directo.

¿Te sientes culpable si no vas a votar, como Marian?

No, no me siento culpable. Muchas veces me planteé la abstención como posición política. Pero sí es verdad que puede hacerte sentir culpable. Lo que pasa es que nos vendieron la democracia parlamentaria como un súmmum tan perfecto que parecía que si no participabas del juego estabas siendo insolidario, pero ahora se está viendo que esta democracia parlamentaria es una pantomima. No sé si hay gente que se sigue sintiendo culpable por no ir a votar. Yo no. Lo que no sé es si votaré en las siguientes elecciones. Puede que sí.

¿La vida manca?

Manca un puquitín, pero eso es bueno. Las cosas que están vivas tienen que doler un poco.

(Segunda interrupción: empieza a sonar un taladro cercano.)

En el caso de la música, la parte que manca de la vida es la más inspiradora porque es la que te descoloca. La parte más armoniosa de la vida me resulta poco inspiradora. Yo persigo esa armonía pero cuando veo que se rompe por algún lado y no entiendo por qué, es cuando me apetece hacer una canción. Quiero pensar que lo natural es que la gente se quiera y que las cosas vayan bien pero, cuando ves que una pareja de amigos que se quieren mucho acaban odiándose, te preguntas por qué tuvo que suceder. Y de esas preguntas es de donde nacen las canciones. Por qué las cosas tienen que ser así si no deberían ser así.

En ‘La vida manca’ haces un recorrido por varios escenarios de Gijón.

Aparecen muchos escenarios de Gijón, pero no todos son de Gijón. Acabé de escribir la canción este verano en El Puerto de Santa María y, por ejemplo, ‘las siete esquinas’ es una zona de allí. Las canciones pertenecen siempre al sitio y al momento en el que las haces, y por eso se colaron diferentes escenarios.

Lo que está claro es que ese recorrido acaba en el mar.

Aquí todo empieza y acaba en el mar, es una especie de final liberador. Tenía claro que esta canción tenía que cerrar el disco. Viviendo en un sitio como Gijón, es donde te apetecería acabar y donde empieza todo, el mar es origen y también fin. Es una de esas canciones río, cuando las empiezo a escribir nunca sé por dónde van a ir, se van haciendo poco a poco y hay un momento en el que sabes que lo tienes, que ya está, que no puedes decir más. Son canciones que te gobiernan, que se van escribiendo y desarrollando como la vida misma, que va surgiendo y cada cosa que sucede te va llevando a otra. La inspiración surgió de una canción de Vainica Doble que se llama ‘El tigre de Guadarrama’. Es una canción preciosa sobre alguien que sabe que va a morir, pero no interpreta la muerte de una manera trágica sino de una manera liberadora.

Esas referencias tan asturianas que introduces en tus canciones no te impiden llegar a un público internacional. ¿Nunca te han preguntado qué quieres decir con Norteña o con Alimerka?

Es lo que hablábamos al principio: el viaje desde lo particular a lo universal, hay que partir de referentes concretos para hablar de cosas que puede entender cualquiera sin saber lo que es el Alimerka ni conocer Gijón. En el segundo disco de La Oreja de Van Gogh hay una canción que se llama ‘La playa’. En un principio se iba a llamar ‘La playa de la Concha’, pero a uno de los jefes le parecía muy localista y como querían entrar en el mercado latinoamericano, ‘la concha’ les sonaba fatal. Me parece una manera de pensar muy paleta, pensar sólo en global es parte de la globalización. Y, en realidad, la música popular nace siempre de un momento y de un lugar concreto y de ahí se expande a un montón de gente. Hablar del localismo en las canciones es una estupidez.

¿Te preguntaron alguna vez que era Norteña?

Sí, claro que te preguntan pero está guay. Es igual que cuando yo escucho canciones de otra gente y aparecen referentes puntuales: si te interesan, indagas de dónde vienen. Hay una avenida Schulz en cada sitio y un Alimerka en cada esquina.

En ‘La ciudad más triste’ vuelves a hablar de Gijón, ¿no te parece más triste Oviedo o Madrid?

Hay gente que la toma como una crítica particular a Foro y no tiene nada que ver. Habla de mi ciudad, la ciudad en la que llevo toda la vida viviendo. Me duele que a veces se muestre triste. En general, Asturias siempre fue un sitio un poco deprimido. Yo soy de la generación que se marchaba fuera porque aquí no había trabajo, algo que según Tini Areces era una leyenda urbana, y es algo tan obvio… De hecho, yo me quedé en Gijón porque tengo un trabajo que me lo permite pero vi a gente marcharse y eso hizo que la ciudad se volviera triste. Esa soledad de la que hablábamos antes influyó en la vida en las ciudades, con un montón de vidas aisladas, en una ciudad como Gijón o cualquier otra. Hay que luchar contra esa tristeza y conseguir que la ciudad pertenezca a los ciudadanos y no a unas élites de empresarios o de políticos. Esa es la lucha.

Por eso pides que nos devuelvan la ciudad… Pero prendiéndole fuego y matando vampiros. ¿Qué vampiros?

Los vampiros son los malos, los que han vampirizado toda la vida social, política y económica. El capitalismo salvaje es eso: una especie de política de unos pocos vampiros que le chupan la sangre a un montón de gente que solamente quiere vivir de una manera digna. Y lo hacen a costa de todos, es algo que exige una caza de vampiros, salir y quemar las ciudades.

Esta canción parece que tiene relación con la nueva ley que llaman ‘de seguridad ciudadana’.

Sí, ya no sólo exprimen a la gente sino que cuando se revuelve, los criminalizan y los convierten en los malos. Todo es ETA, dicen.

‘Luz de agosto en Gijón’ parece una contraposición optimista al momento que vivimos. Viniendo en el coche vi el arcoíris y me recordó a tu disco, es como cuando llueve y hace sol a la vez.

Es una buena lectura, es muy bonito. Pero no sé si veo ‘Luz de agosto en Gijón’ como una canción optimista.

Desde luego es menos negativa.

(Silencio, titubea.)

Siempre me acusaron de ser muy pesimista, pero tener esta cosa sombría en tu perspectiva vital es algo endémico de los asturianos, es algo a lo que estamos abocados por nuestra propia Historia. El otro día leí una frase de Voltaire que decía que “el optimismo es la manía de seguir pensando que todo está bien cuando las cosas van mal”. A veces pienso que es mejor ser un pesimista con ilusión que ser sólo un optimista. Gijón, aunque sea agosto y parezca que la ciudad está llena de vida y muy luminosa -porque los días tienen una luz diferente a la que tienen por ejemplo ahora en marzo-, sigue siendo Gijón. Es algo que me provoca infelicidad, pero que puedo llegar a añorar cuando me alejo.

(Nueva interrupción: – ¿Cupón para el lunes?  – No, gracias.)

‘Resituación’ es un disco muy militante, pero también tiene una parte familiar. Tardé en darme cuenta de que ‘La rapaza de San Antolín’ era Lorena Álvarez. ¿Es un homenaje?

Sí, somos amigos y es una canción de admiración hacia Lorena.

Es muy curioso lo que hace.

