Bailar con las tinieblas

La calidad de la fotografía (que pueden ver haciendo clic aquí) es más que discutible, pero la composición es digna de una obra de teatro: iluminados por luz artificial, dos hombres aparecen en la imagen. Uno viste polo azul; el otro, camisa a cuadros.

Ambos sonríen, aunque el portador de la camisa troca sonrisa en gesto que podría parecer decisión, mientras ejecuta el saludo fascista con una habilidad manifiestamente mejorable, a medio camino entre el “arriba” y el “larga vida y prosperidad” de la raza vulcana. Ambos sostienen algo: la bandera franquista, formato grande y libre. Tras ellos, dos retratos de campaña de Mercedes Fernández y Mariano Rajoy con el mensaje “súmate al cambio”.

Los protagonistas de la imagen, Fernando Ruenes y Pablo Alonso eran, hasta que la foto salió a la luz, presidente y tesorero de las Nuevas Generaciones del Partido Popular de Llanes, siendo la fotografía realizada en su sede. Al parecer, la instantánea fue realizada cuando ambos accedieron a sus cargos.

Según explica Vozpópuli, Ruenes atribuye la ocurrencia a una broma. Sin embargo, el ‘bromista’ se pregunta por qué el escándalo no es mayor cuando se ve a catalanes utilizar la estelada o a vascos con las banderas que reclaman el acercamiento de presos. Tal argumento, además de suponer otro ejemplo más del daño que ha hecho la ausencia de un pacto educativo en nuestro país, hiela la sangre en las venas por lo que implica. Esos catalanes que posan con la estelada; esos vascos que abogan por el acercamiento de presos, no están bromeando. Luchan por causas que ellos creen justas. Así que no me queda claro si Ruenes se reafirma en la broma o posaba con el símbolo de algo en lo que creía.

Imagen cañón

Aunque el recuerdo torne en óxido, el dolor es paciente e inmortal.

Existe, además, otro grave problema en las palabras de Ruenes. Un problema que puede extenderse a otros ‘polluelos’ de Nuevas Generaciones. Dejando a un lado la evidente propensión a dolencias en hombro y antebrazo derechos, me preocupa la total falta de respeto a las víctimas de esa etapa de “extraordinaria placidez” que tanta nostalgia les suscita. Puede, cierto es, que todo fuera una broma. Pero cuando la broma es sostenida varias veces, sin descanso e impasible el ademán, diría que es buen momento para inventar nuevos sketches y abandonar un poco el brazo en alto.

Sorprende que quienes le montarían un cristo a Javier Krahe por cocinar un ídem manejen un símbolo de represión y uno de los saludos más tenebrosos de la historia con tan poca sensibilidad. Más perteneciendo a una formación política fundada no ya por adeptos, sino por ministros de la cosa en aquellos oscuros tiempos en los que obreros y estudiantes volaban durante las manifestaciones.

Así pues, querido doncel conservador, recuerda siempre, a la hora de hacer tus bromitas o bailar con las tinieblas, que cada brazo en alto y avícola bandera trae consigo otra clase de recuerdo: los juicios sumarísimos, sin garantías legales; las llamadas a la puerta en mitad de la noche; el sabor del ricino, el tacto de una cabeza rapada y el dolor de una violación; la oscuridad de un pozo y los gritos de quienes allí fueron arrojados; los fusilados y muertos por garrote vil. Todo eso simboliza tu pequeña travesura. Es algo que no deberás olvidar, o deberías aprender si todavía no te lo han enseñado. Te ayudará para pedir disculpas en el momento oportuno. Pista: no es cuando te pillan.

Imagen: Flickr | Juan Carlos Uriarte