Sí, a mí me flipa. Me parece buenísima. Cuando la escuché la primera vez me pareció algo muy fresco y muy diferente al tipo de canción de autor que se estila en el indie. Ella bebe de la música tradicional y popular de una manera muy urgente, muy pura, algo que no se ve en otros grupos más preocupados por el sonido o por aspectos un poco epidérmicos de la música. Me pareció una cosa muy revolucionaria y tiene algo tan ‘sexy tradicional’ que había que rendirle homenaje.

(Risas.)

Y ‘Adolfo Suicide’, ¿quién es?

Adolfo es un amigo mío, una de las personas que más quiero en el mundo. Es pintor. En ‘La zona sucia’ y ‘Cómo hacer crac’ hay reproducciones de tres óleos suyos. Es fascinante, un poco loco pero a la vez una de las personas más lúcidas que conozco.

Estas dos canciones son la parte familiar del disco.

Sí, sí, son dos canciones de admiración. Lo más parecido a una canción de amor que hay en el disco es la de Adolfo.

Cierto: no hay canciones de amor en este disco.

No… ‘Adolfo suicide’ es un poco amor. Es una canción musicalmente diferente al resto pero, como es un disco muy de personajes, me parecía que Adolfo -alguien que entra y sale de mi vida pero que siempre está ahí- tenía que estar como un personaje más. También pienso en las películas de Mike Leigh , en las que aparecen personajes que perturban toda la trama pero para bien, para crear algo muy explosivo. Adolfo es ese tipo de personas.

¿Descartaste muchas canciones en este disco?

Tenía cerca de veinte y acabé grabando catorce. En el disco aparecen once, pero algunas las reservo para el próximo EP, un formato que me gusta mucho. Por ejemplo, una en asturiano que se llama ‘L’afoguín’. También es una canción de personajes, en tercera persona, que habla de un minero maricón de Turón.

Xel Pereda no participa en este disco, ¿abandona ‘la trama asturiana’ o está centrado en Lucas 15?

Fue algo natural, él se centró en el disco de Lucas 15, yo en el mío y no pudimos estar los dos a la vez en el proyecto. La verdad es que lo echaré de menos porque es uno de los mejores músicos con los que he tocado nunca, pero Joseba Irazoki también es un guitarrista buenísimo.

Dices que tus canciones no son autobiográficas pero yo no me lo creo…

Y haces bien en no creértelo.

(Risas.)

¿Es algún tipo de juego de ilusionismo?

Digo que no son autobiográficas porque me parece que el concepto de autobiografía es muy limitador: alguien que está narrando una vida tal cual, simplemente. Lo que yo hago es partir de mi vida y de referentes reales pero todo eso tiene que sufrir una transformación. Muchas veces tienes que recurrir a la ficción para contar cosas más verdaderas que lo que podrías contar si te ciñeras a la realidad pura y dura. Es algo que trasciende un poco el relato autobiográfico. Pero, claro, la materia prima de mis canciones es mi vida y todo lo que me rodea. En mis canciones no me trato de evadir, quiero contar cosas que me suceden o que me sucederán, como decía una escritora que me gusta mucho, Carson McCullers, “todo lo que he escrito me ha sucedido o me sucederá”.

(De repente, lluvia torrencial.)

¿Te autocensuras? Da la sensación de que dejas al aire tu intimidad.

Sí, supongo que sí me autocensuro pero no es algo negativo.

¿Y cómo estableces el límite de hasta dónde quieres llegar?

A veces me acusan de impúdico, o de airear mucho mis intimidades, porque me acerco mucho a ese límite que tiene que haber, pero me gusta llevar las cosas al extremo porque es donde consigo ser más expresivo. Mi hermano me decía que si no me autocensurase al escribir podría llegar al asesinato. Me interesa mucho ese límite entre las vidas privadas y lo que suponen esas vidas privadas proyectadas en lo social, en lo que sucede cuando tu vida privada afecta también a la gente que tienes alrededor y cuando todo lo que está sucediendo alrededor afecta a tu vida más íntima.

¿Cómo compones? ¿Método o desorden?

No, no tengo un método. Es muy básico: voy rasgando la guitarra -o el ukelele, últimamente-, y van surgiendo acordes y melodías, y las letras se van haciendo. Nunca escribo una letra y después le pongo música, soy incapaz. Como mucho, a veces tengo una frase o un par de frases y a partir de ellas se va construyendo la canción. Generalmente tengo algunos acordes, o una melodía en estado muy primitivo y cuando empiezo a escribir la letra lo que sí suelo hacer es dejar que la letra guíe la canción, que la letra sea la que mande, aunque a veces tengas que retorcer un poco la melodía o buscar otro esquema estrófico. Me gusta mucho lo que hacía Bob Dylan con sus canciones, su manera de interpretar tan primitiva, esa forma de frasear tan atropellada y tan particular. Tienes que conseguir que la letra, la palabra y la música resulten indivisibles.

¿Tienes algún tipo de manía cuando escribes?

Intimidad. No puedo tener a alguien en la habitación de al lado. Es un problema, porque no soy capaz de hacer canciones mano a mano ni componer con nadie.

¿Cómo resultaron entonces tus experiencias con Bunbury o con Christina Rosenvinge?

Pues era un problema… Hombre, con Bunbury no compuse nada, eran canciones que hacíamos cada uno y las poníamos en común. Con Christina sí que lo intentamos y salió, pero tampoco fue una cosa de sentarnos y de escribir la canción del tirón, sino que cada uno llevaba una parte y lo poníamos en común. Conseguimos escribir canciones que son de los dos pero, después de eso, intentamos hacer más cosas juntos y ella me echaba en cara que yo no sabía, que era muy celoso de lo mío. Es una cosa que me da mucha rabia, no sé compartir ideas cara a cara, tengo mucho pudor con las cosas que hago.

¿Músico y filólogo es buena o mala combinación?

No sé si es buena combinación pero los años que estudié filología me sirvieron mucho. La lingüística me parece una cosa muy fascinante: cómo opera la lengua desde dentro, los mecanismos que tiene el idioma para expresar ideas que no son puramente referenciales… En el habla normal, la gente es más poética de lo que puede parecer, estamos hablando continuamente con metáforas y con metonimias.

De hecho, tengo entendido que cuando te bloqueas coges un diccionario o un libro cualquiera, lo abres y lo hojeas (y ojeas).

Sí, cuando me preguntabas por el gato observando el horror, por ejemplo. No sabía cómo empezar la canción, el verso inicial no me convencía y, como estaba releyendo a Gloria Fuertes, abrí por cualquier página y apareció esa imagen del gato. Una misma palabra en diferentes contextos significa cosas tan diferentes que siempre son muy inspiradoras, las palabras son cosas muy vivas, no solamente son letras que se juntan y que forman sonidos y tienen un significado. Todas las palabras no sólo denotan sino que connotan un montón de cosas. Se habla de la poesía como algo que tiene que ver con la sensibilidad artística, pero es algo que está por todos lados.

¿Corriges mucho o te quedas con la primera idea? Por lo que me dices, corriges…

Sí, las libretas de mis canciones están llenas de tachones y de correcciones. Es lo que más hago, corregir.

Y, cuando te bloqueas, ¿pides consejo a alguien?

No, porque soy muy celoso de lo mío y me influye mucho lo que me digan. Christina me echaba en cara que no le enseñara mis canciones. Cuando tienes una relación de pareja y te dedicas a lo mismo, lo normal es compartirlo. Y yo no lo hacía, me podía el pudor y tenía mucho miedo de que me influyera con cualquier comentario.

Imagen de Nacho

Imagen: Pablo Gómez.

Leí por ahí que cantas así de despacio en contraposición a esa manera tuya de hablar, más rápida y atropellada. ¿Es cierto?

Sí, supongo, porque yo siempre vocalicé muy mal, seguramente te darás cuenta cuando intentes transcribir esto… Creo que hablo un poco atropelladamente.

¿Y por eso cantas con una cadencia más lenta?

Sí, pero me di cuenta de ello hace poco. En realidad, todo lo que escribo y canto son cosas que no sé expresar de otra manera. Creo que canto de esta manera porque hablando no sé hacerlo así. Hay gente que reconoces su voz al cantar y a mí me dicen que canto muy diferente a cómo hablo. Yo sí reconozco mi voz, pero reconozco una voz que no es la que utilizo en la comunicación oral. Supongo que uno canta como le gustaría hablar. Y mira que canto mal…

Te reconoces tímido, ¿te escondes tras un personaje? Por ejemplo, con tu manera de vestir, siempre de negro, menos hoy, ya me fastidiaste la pregunta…

Hoy no visto de negro porque vengo de hacer una mudanza de un amigo. Y uso más el negro porque soy de piel clara y me favorece un poco más.

(Sonrisa burlona.)

Pero no: no hay un personaje detrás, que va. Yo era muy tímido de jovencito. La timidez es una cosa que puede parecer muy bonita pero en realidad es una cosa que se sufre. A mí me hacía pasarlo muy mal y la verdad es que hacer música me ayudó a vencer mi timidez. Si no fuera por la música creo que sería un inepto social. Pero supongo que en esa timidez está también el origen de mi vocación de hacer canciones, así que es una cosa que supe aprovechar.

¿Consideras tristes tus canciones? ¿Por qué crees que algunos te llaman ‘el triste’? ¿Lo eres?

No, más que de sentimientos tristes, mis canciones se nutren de sentimientos encontrados y a veces extremos. Es lo que te decía antes: para mí la armonía es menos inspiradora que los sentimientos dolorosos que te hacen cuestionarte la vida. Creo que las canciones son un grito. A veces de celebración de la propia vida, como en este disco, donde creo que tengo canciones bastante luminosas. No es que este sea más optimista pero en los anteriores imperaba el pesimismo. En ‘El manifiesto desastre’ hay una canción que se llama ‘Un desastre manifiesto’, cuyo esquema parte de cierto tipo de canciones tradicionales, de romances, de celebración. Yo quería que tuviera un toque épico, que fuera una canción para cantar en un bar con un montón de gente, pero me quedó una cosa muy oscura. En cambio, ahora, cuando intenté hacer canciones de ese tipo me quedaron mucho más luminosas. Era otro momento totalmente diferente, todo en mi vida era muy diferente y es ahora cuando hay algo más de luz.

La luz de marzo en Gijón se apaga. Nacho se diluye y aparece Nachín, que desnuda su inseguridad hacia las críticas y se convierte, de pronto, en entrevistador. Me pregunta si veo muchas diferencias entre ‘El manifiesto desastre’ y ‘Resituación’. Sigue diluviando y la vida sigue sin tener prisa por terminar…

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Los trabajadores de Felguera Melt marchan hacia las oficinas de Duro

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Los trabajadores de Felguera Melt, a pocos metros de las oficinas. Imagen de Pablo Gómez

Los trabajadores de Felguera Melt, a pocos metros de las oficinas. Imagen de Pablo Gómez

En la mañana de ayer, un grupo de trabajadores de Felguera Melt llevaron a cabo una marcha desde la puerta de la fabrica de la Felguera hasta las oficinas del grupo en Gijon en señal de protesta por la situación y peligro de cierre que atraviesa la filial.

Una nube rojiza proveniente de un vertido en Arcelor causa alarma en Gijón

A las 17:15 horas, durante la operación de tapado de la piquera norte del Horno Alto A, se produjo un incidente en un circuito hidráulico, provocando un vertido de arrabio (material fundido procedente de la reducción del hierro que se utiliza para la obtención de acero) que causó la emisión de partículas a la atmósfera, en forma de una gran nube de color rojizo.

Según informa la Consejería de Fomento, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, el aviso fue recibido en la Consejería de Fomento a través del 112 y se desplazó al lugar del accidente un inspector medioambiental para la comprobación de la situación.

Según Medio Ambiente, “en los datos resultantes de la medición de las partículas en suspensión controladas desde estas estaciones (PM10), que miden la concentración de partículas no en el foco de emisión sino en el aire ambiente, no se han apreciado incrementos significativos respecto de los niveles registrados en las horas anteriores al incidente; probablemente debido a la dispersión provocada por la acción del viento”.

Desde la Consejería comunican que “se proseguirá con las labores de investigación sobre las consecuencias ambientales y se procederá a la adopción de las acciones y medidas que procedan”.

Adrienne Stern: “En Nueva York te juzgan continuamente, pero Gijón te recibe con los brazos abiertos”

Adrienne Stern, el pasado fin de semana, en Gijón. Imagen de Bernaldo Barrena

Adrienne Stern, el pasado fin de semana, en Gijón. Imagen de Bernaldo Barrena

Adrienne Stern, directora de casting estadounidense, realizó la pasada semana un viaje relámpago a Gijón con objeto de impartir una ‘master class’ a los alumnos del taller de teatro que organiza la profesora de interpretación y directora de cine Konchi Rodríguez.

Descubridora de grandes talentos cinematográficos entre los que figura Ryan Gosling, Stern acercó la industria americana del cine a los alumnos y alumnas del taller, en una experiencia que todos han calificado como inolvidable. PERIODISMO ASTURIANO charló con la directora sobre el mundo del casting y el cine.

¿Cómo descubrió que se quería dedicar a este oficio? ¿Qué pasos la condujeron hasta donde está?

Siempre he estado interesada en la industria del entretenimiento, no sabía cuántos trabajos diferentes incluía. Nunca quise actuar, pero decidí hacer unas prácticas en una oficina de casting y mientras estuve allí me enamoré de los casting, de los actores y fui muy afortunada porque me ofrecieron un trabajo a tiempo completo. También pude conocer a muchos directores que me ofrecieron trabajar con ellos, así que pronto tomé la decisión de formar mi carrera independiente. En dos años, estaba lista para que mi nombre fuera el de una directora de casting.

De la larga lista de películas en las que ha participado, ¿siente alguna más especial que el resto?

La gente siempre pregunta por The Believer, porque con ella empezó Ryan Gosling y su carrera. Su gran actuación la convirtió en una experiencia memorable para todos, incluida yo, por poder trabajar con él, esa película no me traído más que alegrías y éxito.

De entre la también larga lista de talentos que ha descubierto, como el citado Ryan Gosling o Nikki Blonsky ¿hay alguno del que se sienta particularmente orgullosa?

Probablemente volvería a Ryan Gosling, también Mira Sorvino, Matthew McConaughey, Aston Kutcher, mencionaste a Nikki Blonsky… La lista continúa y continúa.

Cuando está trabajando durante una audición, ¿hay algún momento clave en el que se de usted cuenta de que esa persona que acaba de entrar por la puerta es la adecuada para el papel?

Sí. Cuando estás en una audición viendo a mucha gente para el mismo papel, de repente alguien entra por la puerta y tiene un cierto ‘look’, lee el texto de una cierta forma, han hecho las elecciones adecuadas sobre el guión y sientes algo mágico, que el papel cobra vida; y te das cuenta que esa es la persona adecuada. Así todo el mundo se emociona mucho, le pides que vuelva a leer, tal vez conciertas una cita y estás realmente contenta y esperanzada de haberle encontrado. Es parecido a cuando tienes citas y te enamoras.

¿Qué necesita ver en un actor o actriz para decir “es el elegido/a”?

Tienen que estar preparados, tener talento, ofrecer algo especial que estamos buscando. Puede ser un ‘look’, la habilidad de entender un papel que, por su complejidad, sólo ellos pueden entender… A veces son las elecciones que hacen sobre el guión y que nadie más ha hecho. En realidad, todo lo que nos enfoque en su dirección.

¿Por qué prefiere trabajar en la industria del cine independiente?

Adoro la industria del cine independiente, las películas independientes te dan la oportunidad de trabajar como un equipo con el director y el productor. Los guiones son muy creativos, todo el mundo trabaja junto y hay una visión conjunta buscando dar lo mejor y sacar el máximo del talento con el que trabajamos. Es realmente divertido.

Stern, con Konchi Rodríguez y los alumnos del Taller de Teatro, en Gijón. Imagen de Bernaldo Barrena

Stern, con Konchi Rodríguez y los alumnos del Taller de Teatro, en Gijón. Imagen de Bernaldo Barrena

Ha impartido usted una clase de interpretación a los alumnos y alumnas del taller de Konchi Rodríguez ¿Cómo valora este curso, esta ciudad y la experiencia, en general?

Esta experiencia me ha cambiado la vida; haber sido invitada a Gijón, una ciudad que, honestamente, no sabía que existía. La primera vez que Konchi contactó conmigo y eché un vistazo a la ciudad, pensé “parecen los Hamptons de Nueva York”. Es una ciudad sofisticada, la gente parece interesante, la comida suena fenomenal… Además sé que he hecho nuevos amigos para toda la vida, que he podido cambiar las vidas de algunos compartiendo mi vida en Nueva York y mi experiencia en la industria del cine. Ahora mismo estoy aquí sentada con la preciosa Paula Fernández que ya está en camino para su mágica carrera. Realmente desearía poder llevarme a todo el mundo conmigo y darles una oportunidad. Lo importante es que ahora sé que estáis ahí.

Es como cuando coges un mapa del mundo y marcas con un boli todos los sitios en los que has estado. voy a hacer muchas, muchas marcas aquí, recordaré esto siempre. Espero convertirme en una visitante de honor para vosotros aquí en Gijón. Es muy diferente de Nueva York, allí todo el mundo te mira de arriba abajo y deciden si les gustas o no, te juzgan continuamente. Pero esta ciudad te recibe con los brazos abiertos, todo el mundo te recibe con una sonrisa, incluso aunque no habléis el mismo idioma. Notas que la gente está contenta de que estés aquí, contentos de aprender de ti. Ha sido maravilloso.

Para todos aquellos actores y actrices que no han podido participar en este curso, ¿cuál es la primera recomendación para ellos para poder introducirse en la industria americana?

Como ya he contado a los maravillosos alumnos que he tenido en este curso, ser actor es algo universal. Seas de donde seas, ya hay un montón de gente alrededor del mundo con la que tienes algo en común. Como también he dicho en el curso, el primer paso para un actor es tener una página web, estar en IMDb pro, en Facebook… Ir a festivales de cine, empezar a mandar emails, hacer amigos y trabajar con Internet es lo más importante. Realmente es la forma de conocer mundo y conseguir oportunidades. Aún no sé cuánto podré sacar yo de esto, de momento haber conocido a un grupo maravilloso de gente que, de no haber recibido el email de Konchi, seguro que no habría conocido.

Ahora quiero volver a casa y compartir esta increíble experiencia con mi gente y mi familia. Puedo sentir, puedo notar que este lugar será un lugar importante para la industria del cine. Así que sólo puedo estar agradecida por haber sido yo la persona que os ha presentado la industria del cine, que os ha abierto los ojos y ayudado en vuestro camino y vuestra carrera. Como siempre digo, sólo estamos a un email de distancia.

César Mallorquí: “Si yo me llamase Arne Saknussemm, viajaría al centro de la Tierra en zapatillas”

César Mallorquí. Imagen de Javier Rodríguez Alonso

César Mallorquí. Imagen de Javier Rodríguez Alonso

El hijo del que fuera creador del mítico personaje El Coyote se rindió a la tradición familiar. Gracias a esto, César Mallorqií es, a día de hoy, uno de los principales referentes de la novela juvenil española. El que se ha ganó el título de “Abominable hombre de las letras” pasó por la Semana Negra con su novela, La isla de Bowen, como finalista al Premio CelsiusCon el sentido del humor que le caracteriza, defiende “la aventura por la aventura”.

No puedo evitar preguntarle por su padre, ya que el mío propio, devoto fan de El Coyote, me mataría si no lo hiciera. ¿En qué manera influenció en su concepción de la literatura y su forma de escribir?

¿El Coyote o mi padre?

Ambos.

Pues El Coyote fundamentalmente prestándome su nombre, ya que su verdadera personalidad era César de Chavo y por él me llamo César, así que cuidado conmigo. Y sí claro, por supuesto, nací entre libros. Me crié entre libros y, sobre todo, con el constante sonido de máquina de escribir funcionando, que echo de menos ahora que ya no está. Pero sobre todo el que tu padre o alguien cercano a tu familia ejerza un trabajo tan poco normal como es el de escritor, hizo que yo lo viera como normal.

Antes de dedicarse plenamente a la literatura pasó por varios trabajos. ¿Los consideraba medios para llegar a su auténtica vocación o simplemente surgieron por el camino?

Tiene que ver con lo que contaba antes de mi familia; mi padre era escritor, un hermano justo anterior a mí también iba a ser escritor… ¿Y yo también? Resultaba absurdo, qué coñazo de familia. No me lo planteé, pero escribía porque escribir me encantaba. Siempre pensé en dedicarme al periodismo, de hecho empecé muy joven, con diecisiete años, en La Codorniz, y consideraba que el cupo de escritores en mi familia ya estaba completo. Cuando pensé en ser escritor me di cuenta de que se necesita un gran diálogo autocrítico; exigirte más de lo que puedes dar. Y tienes que hacerlo durante un tiempo. Yo no podía hacerlo, y era incapaz de escribir una novela; escribía relatos, cuentos,…pero escribir una novela me era imposible, es algo sumamente difícil.  Así que lo dejé y me dediqué al periodismo, que me decepcionó. Era la época de la dictadura, la represión… Luego me dediqué a la publicidad, que también me decepcionó. La alternativa era salir a la calle a pedir dinero o escribir, así que me rendí a la tradición familiar, me senté conmigo mismo a ver por qué narices no podía escribir una novela. Fue todo el destino.

El hecho de que sus novelas sean fundamentalmente juveniles, ¿podría deberse a que en la batalla interior que todos tenemos entre el niño y el adulto en usted gane más el niño? ¿O tal vez se deba a que es un público más permeable?

Son muchos motivos. Para ser escritor profesional, además de escribir hay que escoger ruta y camino. La literatura juvenil tiene varias ventajas; en primer lugar, los libros permanecen mucho más tiempo en las librerías; mi primera novela, escrita en 1995, sigue en las librerías y eso hace que los libros te vayan produciendo dinero más tiempo. Son libros más cortos y eso favorece porque puedes escribir más.

Otro aspecto es que te da una libertad tremenda, solamente hay algo que no puedo tocar: el sexo. E una de mis novelas terminan muriendo todos; sin embargo, en otra, cuento como el personaje ve por la ventana a su prima duchándose y me dijeron que llegó una madre quejándose de que eso era pornografía.

La literatura juvenil me da la libertad de escribir lo que quiera, cualquier género. En ciencia ficción es muy difícil publicar, pero en literatura juvenil no. Cabe la ciencia ficción, terror, fantasía…. De hecho, la moda actual de la fantasía la ha potenciado la literatura juvenil, con las sagas de El Señor de los Anillos y Harry Potter.

Respecto a lo del niño que hay en mí, considero que el día que ese niño no esté yo habré muerto como escritor. Porque nuestro trabajo consiste en contar mentiras. De hecho voy más allá: el día que muera ese niño, yo habré muerto como persona. Porque una de las cosas que más me gusta en el mundo es que me asombren. Me encanta asombrarme. ¿Por qué leemos ciencia ficción? ¿Por qué leemos fantasía? ¿Por qué leemos en general? Porque nos encanta asombrarnos.

Muchos libros suyos están ambientados en el pasado y presentan referencias históricas que, teniendo en cuenta el público de sus novelas, pueden resultar desconocidas. ¿Tiene algún afán didáctico esa labor?

Yo siempre digo que el día que alguien aprenda algo con mis libros vengan y me lo digan, porque es que algo he hecho mal. Me lo preguntan mucho, si pretendo trasmitir conocimientos o valores. En absoluto. Yo soy narrador y quiero contar historia. No me importa a quién, adulto o joven. Lo que ocurre es que muchas veces la historia que quieres contar queda mejor en el pasado en vez de ahora. Hay historias que quedan mejor en el siglo XIX, otras en el XVIII…  Por ejemplo, mi última novela cuenta la historia del descubrimiento de una isla en el Ártico. Eso hoy día es imposible, se conoce absolutamente todo de la superficie terrestre. Ahora, si esa historia la traslado a 1920, entonces vale.

Respecto a su última novela, La isla de Bowen,  y conectándolo con la cita de Sherlock Holmes “Cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”;  ¿sería esa la máxima que actuó como fuerza motriz durante la escritura de la novela?

No, no creo que sea esa. Es la aventura por la ventura. El viajar, lo desconocido, el misterio. Eso es lo que nos hace humanos y esta es la novela que he escrito en toda mi vida que más he disfrutado. El leitmotiv de esta novela  es una frase de Julio Verne, que para mí contiene la esencia de la aventura; al comienzo de Viaje al centro de la Tierra (recita de memoria):

Desciende al cráter del Yocul de Sneffels que la sombra del Scartaris acaricia antes de las calendas de Julio, audaz viajero, y llegarás al centro de la Tierra, como he llegado yo. — Arne Saknussemm.

¿Cómo me la sé de memoria? Cuando me puse a escribir esta novela, la escribí en un cartelito y lo colgué delante de mí; me dije “quiero reproducir esto”. Por un lado los nombres, ¡cómo mola: “Yocul de Sneffels”! Luego sigues y dice “Scartaris”, que mola todavía más… Es como un mapa del tesoro esta frase. Luego llegas a esa promesa y va el tío y firma “Arne Saknussemm”, si yo me llamo así, viajo al centro de la Tierra en zapatillas. Como una tía que se llama Bárbara, tiene que estar buena.

Respecto a su novela La mansión Dax; para mantener esa tensión hasta el final, ¿ya tiene la historia programada en la cabeza?

Totalmente, sino sería imposible. Toda la novela es un tremendo engaño, parece una cosa y luego es otra. Es importante darle al lector la suficiente información para que siga leyendo pero no tanta como para que se aburra y no sepa lo que va a pasar. Es tan importante lo que se dice como lo que no. En esa novela hay uno de los recursos de los que más orgulloso me siento: cuando el protagonista empieza a hablar el Señor Dax, vas viendo que es un tío encantador, que se porta maravillosamente con él. Y de repente dice: “no entiendo de donde saqué la fuerza necesaria para matarle”. Yo sé que el lector que llegue a ese punto, ya no puede dejar de leer.

¿Qué suele leer César Mallorquí?

Ensayo. Lo cierto es que me he convertido en un pésimo lector. Si hay algo que no me gusta, lo critico. Y si algo me gusta, quiero tomar nota. Así que leo ensayo, que también es capaz de asombrarme.

Aviso: la siguiente pregunta y respuesta pueden contener detalles de la trama de La Mansión Dax.

Por último, y también respecto a La mansión Dax, necesito como lectora ferviente que me diga que Raquel perdonó a Alejo.

No. No puede perdonarle, en la vida. Alejo será un desgraciado toda la vida. Tengo que confesar que cuando la acabé de escribir copié el final de El tercer hombre: un tío que acaba matando a un hijo de puta, pero la mujer a la que él ama está enamorada de ese hijo de puta. Y cuando va a buscarla, ella pasa de largo. Y eso me encanta, no podría haber habido otro final; y si algún día le perdona, seguro que se muere. Lo cierto es que te metes mucho y por eso en mi siguiente novela, Las lágrimas de Shiva, fue todo optimismo. Pero a mí me encanta escribir un final triste.

Javier Negrete: “A veces hay que hacer que tu personaje no consiga lo que quiere”

Javier Negrete. Imagen de Javier Rodríguez Alonso

Javier Negrete. Imagen de Javier Rodríguez Alonso.

Cuando tenía 16 años, Javier Negrete dibujó una primera versión de lo que sería Tramórea, el vasto universo donde tiene lugar una de las sagas de fantasía épica española más conocidas. Autor y profesor de bachillerato en el IES Gabriel y Galán de Plasencia, Negrete pasó por la Semana Negra de Gijón para presentar Roma Invicta, su nuevo ensayo histórico.

¿Cuántas veces ha visitado la Semana Negra?

Es la séptima.

Es usted uno de los ‘históricos’.

No tanto como un histórico pero…

Como Joe Haldeman, que también ha estado en unas cuantas.

Bueno, él es más histórico que yo (risas).

¿Ha notado cambios importantes este año?

No demasiados. Quizá he visto menos gente. No en cuanto a público, sino menos escritores. Quizá haya venido a lo mejor el mismo número, pero menos días. Con lo cual, personas con las que coincidía otras veces, esta vez no las he encontrado.

En Roma Invicta continúa la senda que inició con Roma Victoriosa. ¿A qué tipo de público va destinado este ensayo histórico?

A lectores, en general. Cuando escribo estoy pensando en el libro que me gustaría leer. Los escritores solemos hacer eso, porque la única persona que tenemos delante para consultar somos nosotros mismos. Cuando escribo un libro de historia lo básico para mí es entenderlo. Releo una y otra vez los trozos hasta que me parece que quedan muy claros.

Así que es el profesor el que escribe.

Un poco, sí. Por un lado decimos que escribimos para nosotros, pero somos comunicadores. No queremos hacer cosas abstrusas, que nadie comprenda. Utilizo la misma técnica que cuando doy clase.

¿En qué consiste?

Procuro que cada fragmento de información que doy sea una frase. Cuando escribo, intento algo similar. Hay una cosa que veo en ciertos tratados de historia que no me gusta nada: a lo mejor dan una información interesante, pero tienden a utilizar el verbo ser, sustantivos abstractos, atributos… Una forma de escribir muy poco dinámica. Un libro de historia puede ser como una novela; con nombres concretos y con verbos que indiquen acción. La estructura de toda la vida de Sujeto, verbo, complemento directo: alguien hace algo.

¿Por qué en la cultura popular los romanos tienen peor prensa que, por ejemplo, los griegos?

Qué pasó con los romanos… (Reflexiona durante un breve instante) ¿Eran peores que los griegos, los persas o los fenicios? No; eran más eficaces. Si tenías una ciudad rica, tenías que protegerla. Los romanos demostraron que, sobre todo, eran metódicos. Grecia era una entidad muy dispersa; Roma conquistaba y asumía. A veces se les da el papel de ‘malos’, pero son malos a los que admiramos.

¿Se siente mucha responsabilidad a la hora de escribir sobre personajes históricos? ¿No hay peligro de que la obra se ‘contamine’ a causa de lo anteriormente escrito o filmado?

Debo ser muy osado, pero no me produce mayor miedo. En cuanto a la contaminación… Lo bueno que tiene cuando son temas históricos que se han tratado mucho es que no tienes una sola versión del personaje. Imagínate que solo hubiera una versión de Espartaco, la de Kirk Douglas, y no me la pudiera sacar de la cabeza. En el caso de personajes como Julio César tienes un montón de visiones literarias, de ensayo, de películas… Todo eso se cocina dentro de tu cabeza y sale otra cosa distinta. Es una ventaja.

Así que Elizabeth Taylor tampoco invadió a su Cleopatra en La hija del Nilo

No (sonríe). Como novelista, pienso que los personajes se definen por lo que hacen, más que por lo que dicen. No tengo nada de miedo a la hora de escribir, esto no es como rodar una superproducción, Tenemos presupuesto infinito; puedes hacer imperios galácticos, ¡que es gratis!

Ha escrito usted novela fantástica, de terror, de ciencia ficción y, si no he leído mal, también erótica…

Una novela ‘guarrilla’, sí (risas).

¿Hay géneros que le resulten más complicados que otros?

No pienso por géneros. Eso de los géneros lo tengo que hablar cuando trato con los editores. Pienso en una historia, unos personajes, un relato. Y ese relato tiene un contexto; puede ser el pasado, nuestros días…

O puede ser Tramórea. Una saga que se inicia con La Espada de Fuego, que antes se llamaba La Jauca de la Buena Suerte ¿Qué cosas cambiaron, además del título?

Pues que la escribí otra vez. No la logré publicar, cosa que me frustró. Luego me he alegrado de no haberla publicado. Me pasé 9 meses reescribiéndola.

¿Es duro tener que reescribir?

No me desagrada trabajar cuando ya tengo un material base. Para mí lo más duro es no tener nada. Pero hay una cosa que debo decir: últimamente he publicado en ebook alguna cosilla que ha quedado libre y al releerla le he pasado un poco de ‘lija’…

¿Se refiere usted a La mirada de las furias?

Ahí el cambio fue menos radical. Digamos que me llevó, a lo mejor, diez días. Pero cuando veo cosas que he escrito en el pasado… A veces se me caen un poco los palos del sombrajo. Pero pienso que eso es normal. Creo que será peor el día que mire atrás y no pueda mejorarlo.

En El Espíritu del Mago, continuación de La Espada de Fuego, se nota un aumento de calidad. Cosas que se mencionaban de pasada en la primera obra se explican y detallan muy bien en la segunda.

Lo que en realidad hace que a la gente le guste más es la forma. Aprendí mucho meditando sobre mis propios textos. En La espada de fuego había sido mucho más intuitivo y me fijaba en un nivel más pequeño. En el de la página, digamos. En El espíritu del mago fue más complicado, porque metí muchas tramas. Para que esos juegos malabares no se me fueran de las manos tenía que andar con cuidado. Y ahí busqué ayuda.

¿De qué tipo?

Hice una especie de taller literario por mi cuenta. Un montón de libros con consejos sobre descripciones, diálogos, escenas… me ayudaron mucho.

¿Era consciente de que iba a crear todo un mundo cuando empezó a esbozar La Espada de Fuego?

Bueno, había dibujado ya el mapa. La verdad es que lo hice cuando tenía 16 años; cogí una hoja de papel cuadriculado y empecé a dibujar.

¿Ha cambiado desde entonces?

Sí, ha cambiado un poco, pero básicamente tiene la misma forma. ¿quién no sabe hacer un mapa? Una vez terminado, lo llené de nombres al azar, porque tenía 16 años, y luego ya se me fueron ocurriendo cosas.

Nota: la siguiente respuesta pueden desvelar detalles relativos a la saga de Tramórea.

En ciclo de Tramórea hay elementos de fantasía y ciencia ficción. ¿Dónde está la frontera?

En esa saga, la fantasía y la ciencia ficción dependen del punto de vista. Cuando el punto de vista es de un personaje, llamémoslo, primitivo, lo que ven es fantasía. Por ejemplo: Derguín atraviesa lo que podrían ser las ruinas de una gran ciudad, pero no comprende lo que ve. En la segunda novela sube por una especie de ascensor espacial. Cuando en el tercer libro entra en escena un personaje que ya sabe todo, el lenguaje cambia y se empieza a hablar de genética, de nanomecanismos, porque ya sabe lo que hay.

¿Qué pasa tras publicar cuatro libros ambientados en el mismo mundo? ¿Tiene uno ganas de cambiar o siente tristeza por cerrar la persiana?

Me dio mucha pena. Pena de verdad. Hice una despedida un poco lacrimógena al final: cuando daba los agradecimientos me despedía de mis personajes. Has estado con ellos durante años y miles de páginas.

¿Ha tenido alguna bronca con los ‘fans’?

A veces he tenido que leer algunas tonterías… Pero bueno. Los problemas con los fans muy exagerados suelen ser de gente que quiere siempre lo mismo.

Explíquese.

A mí me gusta Stephen King, que a veces hace unos ‘zurullos’ auténticos; y otras, novelas muy buenas, pero muy distintas. Y eso es lo que quiero. No quiero que escriba una y otra vez El misterio de Salem’s Lot. Pero hay fans, sobre todo en las series de fantasía, que quieren cambios pequeños y que siga siendo lo mismo. Un libro tras otro, quieren el mismo producto.

¿Cuándo comenzó a escribir?

Con diez años escribí mi primera novela. Empecé dibujando cómics, pero era muy lento. Cambié el modo de coger el bolígrafo para hacer letra de imprenta. Escribí una novela de romanos que, calculo, pasada a ordenador debería tener unas 300 páginas.

¿Qué fue de ella?

Está por ahí escondida; haré que la quemen conmigo (risas). Era muy sanguinaria.

¿Cómo se convierte un niño de diez años en escritor?

Siempre me gustó contar historias; quizá tiene que ver con que duermo mal. Sé que a muchos escritores les pasa, duermen a saltos. Yo me dedicaba a completar las películas, lo que veía por la noche. Y luego recordaba los sueños. Digamos que me consideraba narrador. Hay gente que llega a la literatura porque lo que le gusta es manejar el lenguaje. Para mí, el lenguaje es una herramienta.

Esta se la tenía reservada a George R. R. Martin, pero no me puedo resistir. ¿A qué edad mató a su primer personaje?

Cuando escribí aquella novela de romanos, los maté a todos excepto a uno, porque tenía que enterrar a los demás. De niño creía que eso era un marchamo de calidad (risas).

Decía J. K. Rowling que a veces hay que ser un asesino implacable.

Pero no es sólo el asesinato. A veces, hay que hacer que tu personaje no consiga lo que quiere.

Si le preguntase a sus alumnos qué tipo de profesor es Javier Negrete, ¿qué me dirían?

Hombre, si pregunto habrá un poco de todo. El profesor que le quiere caer bien a todo el mundo, pues…

No será usted un ‘hueso’…

No, para nada. Tengo una asignatura difícil, un tanto exótica: Griego. Creo que, en mi caso, el hecho de cumplir el programa me da un poco igual. Yo lo que quiero es que se culturicen. Con una lengua, con una cultura distinta, con su mitología… Que sientan curiosidad por el pasado. Cuando les pongo el primer texto, que es original, les digo “no se si os habéis dado cuenta de que me acabáis de traducir una cosa que se escribió hace 2.500 años”. Es lo que quiero conseguir. En general me llevo bien con ellos. Cuando era más joven fui de viaje de fin de curso unas pocas veces, aunque ya no estoy tan loco (risas).

¿Cree usted que hay un cerco a la Educación Clásica?

La Educación Clásica se ha ido reduciendo desde los primeros planes. Parece mentira lo que estoy diciendo, pero tiene lógica: los campos de conocimiento son muchísimos. Utilizando una fórmula latina: ars longa, vita brevis. Tenemos unas 30 horas a la semana en las que podemos dar clase. Se empeñan en que demos muchas más, porque a veces lo que quieren que los alumnos estén estabulados en clase y también necesitan un tiempo para asimilar sus conocimientos. Para mí lo importante es que sus mentes estén funcionando.

¿Hay menos horas de griego?

Mi situación como profesor de griego es la misma que cuando empecé; llevo 25 años. El latín sí que ha empeorado, porque se daba en Segundo de BUP, era obligatorio para todo el mundo y eso significaba muchas horas para los profesores. Antes éramos tres profesores de Latín y uno de Griego. Ahora está una profesora de latín y estoy yo, de Griego.

Pero la Cultura Clásica desapareció del mapa.

Bueno, no. Está ahí. Sí creo que todo el mundo debería dar una hora o dos en el curso y conocer algo de Cultura Clásica y de lengua latina. Yo creo que podría haber, por ejemplo, una optativa de griego, de dos horas, para los de Ciencias. A los que estudian Biología o Medicina les vendría genial. Les vendría mejor que a mí, sobre todo cuando ves los nombres que se tienen que aprender. Pero lo importante es que se aprendan cosas, que no se pierda el tiempo y que el conocimiento tenga un poco de coherencia.

¿A qué se refiere?

A mí me encanta la historia y observo que en el sistema educativo actual, con la ESO y el Bachillerato se estudia un trozo de historia aquí, otro allá y el resultado final son parches. Como no estudiéis un poco más por vuestra cuenta, al final lo que habrá son una serie de textos deslavazados.

¿Qué suele leer Javier Negrete?

Por desgracia, depende de lo que esté escribiendo,. Y digo por desgracia porque depende del tiempo. Si estoy escribiendo sobre romanos, pues libros sobre romanos, estudios sobre el tema, monografías… Entre medias, depende. Ahora me ha entrado fascinación por la psiquiatría

Así que un escritor de ficción se alimenta de ensayos.

Es que eso se nota también; hay mucha fantasía recocinada. Hay gente que se pone a escribir libros de fantasía porque su influencia es la Dragonlace, ni siquiera Tolkien. Pero Tolkien creó aquello porque era un experto en literatura medieval.

¿Qué tal se lleva con los nuevos formatos?

Muy bien. Tengo el Kindle Paperwhite, que me resulta muy cómodo. De hecho, a veces releo mis propios libros en PDF. A fuerza de escribir muchísimo desarrollé unos dolores y unas tendinitis brutales. Así que lo agarro con con facilidad como lector.

¿Y como escritor?

Como escritor lo veo, en parte como un problema al que no se qué tal nos estamos adaptando todos los elementos que formamos parte del mundo de la literatura. Creo que los primeros que están cayendo, o han caído ya, son los libreros.

¿Qué opina de las descargas?

Que han reducido las ventas de libros en más de la mitad. Lo de este año ha sido terrorífico. También depende del tipo de libro, por supuesto. A mí, por ejemplo, que tengo lectores jóvenes, me piratean de una manera salvaje. Entre la crisis y esto, muchas editoriales empiezan a tener reducciones de plantilla y muchos escritores están… (hace un gesto) Cuando veo las liquidaciones, a ratos me planteo seguir o no.

Pero también está problemas con la disponibilidad. hasta la llegada de Libranda, obras como La espada de fuego o El espíritu del mago no estaban disponibles para su venta en formato electrónico. Tal vez una descarga conduzca a más de una compra. ¿Qué opina de esas ‘zonas grises’?

No te digo que no. Ahora que existen estos formatos la gente y las editoriales tienen que poner de su parte para que estén disponibles las cosas y a unos precios razonables. El libro en papel no es caro. El formato digital sí que tiene que ser más barato, lógicamente.

¿Utiliza las redes sociales?

No suelo utilizar las redes sociales. De hecho, una de las razones por las que soy escritor es que no soy excesivamente sociable (risas). Tengo amigos y todo eso, pero a mí lo que me gusta es encerrarme a leer o escribir.

Águila o sol: Cocina ‘de antojitos’ con auténtico sabor a México

Restaurante Águila o sol / Foto: E. Urquiola

Restaurante Águila o sol / Foto: E. Urquiola

Águila o Sol abrió sus puertas hace poco más de un año y ya se ha posicionado como uno de los locales de comida internacional más frecuentados en el centro de Gijón.

Por Estíbaliz Urquiola // En los últimos cinco años ha aparecido en Gijón una decena de restaurantes mexicanos que también ofrecen cocina tex-mex. Todos ellos presentan un menú similar: guacamole, nachos, tacos, sopes o burritos. El apartado de bebidas se compone de cervezas mexicanas, diversas marcas de tequila y a veces agua de frutas de temporada. Por supuesto como cóctel principal preparan las famosas margaritas —aclamadas más en el extranjero que en su propio país—. Y en cuanto a los postres, pocos son los lugares que cuentan con alguno verdaderamente tradicional.

En México a estos restaurantes se les pone el apellido ‘de antojitos mexicanos’. El maíz —frito, asado o cocido— es el ingrediente fundamental de sus platos. Suele combinarse con diferentes guisos y las salsas picantes siempre están presentes. Es una cocina muy variada, de aperitivos e informal. Es ideal para compartir con la familia o amigos… y es la especialidad de Águila o sol.

El restaurante abrió hace poco más de un año. Su nombre hace referencia a la voz española “cara o cruz” de una moneda. Sus platos no son fundamentalmente distintos a los que ofrecen otros locales de este rubro, pero la calidad de su elaboración los supera con creces.

Interior del restaurante Águila o Sol / Foto: E. Urquiola

Interior del restaurante Águila o Sol / Foto: E. Urquiola

El local cuenta con diez mesas para cuatro personas además de una barra donde se pueden consumir platos para picar. La iluminación del restaurante es tenue lo que crea un ambiente acogedor y llama la atención que dos de sus pilares estén pintados con motivos del muralismo mexicano. Buen detalle. Está ubicado en el céntrico Barrio de El Carmen, una de las principales “zonas de marcha” de Gijón por lo que su clientela es en su mayoría gente joven que sale por la noche a cenar y a tomar una copa.

De la cocina del Águila o sol se deben destacar en primer lugar las tortillas de maíz. Las sirven recién hechas, no han estado congeladas ni provienen de ningún paquete. El restaurante cuenta con una máquina manual para hacerlas de auténtica masa nixtamalizada por lo que son dúctiles, resistentes y nada arenosas.

Sirven las necesarias para los guisos elegidos, pueden pedirse más si se terminan y también las hay de trigo. No cobran las tortillas que se pidan extra… hacerlo sería prácticamente un insulto para cualquier mexicano. Bien lo sabe Carlos, uno de los dueños y también el cocinero. Él nació en la ciudad de Texcoco y recientemente se le ha unido en los fogones su hermano Francisco. Hasta hace pocos meses Paco —como prefiere que le llamen— trabajaba como el chef de un programa de cocina en México DF.

Otro de los elementos a destacar son las salsas. No son muy picantes para la clientela española, pero las tienen más fuertes si así se requiere. De ellas hay que subrayar que están a temperatura ambiente. No frías como en muchos restaurantes delatando así su estancia en la nevera de uno o varios días. Es bastante desagradable poner salsa casi congelada a un taco caliente.

Nachos Texcoco / Foto: E. Urquiola

Nachos Texcoco / Foto: E. Urquiola

Su carta se divide en dos, la mitad de platos son mexicanos y la otra mitad son de cocina tex-mex. De ésta última los Nachos Texcoco son una buena elección para compartir entre tres o cuatro personas. Los totopos (triángulos de maíz fritos) están hechos con sus propias tortillas. No son Doritos —lo que por desgracia sucede en otros restaurantes—. Los granos de maíz cocidos que lleva el plato le dan un punto dulce que combina estupendamente con la salsa de chile chipotle.

Ensalada de nopales / Foto: E. Urquiola

Ensalada de nopales / Foto: E. Urquiola

Como entrantes, además del típico Guacamole y de los Jalapeños rellenos de queso y pollo, su carta ofrece también una Ensalada de nopales (cactus cocidos y cortados en tiras conservados en salmuera). Están bien desbabados, tiernos y los sirven con tomate y auténtico queso fresco ranchero. Una excelente opción como plato bajo en calorías.

En cuanto a las especialidades, las Memelas de cochinita pibil están en su punto. La base de maíz está un poco esponjosa —como debe ser— y se puede partir con facilidad. Encima de ésta, la carne de cerdo desmenuzada está adobada con achiote (especia que da un color rojizo a la comida y un sabor ligeramente ácido).

Memelas de cochinita pibil / Foto: E. Urquiola

Memelas de cochinita pibil / Foto: E. Urquiola

Mención especial merece la Taquiza de pastor. El restaurante cuenta con un trompo para cocinar filetes de cerdo apilados, previamente marinados con chiles y también con achiote. Al girar el trompo a fuego lento, la carne se asa quedando un poquitín crujiente pero sin llegar a quemarse. La ración es presentada en una cazuela y la acompañan abundantes tortillas para hacer tacos. Su sabor es tradicional, auténtico, recuerda sin duda a una taquería mexicana tradicional.

En los postres, el Pastel de elote se convierte una grata sorpresa. Es interesante degustar una tarta que en lugar de harina de trigo se prepare con maíz tierno. Otro, el Mousse de mango, resulta igualmente atractivo sobre todo para los clientes que busquen un postre fresco después de una comida que no suele ser precisamente ligera.

Finalmente, las cervezas mexicanas del restaurante pertenecen al Grupo Modelo: Pacífico, Coronita, Negra Modelo y Modelo Especial. Son frescas, muy suaves, aptas para una cocina especiada y picante como es la mexicana. Los tequilas que se ofrecen son de elaboración 100% de agave azul por lo que están adscritos a la Denominación de Origen del Tequila. En cuanto a los cócteles, el principal es la margarita como es previsible, pero también cuentan con una amplia carta de preparados.

En conclusión: Águila o sol es uno de los mejores restaurantes mexicanos de Gijón. El cuidado que ponen en la realización de sus guisos es de agradecer. Se aleja diametralmente de otros locales mexicanos en cuyos platos se abusa del maíz frito. La amabilidad con la que se atiende a los clientes es otro punto a favor. Será cuestión de tiempo saber si sus cocineros siguen manteniendo el nivel… pero es lo más seguro. ¿Quién sabe? Quizás en un futuro Paco y Carlos incluyan en su carta no solo platos tradicionales y se atrevan con la cocina de autor. Pueden hacerlo.

Ficha

  • Restaurante: Águila o sol
  • Cocina: Mexicana, tradicional, informal
  • Dirección: Numa Guilhou, 20, Gijón, Asturias
  • Zona: Barrio El Carmen
  • Teléfono: 984 39 30 16
  • Página webwww.aguilasol.com (Hasta la fecha en construcción)
  • Horario: De miércoles a viernes de 11:00h a 16:00h y de 19:00h a 00:00h / Sábado de 12:00h a 16:00h y de 20:00h a 00:30h / Domingo de 12:00h a 16:00h
  • Reservas: Sí (vía teléfono 984 39 30 76 y llamando en horario de apertura)
  • Aparcamiento: No
  • Menú del día: Sí
  • Precio medio a la carta: 20-25 euros (incluyendo café y chupito de tequila)
  • Recomendación: los tacos a pie de barra (1 caña más 1 taco por 2,5 euros)